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LA JUNGLA DE ASFALTO (The asphalt jungle), John Huston, 1950 por Raul Sanchidrian

Basada en la novela homónima de William P. Burnett, que colaboró en la redacción del guion con el director, “LA JUNGLA DE ASFALTO” es una portentosa película del género negro, quizás, la mejor cinta sobre una banda de ladrones jamás rodada.

A pesar de que la novela era narrada en primera persona por el inspector de policía que investigaba el caso, en la película se prefirió un dibujo coral de los personajes, siguiendo a cada uno de ellos según el momento de la narración. Inevitablemente, el espectador va a tomar simpatía por alguno, pues son mostrados no como delincuentes, sino como seres normales. Ciavelli es un hombre de familia, Gus un tabernero que adora a los gatos y Handley sólo desea comprar la granja de sus padres.

El argumento muestra los preparativos de un robo en la joyería Belletier´s, que un afamado cerebro criminal, “Doc” Riedenscheiner, ha estado preparando durante los últimos siete años, que ha pasado en la cárcel. Para ello necesita financiación, procurada por un ambicioso y felón abogado, Alonzo D. Emmerich, un coordinador, el desagradable, ruin y cobarde corredor de apuestas Cobby, un duro pistolero, Dix Handley, el especialista cerrajero, Louis Cavelli y un conductor, el contrahecho Gus Minisi.

Otros personajes adicionales, pero de gran importancia en la trama también son Doll Conovan, una prostituta enamorada de Dix, Ángela, aspirante a actriz y amante de Emmerich, el corrupto teniente de policía Ditrich y Brad Dexter, detective privado y matón al servicio del abogado.

La película fue tachada de inmoral, pues distingue entre los criminales modestos, que hacen gala del “honor entre ladrones”, y el policía corrupto y el abogado traidor que pertenecen a una clase más alta, sin principios. Hasta los personajes femeninos se diferencian: Mientras Doll permanece junto a Dix hasta el final, Ángela se insinúa inmediatamente al policía para salvarse. Por cierto, que la oficina de censura estableció que este personaje (una espectacular Marilyn Monroe) debía ser sólo la “protegida” del abogado, pero Huston coló la escena del beso para dejar claro que eran amantes.

Durante toda la película vamos a asistir a las debilidades, los vicios, los anhelos y el autoengaño de cada uno de los personajes. Sirva como muestra la escena en que Doll aparece, por la mañana, como un ama de casa, preparando el desayuno, como si esa historia fuese a tener continuación, aunque la sabemos consciente de que no será así.

Otro aspecto a resaltar es, desde el título, la presencia de la Ciudad como un escenario maligno y corrompido, en directa oposición al idílico rancho soñado por Dix. Los ambientes cerrados, nocturnos, claustrofóbicos, como el bar de Gus, el garito de Cobby o el pequeño apartamento de Louis, con su hijo enfermo, representan la hipocresía, la perversión, el egoísmo, la vulgaridad, el mal en todas sus formas.

Perfecto ejemplo de “noir”, es una crítica al ser humano y a la sociedad misma. Nos muestra la desesperación de unos seres al borde del abismo, siempre al límite, sin futuro y abocados a la fatalidad por el conjunto de sus crímenes, los propios y los ajenos.

Nos despedimos con una de las humorísticas sentencias de “Doc” Riedenscheiner:
“No hay que confiar en los policías, cuando menos se piensa, se ponen del lado de la Ley”.

Ya sabéis, a verla, cacaricuétanos. Espero vuestros comentarios.

Raúl Sanchidrián

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