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JUNO (Mitología Romana equivalente a HERA mitología griega) por María José Fernandez

Juno era la hermana y esposa de JUPITER, hija de Saturno, era la reina de los dioses, la señora del cielo y la tierra y la protectora de los reinos y los imperios.

Su presencia no faltaba jamás en los nacimientos y los desposorios dando especial atención a las esposas virtuosas. Cuando presidía  el nacimiento de los niños ella tomaba el nombre de Lucina o Ilícea o Juno-Lucina.

Sin embargo su carácter era imperativo, malhumorado, vengativo y terca cuando quería algo.

Espiaba siempre a Júpiter, hasta en sus actos más insignificantes, y los  gritos que los celos le hacían proferir estremecían el Monte Avertino de Roma. Claro que Júpiter era un esposo rudo, y voluble y frecuentemente usaba métodos violentos para acallar los gemidos de su esposa, incluso llegando a atarle a cada pie un pesado yunque, maniatarla con una cadena de oro y colgarla de esta manera de la bóveda celeste.

Los dioses no pudieron librarla de estas ataduras y fue preciso recurrir a Vulcano que las había forjado en su fragua.  Estos tratos solo aumentaron los resentimientos de Juno que no cesó un momento de perseguir a las favoritas y amantes de Júpiter.

En la infortunada Ío fue en quien principalmente se cebaron sus enojos.

Ío era una ninfa, hija de Inaco, que era un río de la Argólida y un día fue perseguida por Júpiter, que, para impedir que se le escapase hizo bajar sobre los campos una intensa neblina en la que Ío quedó envuelta por completo.

Juno que estaba vigilando a Júpiter se extrañó ante este fenómeno y desciende a la tierra, disuelve la niebla y descubre a la ninfa que acababa de ser transformada en vaca.

Pero como la ninfa, aún bajo las formas de una vaca aún conservaba sus gracias y encantos, Juno, fingiendo que la complacía muchísimo pidió a Jupiter que le fuera regalada y concedida y el dios no supo negarse a ello.

Dueña ya Juno de su rival confió su custodia a un guardia que tenía cien ojos, de los cuales cincuenta estaban en vela mientras los otros se entregaban al sueño. Se llamaba Argos, y así no la perdía un instante de vista durante el día, y por la noche la tenía fuertemente atada a una columna. Jupiter disponía solamente de un medio para liberar a Ío de aquel incómodo satélite, y a este efecto llamó a Mercurio y le ordenó que le diera muerte.

Mercurio se presenta a Argos cuando la noche descendía sobre la tierra, le cuenta interesantísimas historias, enlaza una narración con otra, y así logra sumirlo en un profundo sueño pudiendo entonces cortarle la cabeza.

Cuando Juno se vió privada de Argos descargó su cólera sobre la hermosa vaca que era del todo ajena al crimen: la diosa suscitó contra el animal un tábano que la picaba continuamente y le producía transportes convulsivos. Hostigada y ensangretada la desgraciada recorrió en su desesperada fuga Grecia, el Asia Menor y atravesó a nado el mar Mediterráneo llegando hasta Egipto y las márgenes del Nilo. Agotada por el cansancio y el sufrimiento se dirigió a Jupiter suplicándole con vivas ansias que la restituyera a su forma primitiva, dando entonces a luz a un hijo llamado Epafo. Juno, que siempre echaba de menos a su fiel espía al que Mercurio diera muerte tomó sus cien ojos y los diseminó por doquier, perpetuando de esta manera su recuerdo.

El culto a Juno era universal y sus fiestas se desplegaban en medio de la mayor solemnidad En Argos, Samos y Cartago era donde la diosa recibía especial culto y veneración.

Algunos escultores la han representado sentada en un trono, ostentando sobre su frente una diadema y en su mano un cetro de oro

A sus pies aparecen uno o dos pavos. Algunas veces también se ven dos pavos arrastrando su carro y tras ella Iris, de la que ya hemos hablado hace tiempo, desplegando los variados colores del arcoíris.

Recordamos de Iris que era la mensajera de los dioses, hija de Juno, y transmitía los mandatos a los diversos lugares de la tierra, mares, y hasta los infiernos, ejerciendo los oficios más penosos, como asistir a las mujeres agonizantes y ahí cortaba el hilo que mantenía unidas sus almas al cuerpo cumpliendo de esta manera y en nombre de Juno tan piadosa misión.

Bibliografía: J Humbert (Mitología griega y romana)

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María José Fernandez

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