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1001 batallas que cambiaron la historia – Batalla naval de Chilcheollyang (1597 d.c.)

En 1.597 los planes japoneses eran reanudar la guerra y resarcirse del fracaso en la mesa de negociaciones. El objetivo ya no era China sino castigar a Corea. Entre los daimyos se hablaba de la conquista de las tres provincias mas al sur: Gyeongsang, Jeolla y Chungcheong; estas conformarían una coherente y enorme provincia japonesa, con feudos de sobra para premiar a los principales señores implicados. Sin embargo el propio Hideyoshi parece haberse conformado simplemente con una expedición de castigo que durara un par de meses y regresara triunfante tras hacer hecho una clara demostración de fuerza.

Las fuerzas de ocupación japonesas se habían visto reducidas a unos 43.000 soldados en 1.593, tras el regreso del grueso a Japón de buena parte del ejército invasor; y en 1.596 sólo permanecían la mitad. Los planes nipones consistían en elevar su presencia en Corea hasta los 141.500 hombres. Buena parte del ejército estaba formado por tropas y comandantes que ya habían participado en la campaña de 1592-93, veteranos curtidos pero no excesivamente entusiastas acerca de su misión. El mando nominal recayó en un joven (20 años) sobrino de Hideyoshi: Kobayakawa Hideaki, hijo adoptivo de Kobayakawa Takakage; actuando Kuroda Yoshitaka, padre de Kuroda Nagamasa, como una especie de jefe de estado mayor. A diferencia de la vez anterior este nuevo ejército de invasión fue trasladado a Corea de forma pausada y lo más segura posible entre los meses de marzo y agosto.

En esta nueva invasión los japoneses se preocuparon más de los aspectos navales. Konishi Yukinaga fue nombrado almirante supremo de la armada, y sus subordinados estaban esta vez mejor aleccionados a no actuar por su cuenta. No sólo eran mas cautos a la hora de mover sus flotas manteniéndose en lo posible alejados de la armada coreana, a la que mantenían bajo vigilancia, sino que también trataron de reforzar su propia armada. Se incrementó el número de naves de guerra y se trató de equiparlas con más cañones, aunque con un efecto limitado ya que no se habían desarrollado nuevos modelos de naves capaces tanto de portar un número significativo de cañones así como de usarlos con eficacia. En cualquier caso, las esperanzas de Yukinaga descansaban más en el uso de la astucia que de la fuerza; por ello puso en acción un doble-agente que proporcionaría a los coreanos la información oportuna.

Konishi Yukinaga almirante de la flota japonesa en 1597

Tras sus victorias Yi Sun-sin había ascendido en 1.593 a comandante de las escuadras de las tres provincias del sur e incluso había conseguido librarse del molesto Won Gyun en 1.594 tras amenazar con dimitir. Sin embargo para 1.596 la estrella de Sun-sin estaba en descenso. Yi Sun-sin había vivido los últimos años con la frustración de ser incapaz de golpear a las guarniciones de ocupación japonesas, que se mantenían bien protegidas y encerradas. La corte del rey Seonjo en Seúl también estaba molesta con la situación en general y dado que los chinos se negaban a apoyar e incluso trababan cualquier gran operación terrestre, empezaron a buscar alguien en quien descargar su ira. La facción occidental de la corte pasó a sugerir abiertamente que Sun-sin no se esforzaba en atacar a los japoneses y que las pasadas victorias no eran sólo merito suyo sino también del valiente Won Gyun.

El escenario estaba pues preparado para ejecutar un golpe contra Sun-sin. Un doble-agente: Yojiro (o Yoshira), se presentó ante los mandos coreanos para informarles de que Kato Kiyomasa regresaba de Japón a la cabeza de tropas y que Yukinaga le había filtrado el lugar por donde pasaría su flota para que los coreanos le pudieran liberarse de su enemigo personal. La historia no dejaba de ser creíble ya que era de general conocimiento que el enfrentamiento entre Yukinaga y Kiyomasa se había recrudecido aun mas en los años anteriores al tener opiniones enfrentadas en cuanto a la paz. Yukinaga incluso había conseguido que Kiyomasa cayera durante un breve tiempo en desgracia acusándole de tratar de hacer fracasar las tentativas de paz.

A Yi Sun-sin se le ordenó zarpar y emboscar a Kato Kiyomasa en la zona señalada por el doble-agente. Sun-sin se olió una trampa japonesa ya que la zona designada era un tramo de la costa con muchas rocas sumergidas y que en general era poco propicia para maniobrar. Sun-sin puso grandes reparos a cumplir las ordenes y tuvo que venir en persona Gwon Yul (ahora almirante en jefe del ejército coreano) a ordenarle zarpar. Sun-sin partió de su base el 8 de marzo; pero rápidamente apareció Yojiro a comunicar que Kiyomasa había llegado una semana antes a salvo.

Cuando las noticias llegaron a Seúl hubo una gran discusión en la Corte. Sun-sin no sólo había supuestamente dejado pasar la oportunidad de dar un golpe terrible a los japoneses sino que abiertamente había desobedecido las órdenes gubernamentales. En un primer momento se sugirió que de momento su castigo se aplazara y se volviera a algo parecido a la situación de 1.592: retirándole a Sun-sin el mando supremo de las escuadras pero manteniéndole al frente de la escuadra de Jeolla mientras que Won Gyun recuperaba el mando de la de Gyeongsang. Sin embargo entró en acción la oficina de Inspección General perteneciente a la todopoderosa Agencia del Censorado, que demandó a la corte un castigo ejemplar a una conducta que sentenciaron como totalmente indefendible en el marco del confucionismo. Sun-sin no sólo fue removido del puesto y puesto bajo arresto el 12 de abril. Pasaría en prisión un mes (donde se dice que es posible que fuera torturado) resultando finalmente condenado; inicialmente su castigo habría sido la pena de muerte pero fue conmutado a instancias de un ministro que recordó a la Corte los servicios prestados por el almirante. Tras ser liberado se le obligó a entrar en el ejército como soldado raso.
En este nuevo momento crítico la armada coreana quedó por tanto en las manos de Won Gyun. Bajo su mando la desmoralización se extendía sobre una escuadra que se mantenía anclada mientras los japoneses seguían metódicamente trasladando sus fuerzas de Japón a Corea sin que los coreanos fueran del todo conscientes de la magnitud de sus movimientos. Varios oficiales llegaron incluso a dimitir de sus puestos.

En julio apareció de nuevo el espía Yojiro con información sobre los supuestos movimientos japoneses, anunciando que 150.000 japoneses estaban a punto de partir de Japón y que si la armada coreana no lo impedía en septiembre se lanzaría una gran ofensiva. El alto mando coreano dio de nuevo credibilidad a Yojiro y ordenó a Won Gyun zarpar para interceptar a los japoneses en el propio Busan. Won Gyun se negó a ello; tal vez por cobardía o tal vez porque al igual que Sun-sin era capaz de intuir que estaría llevando a su escuadra a una trampa al meterla en una zona que los japoneses habían fortificado intensamente. Una vez más Gwon Yul tuvo que acudir a ordenar personalmente la salida al mar de la armada.

Ante la intensa presión recibida, Won Gyun dejó la isla de Hasan (Hansando) el 17 de agosto 1.597, en dirección a Busan con cerca de 200 naves y rápidamente se encontró con una gran flota enemiga cerca de Busanacabó. Los japoneses tenían observadores en las colinas próximas a la isla y la noticia fue rápidamente transmitida. El 20 de agosto, Won Gyun avanzó cautelosamente por la costa hasta acercarse a la isla deshabitada de Cholyongdo, cerca de Busan. Desde ahí pudieron contemplar lo que describieron como 500 a 1.000 naves enemigas. Se acercaba la noche, se aproximaba una tormenta y los remeros coreanos necesitaban descanso; aun así, Won Gyun ordenó atacar a la flota de guerra japonesa que se mostraba en formación de combate. Los japoneses respondieron al ataque coreano con gran habilidad: primero replegándose hacia Busan para después volver a avanzar cuando los coreanos cesaban en su avance por temor a internarse demasiado. Los japoneses repitieron este movimiento varias veces, aprovechando que sus remeros estaban más frescos. Al final varias naves coreanas acabaron con sus remeros totalmente exhaustos y a merced de un renovado avance japonés, pudiendo estos tomar con facilidad al asalto a 30 naves coreanas. El resto de la armada coreana pudo retirarse pero necesitaba con urgencia hacer una parada en busca de agua y un poco de descanso; para ello se eligió la isla de Gadeok (Kadok), a pesar de que contaba con una guarnición japonesa; Chikushi Hirokado, el comandante japonés de la fortaleza y de la isla, se lanzó con sus fuerzas sobre aquellos coreanos que desembarcaron y les causaron unas 400 bajas. Won Gyun rápidamente de nuevo y dejó la isla de Gadeok.

Tras su derrota la armada coreana se encerró en el estrecho de Chilcheollyang, junto a la isla de Geoje. Allí permaneció pasiva una semana con Won Gyun sin saber que hacer, si retirarse de vuelta a su base en Hansan o marchar de nuevo contra los japoneses. Gyun cayó en tal estado de estupor que ni se molestó en tratar de averiguar que estaban haciendo; mientras tanto los japoneses estaban lejos de estar inactivos. Yukinaga se reunió con sus comandantes navales: Todo Takatora, Kato Yoshiaki, Wakizaka Yasuharu y Shimazu Toyohisa; la pobre actuación coreana les dio ánimos para pasar al ataque, aunque no de forma tan impulsiva como en épocas pasadas. Las escuadras japonesas se aprestaron para realizar un ataque nocturno en la noche de luna llena del 27 al 28 de agosto. Como medida adicional se había organizado el transbordo de unos 2.000 efectivos, bajo el mando de Shimazu Yoshihiro, desde la isla de Gadeok a la propia isla de Geoje.

La armada japonesa con varios cientos de naves, consiguió aproximarse al norte del estrecho sin ser detectada y ganando el factor sorpresa se abalanzó a la mayor velocidad posible contra la coreana. Sorprendida por la noche en un espacio relativamente reducido, desmoralizada y mal liderada, la armada coreana no pudo hacer uso de sus tradicionales tácticas de cañoneo a distancia. Los coreanos vieron como sus naves eran sujetas por los garfios japoneses y asaltadas tras ser barridas sus cubiertas por los arcabuceros nipones. Una a una fueron cayendo, mientras que aquellos marineros que presa del pánico trataban de escapar hacia la isla de Geoje eran cazados por las tropas de tierra de los Shimazu. Entre las escuadras atacantes resultó especialmente destacada la de Todo Takatora del que se dice que destruyó 60 naves enemigas.

Batalla naval de Chilcheollyang 27 de agosto de 1597. La armada japonesa derrota a la armada coreana

Los restos de la armada coreana se replegaron hacia el continente en busca de un camino de huida tierra adentro, siendo perseguidos de cerca por los japoneses que prendieron fuego a las naves varadas. Una de las naves que varó en la costa fue el buque insignia de Won Gyun, pero el almirante no pudo huir muy lejos, debido a su edad se quedó rezagado de sus acompañantes y se le vio por última vez corriendo con seis guerreros japoneses en los talones. Además de Won Gyun perecieron los comandantes de escuadra Yi Eok-gi y Choe Ho. Sólo sobrevivió un tercer comandante de escuadra: Bae Seol, y debido a que se retiró con su pequeña escuadra de 12 panokseon al comienzo de la batalla negándose a combatir y ganándose fama de cobarde.

El resto de la armada coreana fue destruida. Los japoneses estaban con razón exultantes ya que ahora no había impedimento para que se iniciasen las operaciones terrestres, en especial contra la provincia de Jeolla, cuya costa ahora sí por fin quedaba desprotegida.

En la corte de Seúl la noticia cayó como un jarro de agua fría, pero no parece que hubiera un gran ejercicio de asunción de responsabilidades. Se alabó que Won Gyun hubiera muerto combatiendo, lamentando que hubiera emprendido una acción demasiado impetuosa al marchar hacia Busan. Se reconoció que tal vez se le había forzado a cometer dicha acción, pero en todo caso eso sería culpa de Gwon Yul, que para eso era comandante del ejército. Aunque en la práctica ya no había armada que mandar era necesario nombrar un nuevo almirante en jefe y como si nada hubiera pasado se decidió ordenar a Yi Sun-sin volver a asumir el puesto.

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