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El mundo espiritual: Una cita memorable por Juan Miguel Fernandez

“Una cita memorable”

El mundo espiritual: Una cita memorable por Juan Miguel Fernandez

Recuerdo,  hace ya tiempo, una noche especial. Un grupo de amigos nos reuníamos en la casa de una sensitiva, que de manera habitual acogía a una serie de personas interesadas en los fenómenos mediúmnicos, es decir en contactar con el mundo invisible, con los llamados muertos, aunque en realidad ellos están más vivos que nosotros.

En aquella época, socialmente, se buscaba la distracción intentando el contacto. Contacto que únicamente se realiza cuando los Espíritus están en condiciones de comunicarse y se les permite, ya que ellos no están a nuestra disposición para cuando lo deseemos.

No hace falta ser espiritista, que por supuesto aporta el conocimiento y el saber, sino que cualquier persona que profese otro tipo de religión, o sea totalmente atea o agnóstica puede acudir para experimentar.

El ambiente preparado para este fin, transmitía sobre todo mucha paz. La sala se encontraba en penumbra, pero nos distinguíamos claramente unos de otros. Nos sentamos unas ocho o diez personas alrededor de una mesa redonda, donde la sensitiva la presidía. No hacía falta cogerse de las manos, como hemos visto otras veces, pero si unir nuestros pensamientos, intentando apartar mentalmente nuestras inquietudes, para elevarnos espiritualmente a planos más sutiles, donde los amigos espirituales esperaban el momento de la incorporación de la médium. El silencio nos envolvía sutilmente, al tiempo que percibíamos una suave  música que colaboraba armoniosamente. Nuestros rostros serios estaban atentos al entorno. Una de las personas habituales de la reunión, entornando los ojos,  realizó una pequeña oración de introducción con mucho sentimiento, al tiempo que solicitaba la presencia en el grupo de una entidad espiritual:

          “Amigos queridos, en el nombre del Maestro Jesús, un día más, os rogamos que un Buen Espíritu nos visite para dirigir esta reunión que deseamos realizar con el fin de ayudar a nuestros hermanos desencarnados que precisen auxilio para su esclarecimiento espiritual”.

Transcurridos unos minutos, la médium se agitó ligeramente percibiendo la llegada y el envolvimiento de un ser, que pasados unos instantes saludó a los presentes.

          “Amados míos, el desconocimiento del “Mundo Mayor”, es la consecuencia de la ofuscación de aquellos hermanos nuestros que aún permanecen sin comprender que el alma es inmortal y que vivimos innumerables experiencias con el fin de progresar espiritualmente. Es por ello que la caridad espiritual que les dispensen sea tan necesaria para despertar en ellos sus consciencias y puedan partir hacia la “Patria Espiritual” deseosos de desprenderse de su imantación de las cosas materiales”.

La persona que había iniciado la reunión, se ocupó de preguntarle al Espíritu, que a través de sus orientaciones manifestaba su amplio conocimiento al basarse fundamentalmente en el comportamiento moral del ser humano en la vida física, que marca y proyecta el futuro espiritual de cada uno de nosotros.

          “Hermano, que nos depara la vida una vez que dejamos nuestro cuerpo físico aquí en la Tierra”.

          “Hoy somos el resultado del ayer. La Ley Divina de causa-efecto se aplica para todos por igual. Por eso mismo son tan importantes nuestros comportamientos, puesto que recibiremos aquello que hayamos sembrado”.

Tras su mensaje el Espíritu se retiró despidiéndose y deseándonos mucha paz, al tiempo que fue dando paso a una serie de Espíritus a través de la sensitiva que se fueron manifestando, desconociendo algunos su actual estado y siendo esclarecidos a través del diálogo por la misma persona que dirigía la sesión, haciéndoles comprender, que a pesar de verse y sentirse al igual que en su vida física, se encontraban desprovistos de su cuerpo carnal.

          ¿Qué hago aquí? ¿Quién me ha traído a este lugar? ¿Por qué estoy tan cansado? ¿Dónde se encuentra mi familia que me acompañaba?

          “Querido hermano, has sufrido un cambio en tu vida. Tu enfermedad fue el fin de tu existencia en la Tierra, y ahora te encuentras espiritualmente en la Patria Espiritual, de donde viniste hace mucho tiempo. A tu lado encontrarás a aquellos seres afines que desean ayudarte y conducirte a otros lugares que serán para ti tu nuevo proyecto de vida”.

          Tras varias comunicaciones a través de la médium que era el vehículo, el instrumento de canalización que el Mundo Mayor utilizaba en ese instante, la reunión se dio por concluida. El dirigente que había marcado el comienzo, dio por finalizado el trabajo con una pequeña oración de despedida y agradecimiento:

“Hermanos queridos: Solicitamos ayuda espiritual para todos aquellos seres que se han manifestado en esta  noche. Acompañarlos a sus lugares de destino para que sean conscientes de su nueva realidad. Que comprendan que han emprendido una nueva etapa de aprendizaje y que serán asistidos por los Hermanos Mayores, que siempre, siempre, nos orientan para nuestro bien. Aquellos que hemos estado aquí presentes en este intercambio espiritual, os rogamos en el nombre de Dios, después de agradeceros la oportunidad que hemos tenido de colaborar con la espiritualidad, que seamos acompañados a nuestros hogares encontrando la paz y la armonía”.

Después de prender las luces del salón, donde habíamos permanecido cerca de una hora en penumbras, saludamos a la médium agradeciéndole su invitación, pero sobre todo por la participación que había despertado en nosotros el interés por conocer todo aquello que hasta entonces había estado oculto y vedado, sobre todo para mí.

La dama, seria y respetuosa, fraternalmente se reunía periódicamente con una serie de amistades afines para aprender a través de los Espíritus Superiores que se manifestaban para dar sus orientaciones y también, sobre todo, para ayudar espiritualmente a aquellos espíritus turbados y confundidos que precisaban ser esclarecidos de su situación después de su desencarnación.

Nos despedimos tras la experiencia sintiendo en nuestro íntimo un despertar que sería el inicio de una búsqueda que aun persigo y que ha dado a mi vida mucha serenidad y esperanza, puesto que se que la vida continúa y que esperaré la muerte sin temor.

Juan Miguel Fernández Muñoz

http://www.espiritasmadrid.com/

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