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1001 batallas que cambiaron la historia – Jornada de Túnez (1535 d.c.)

Se conoce como la Jornada de Túnez, llamada Jornada de Carlos V a Túnez por Gonzalo de Illescas,3​ a la expedición efectuada por el rey Carlos I de España en junio de 1535 que recuperó la influencia de la Monarquía Hispánica sobre Túnez, que había sido tomada por el corsariootomanoBarbarroja en agosto de 1534.

Antecedentes

A finales de 1534 el Mediterráneo Occidental estaba amenazado por la flota del almirante otomano Barbarroja. El precio de los seguros marítimos se disparó, las ciudades costeras actualizaron sus defensas y pueblos enteros fueron abandonados. Se construyeron nuevas cadenas para bloquear la entrada a los puertos y más torres de vigilancia. El sur de Italia, bajo la corona española, ya había sufrido un ataque otomano y hasta Venecia empezó a sentirse amenazada y comenzó a fabricar nuevos barcos. Sin embargo, Venecia no se uniría al ataque debido a que temía romper una paz que tenía con el sultán otomano Solimán el Magnífico firmada treinta años antes con el sultán Beyazid II.

Barbarroja se apoderó de Túnez en 1534, deponiendo a Bey háfsida Muley Hassan, vasallo de España. El rey Carlos I de España convocó cortes en Madrid, para solicitar subsidios para recuperar Túnez, y, al mismo tiempo, pidió ayuda a otros príncipes. Se reunieron para la operación las escuadras del Cantábrico y de los Países Bajos de los Habsburgo. Durante un año, escuadras españolas y portuguesas se fueron concentrando en Barcelona y la campaña fue contando con el apoyo de numerosos nobles españoles, como Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel —III duque de Alba de Tormes—, el duque de NájeraAntonio Alonso Pimentel y Herrera de Velasco —III duque de Benavente—, el marqués de Aguilar de Campoo, el conde de Niebla, Luis de Ávila, Fadrique de Toledo, comendador mayor de Alcántara y Fadrique de Acuña.

La escuadra

Mapa del Mediterráneo Occidental. La flota aliada se reúne en Barcelona

Durante el invierno de 1534-1535 Carlos I comenzó a preparar la expedición marítima a Túnez. Requisó hombres y barcos de todo el Imperio español: de Amberes zarparon transportes con protestantes con grilletes destinados a remar en las galeras, de Alemania, España e Italia marcharon tropas hasta los puntos de recogida costeros. Andrea Doria reunió su flota de galeras en Barcelona, Álvaro de Bazán el Viejo —Almirante de Castilla— zarpó desde Málaga. Asimismo los Caballeros de San Juan zarparon desde Malta con su gran carraca, la “Santa Ana”, los portugueses enviaron 23 carabelas y una carraca y el papa financió el reclutamiento de un destacamento. Los galeones españoles de América aportaron a Carlos para “la causa sagrada de la guerra contra el Turco, Lutero y otros enemigos de la fe” una cantidad en oro cuyo valor ascendió a 1 200 000 ducados.4

En Génova y Barcelona los barcos se cargaron de galletas, agua, pólvora, caballos, cañones y arcabuces. Carlos I se había hecho construir un cuatrirreme, que era una galera de gran tamaño propulsada por cuatro hombres en cada remo, con una carroza ricamente decorada, un dosel hecho de terciopelo rojo y dorado y banderas heráldicas ondeando en los mástiles. En Génova, organizado por Alfonso de Ávalos —II marqués de Vasto—, por orden de Carlos I, embarcaron tropas españolas, italianas y también 8000 alemanes traídos por Maximiliano Eberstein.

Por parte de las fuerzas españolas participaron:

  • La armada del Mediterráneo, con quince galeras, al mando de Álvaro de Bazán el Viejo.
  • Seis galeras napolitanas al mando de García Álvarez de Toledo y Osorio.
  • Cuarenta y dos naos de la escuadra del Cantábrico.
  • Sesenta urcas de la escuadra de Flandes.
  • Ciento cincuenta velas de la escuadra de Málaga, con 10 000 soldados. Entre ellas 80 naos gruesas y una nao capitana, de seis gavias, y que servía de hospital.

Por parte de los aliados de España:

La operación

Bombardeo recíproco entre un barco español y uno otomano durante la Jornada de Túnez.

Buena parte del contingente, donde se encontraba el Carlos I, zarpó de Barcelona el 30 de mayo de 1535, arribando a Mahón, en Menorca, el 3 de junio.

Por otro lado, otra flota partió de Génova, y recorrió la costa de Italia hacia el sur recogiendo los navíos del papa en Civitavecchia y también las de Nápoles, donde el Virrey Pedro Álvarez de Toledomarqués de Villafranca, y los príncipes de Salerno y Bisignano, Espineto, Garrufa y Hernando de Alarcón tenían preparadas sendas galeras armadas a su costa, y otras siete, a costa de todo el reino. Días después la flota se reunió en Palermo, en la costa de Sicilia, y se encontraron con la flota que venía de Barcelona en Cagliari, en el sur de Cerdeña, donde Carlos I pasó revista, contando 74 galeras y fustas, 300 naves de vela, 25.000 infantes y 2.000 jinetes. El 14 de junio la expedición partió de Cerdeña.

El 14 de junio recaló entre Bizerta y las ruinas de Cartago, habiendo apresado antes dos naves francesas que habían avisado a Barbarroja del ataque.

El ejército desembarcó y puso sitio a la fortaleza de La Goleta, que es la llave a Túnez, pues guarda el puerto de esta ciudad, que cayó a los 28 días de combates, el 14 de julio de 1535. En la fortaleza se encontraban casi 300 cañones procedentes muchos de Francia y en el puerto unas cuarenta galeras y otras naves de diverso calado. En esta acción se destacaron los capitanes Hernando de Vargas y Alonso Carrillo.

Una vez tomada La Goleta, el ejército se dirigió a Túnez, en vanguardia los tercios, recién creados en la ordenanza de 1534 y formados por veteranos de las guerras de Italia y Pavía, y en retaguardia diez mil infantes al mando del duque de Alba. La marcha fue dura debido al calor y por los continuos ataques de las tropas de Barbarroja, que fueron siempre desbaratadas. El 21 de julio de 1535, cayó Túnez, habiéndose sublevado antes de su caída los cautivos de la Alcazaba, unos 5000 cristianos que cooperaron con las tropas imperiales. Carlos I entró en la ciudad a la cabeza de los tercios, mientras Barbarroja debió huir.

Carlos I deseó continuar la operación y dirigirse a Argel, pero dado lo avanzado de la estación y el peligro de malos tiempos, no encontró unanimidad entre sus aliados, y el 17 de agosto las diferentes armadas se dispersaron. Carlos I hizo su entrada triunfal en Nápoles.

En La Goleta quedaron cuatro compañías de infantería y en la ciudad cercana de Bona otras cuatro compañías de infantería al mando de Bernardino de Mendoza. El Bey Muley Hasan fue puesto de nuevo en el trono de Túnez.

Según las crónicas, el propio emperador Carlos I luchó en primera línea, “avanzando con la lanza en la mano, corriendo el mismo riesgo que un pobre soldado raso”. Paolo Givio le escribióVuestra gloriosa e incomparable victoria en Túnez me parece, por mi fe como cristiano, de una dignidad que sobrepasa con mucho todas las demás de imborrable recuerdo.

El hecho fue celebrado en Venecia con carnavales, en Malta con fuegos artificiales y en Palma de Mallorca con una recreación de la derrota de Barbarroja.

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