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LAS CALLES DE MADRID. FEDERICO CHUECA (1846-1908)

federico chueca
Federico Chueca

FEDERICO CHUECA (1846-1908)

Una de las plazas de Madrid que hoy nos ocupa es la de Chueca. Entre las calles de Augusto Figueroa y Gravina. Se llamó primero plaza de San Gregorio, por una estatua de San Gregorio Magno que estaba en la puerta principal de la quinta de los marqueses de Minaya, situada en la calle de San Gregorio. Desde 1943 está dedicada al madrileño compositor de zarzuelas Federico Chueca, entre cuyas obras destacan La Gran Vía y  Agua, azucarillos y aguardiente.

Busto de Federico Chueca en el parque de El Retiro de Madrid

Solo el sonido del nombre de célebre compositor madrileño tiene el recuerdo de pasodoble castizo. Vienen a la memoria cien melodías por él creadas y que como todas las suyas, fueron en sus días y siguen siendo hoy totalmente poulares. El que había de hacer posible tan madrileña música nació el 5 de mayo de 1846, en uno de los más antiguos edificios de la Villa y en el mismo corazón de ella, en la Torre de los Lujanes, que levanta todavía su tantas veces adulterada siueta en la plaza de la Villa, frente a la Casa Consistorial.

La vida había demostrado después que sus primeros pasos (bachillerato, comienzo de los estudios de medicina) eran equivocados. No era ese el camino para el que aquel madrileño había nacido. Pero rectifica pronto y el Conservatorio empieza a conocer su silueta. Ahora sí que había encontrado su auténtico camino: la Música. Él mismo se da cuenta y ni siquiera en las vacaciones abandona el hacer musical, formando, además, una orquesta con la que continuar lo que había ya, desde entonces, de llenar toda su vida.

Su primer estreno llega pronto: una tanda de valses (estamos en la era del vals) que estrena con éxito la orquesta de los Campos Elíseos. Después empezará a colaborar con los grandes Barbieri, Bretón; pero el que le acompañará en la mayor parte de su obra encargándose de la orquestación de su abundante producción sería Joaquín Valverde.

Díficil por su extensión, además de inútil por su ancho conocimiento, resulta traer aquí relación de sus obras, pero también es indispensable citar algunas de las tantas que saltaron siempre, de los escenarios, para ser coreadas en todos los lugares, para llenar la vida de las casas, para ser repetidas nota a nota, palabra a palabra de sus cantables, con mejor o peor fortuna por todos y por cuaquiera. Gran parte de los de sus melodíaseran obra suya y de ahí que queden tan firmemente unidos a la parte musical.

“Hoy, que salen hoy”, “Bonito país”, “Escenas madrileñas”, “La plaza de Antón Martín”, “La canción de la Lola”, “La Gran Via”, “El chaleco blanco”, “Agua, azucarillos y aguardiente” son algunos de los títulos a los que su música hizo célebres.

Una vida larga, con abundante producción, que vino a terminar el 21 de junio de 1908, en el número 104 de la calle Atocha, donde una lápida señala el lugar de su última morada en este Madrid que le vió nacer y que le dio temas y costumbres para la gracia alborotada de su música.

Bibliografía: Cien Madrileños ilustres

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