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‘Little Bastard’, la leyenda del coche maldito que ‘mató’ a James Dean: ¿mito o realidad?

El joven actor norteamericano, ídolo de masas, perdía la vida de camino a una carrera de coches… pero la leyenda dice que su vehículo estuvo involucrado en muchos más accidentes

James Dean es el icono de toda una generación. Con solo tres películas, ‘Al este del Eden’, ‘Rebelde sin causa’ y ‘Gigante’ -las dos últimas estrenadas a título póstumo-, su carácter pronto se convirtió en un soplo de aire fresco en la sociedad norteamericana de la década de los cincuenta: irreverente, inconformista, soñador… El actor norteamericano siempre se mostró como un gran amante de la velocidad, la que precisamente le quitó la vida a los 24 años y forjó la leyenda del ‘coche maldito‘.

En plena juventud y tras su exitoso debut en el cine, pronto vio el mundo a sus pies. Su pasión por las carreras de automóviles le llevó a tomar una decisión: competir en una prueba que se celebraba en Paso de Robles (California). Para ello, había encargado un Lotus MK10 con el que correría, pero la entrega se retrasó, por lo que no le llegaría a tiempo para la carrera. Eso le llevó a aceptar la oferta de un íntimo amigo suyo para hacerse con un Porsche 550 Spyder.

George Barris, encargado de preparar el deportivo del que solo se fabricaron 90 unidades -y el primer Batmóvil, entre otros muchos coches-, fue quien convenció a Dean de quedarse con el 550 Spyder, al que personalizó con un color gris metálico, el número 130 en sus puertas y un par de líneas rojas en su parte trasera. Tras probarlo el 21 de septiembre de 1955, decidió quedarse con él: no solo por su rapidez, sino también por el reto que suponía pilotarlo, lo que hizo apodarlo como ‘Little Bastard’.

Nueve días después de haberlo conducido por primera vez, se marchó en dirección a Paso de Robles para competir. Lo hizo en una caravana que remolcaba el coche, en la que iba junto a su amigo Bill Hickman. Pero a mitad de camino, James Dean tomó una decisión crucial: la lentitud del transporte le llevó a impacientarse. Si iba en su propio vehículo no solo llegaría antes, sino que le permitiría ir cogiendo sensaciones de cara a la carrera que iba a tener lugar en pocas horas.

Dicho y hecho, Dean y Rolf Wuetherich -su mecánico, que iba en otro coche junto al fotógrafo Sandford Roth– se montaron en ‘Little Bastard’, mientras que la caravana pasó a ser conducida por Hickman. Solo unos minutos después de coger el coche, Dean fue interceptado en un control policial, donde recibió una reprimenda por la alta velocidad a la que circulaba, aunque se libró de sanción por ser quien era. Solo dos horas después, iba a encontrarse con su destino.

A pesar de las advertencias del policía, Dean no redujo la velocidad en ningún momento, con trágico final en el cruce de la Ruta 41 con la 466. El actor chocó contra el Ford Custom Tudor que conducía un joven llamado Donald Turnupspeed, perdiendo el control de su coche e impactando frontalmente contra un poste de la carretera. Rolf sufrió varias fracturas al salir disparado, Donald salió ileso… pero James Dean quedó gravemente herido en el amasijo de hierros. Moriría camino del hospital.

El comienzo de la leyenda

Los restos del Porsche 550 Spyder, ya mítico por ser el vehículo en el que perdió la vida James Dean, fueron comprados por George Barris, su amigo encargado de prepararle el coche. Y, precisamente ahí, es donde se desata la leyenda negra del coche: Dean fue la primera de muchas víctimas de ‘Little Bastard’. ¿Leyenda o realidad? Lo cierto es que todo apunta a que fue el propio Barris el que alimentó este mito, interesado en revalorizar lo que había quedado del coche del actor.

Según la leyenda popular, cuando los restos del coche estaban siendo depositados en el taller de Barris, las cuerdas de la grúa se rompieron y el coche cayó sobre uno de sus mecánicos, rompiéndole las dos piernas. Tras lo ocurrido, se negó a repararlo, por lo que decidió desmontarlo y venderlo por piezas: el motor, para Troy McHenry, el chasis, para William Eschrid; y las ruedas, para un joven neoyorquino que se presentó en su taller interesado en los neumáticos.

El relato dice los tres iban a competir con las piezas de ‘Little Bastard’: McHenry perdió la vida tras chocar contra un árbol; Eschrid fue gravemente herido tras salirse del trazado; y el joven no pudo llegar a correr porque, de camino, sufrió el reventón de una de ellas y sufrió un accidente contra una cuneta. Pero no se queda ahí: un hombre que intentó robar el volante perdió un brazo en el atraco y un incendio carbonizaría todo el taller… salvo lo poco que quedaba de ‘Little Bastard’.

Los escasos restos del coche fueron, entonces, utilizados en diferentes exposiciones a lo largo y ancho de Estados Unidos para concienciar sobre los riesgos de la velocidad: en Sacramento, se cayeron rompiendo la cadera a un estudiante; en Oregón, el caminón que lo transportaba se quedó sin frenos; y en Nueva Orleans, el coche se rompió hasta partirse en 11 piezas. Cuando regresaban al taller de Barris, los restos de ‘Little Bastard’ desaparecieron misteriosamente para siempre.

Sin embargo, la falta de nombres, ubicaciones y datos concretos hace pensar que buena parte de la leyenda fue alimentada intencionalmente para conseguir que las piezas de este mítico vehículo se convirtieran en un apreciado tesoro de coleccionista, con todas las miradas apuntando a George Barris. ‘Little Bastard’, el coche en el que perdió la vida James Dean, ya es historia del automovilismo… y su leyenda negra, aunque con más visos de mito que de realidad, también.

FUENTE

https://www.elconfidencial.com/motor/2020-01-22/james-dean-little-bastard-porsche-550-spyder-leyenda-negra_2422492/

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