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¿Por qué Alfonso XIII no consiguió evitar que Lenin ejecutara al zar Nicolás II y sus cinco hijos?

A pesar de los esfuerzos del Rey de España, tanto el zar, como su mujer y sus cinco hijos fueron fusilados y acuchillados en el sótano de una casa y sus cadáveres escondidos durante un siglo

ABC recordaba el episodio 40 años después, aunque sin entrar en muchos detalles. El reportaje, publicado en abril de 1958, se tituló: « La Rusia trágica y una intervención de Alfonso XIII». Estaba firmado por el vizconde de Pegullal, que se veía «capacitado para escribir sobre ello», puesto que en la época de los hechos, tras el triunfo de la Revolución rusa y poco antes de la formación de la Unión Soviética, era secretario en la embajada de San Petersburgo y vivió los «aciagos momentos en primerísima línea».

El zar Nicolás II
El zar Nicolás II – ABC

«España había mantenido a rajatabla su neutralidad en la Primera Guerra Mundial y podía y debía intentar algo», explicaba el antiguo secretario sobre la desaparición de la familia Romanov, tras tres siglos reinando en Rusia antes de la llegada de los comunistas al poder. A continuación, este enumeraba la gran cantidad de cartas, telegramas, mensajes y peticiones de los familiares de presos de la Revolución de febrero de 1917 que había respondido el Rey de España. Y después hacía referencia al asunto que aquí nos ocupa: «Alfonso XIII y su Gobierno, haciéndose partícipes del sentir de muchos españoles, acordaron ofrecer asilo en nuestro país, concretamente en La Toja, a la Familia Imperial rusa».

La decisión de Alfonso XIII llegó cuando ya corrían rumores por los periódicos de medio continente de que el zar Nicolás II, su mujer y sus hijos corrían grave peligro tras haber sido expulsados del trono. En 1958, el vizconde de Pegullal apuntaba en este diario que su jefe de entonces, el embajador de España en San Petersburgo, Luis Varela, había aprovechado una de las habituales reuniones de los jefes diplomáticos que se celebraban en la Embajada francesa para exponer los deseos del Rey español a sus colegas. «El discurso de Valera, elocuente y sentido, fue escuchado con atención por sus colegas. Pero al concluir, el embajador de Francia tomó la palabra y agradeció los piadosos sentimientos que una vez más mostraba el monarca español. Sin embargo, él no creía prudente efectuar gestión alguna en tal sentido, puesto que el emperador y su familia se encontraban sujetos a la vigilancia del Gobierno ruso y aquello podría ser interpretado como una injerencia en los asuntos interno del país», detallaba a continuación.

La matanza

El destino de la Familia Real rusa se conoció pocas semanas después de aquella reunión que recordaba en ABC el vizconde de Pegullal. El 30 de julio de 1918, el Ejército imperial había llegado a la localidad de Ekaterimburgo para salvar al zar, su esposa y sus hijos. Al parecer, los bolcheviques los tenían retenidos en la casa Ipátiev. pero cuando aparecieron allí no encontraron ni al Nicolás II ni a nadie. No supieron entonces, ni tampoco Alfonso XIII, empeñado en salvarlos, que todos ellos habían sido brutalmente asesinados 13 días antes. Los cadáveres no estaban allí ni aparecieron en ningún otro sitio.

Portada dedicada a Nicolás II, un año antes de su asesinato
Portada dedicada a Nicolás II, un año antes de su asesinato – ABC

El Rey de España, por lo tanto, siguió buscando y presionando al nuevo Gobierno bolchevique para que la familia real rusa pudiera salir del país sana y salva. El 2 de agosto, varios documentos del ministerio francés de Asuntos Exteriores dan fe de estas gestiones. El día 3, de hecho, Alfonso XIII enviaba un telegrama a Victoria, hermana de la zarina, para informarle de que seguían las gestiones para salvar, por lo menos, a Alejandra y a sus hijas. «Al parecer, el zarevich ha muerto», señalaba en ese mismo texto en referencia al hijo del zar, que contaba entonces con 13 años. Pero no aportaba datos que confirmaran este asesinato.

ABC ya había apuntado en fechas anteriores que, «por tercera o cuarta vez en el breve espacio de unas semanas, las agencias de información europeas han recogido el rumor de que el ex zar Nicolás de Rusia ha sido asesinado». El rumor procedía del Gobierno inglés, que aseguraba haber recibido un comunicado de Gobierno ruso dando cuenta del fusilamiento de este el 16 de julio, «después de haberse descubierto una conspiración contrarrevolucionaria que tenía por objeto llevarse a la zarina y al zarevitch». Igualmente, seguía sin ser confirmado.

La esperanza de Alfonso XIII

La esperanza de salvar a la familia Romanov seguía intacta en el Rey Alfonso XIII un mes después de esta hubiera sido asesinada. Una muestra de ello es la noticia publicada por este diario el 8 de agosto de 1918: « El Gobierno ruso consiente que venga a España la familia del ex-zar», anunciaba el titular. En la pequeña explicación que seguía a continuación se detallaba que «los bolcheviques han consentido la salida para nuestro país de la ex-zarina y sus hijas» y que «las negociaciones con respecto a las garantías pedidas siguen su curso», según la información procedente de la prensa holandesa.

En esas mismas fechas, Alfonso XIII cablegrafió al Rey Jorge V de Inglaterra y al káiser Guillermo II de Alemania para pedirles ayuda. En el mensaje enviado a este último, el monarca español describía a los Romanov como una familia «desventurada» y prometía que, de permitir que el zar, su mujer y sus hijos se refugiaran en España, ninguno de ellos intervendría en ningún asunto político hasta el final de la Primera Guerra Mundial. Y a los pocos días recibía las respuestas de ambos en las que manifestaban no tener inconveniente en que España recibiera a la familia del zar.

«Según “The Times”, dos de las potencias interesadas han dado ya su consentimiento para el traslado – recogía ABC el 9 de agosto–. Y el diario francés “Gaulois” escribía: “Debemos recordar que el soberano español supo siempre mostrarse protector, caballeroso, abnegado, no solo de los grandes, sino de los pequeños. Acogió bajo su protección a cuantos sufrieron injustamente las hostilidades, tendió su mano generosa a cuantos necesitaban de auxilio y les dio su poderoso apoyo. Ha de recaer ciertamente sobre España un verdadero honor al haber arrebatado a la infortunada viuda del zar y a sus hijas de las brutales venganzas y de las horribles vejaciones que les sometían los maximalistas de Unión de Social-Revolucionarios».

La familia imperial rusa, con el zar en medio, un año antes de que todos fueran fusilados y acuchillados
La familia imperial rusa, con el zar en medio, un año antes de que todos fueran fusilados y acuchillados – ABC

Fusilados y acuchillados

Estaba claro que tanto la prensa como los principales dirigentes europeos seguían desconociendo el destino de los Romanov. En la madrugada del 16 al 17 de julio de 1918, toda la familia había sido trasladada al sótano de la casa Ipátiev, en Ekaterimburgo, con el pretexto de tomarles una fotografía. Sin embargo, cuando la confiada familia se colocó para la instantánea, el responsable del escuadrón, Yákov Yurovski –que había llegado el 13 de julio para ejecutar la orden– entró en la habitación con el revólver en la mano y varios soldados armados con fusiles. En ese momento se les comunicó que habían sido condenados a muerte. E inmediatamente después, Nicolás II, su mujer, sus hijas (Olga, Tatiana, María, Anastasia y Alexei), varios sirvientes, el doctor y el perro fueron fusilados y acuchillados salvajemente.

El comunicado oficial hizo referencia poco después solo a la condena a muerte del zar Nicolás II, al que el nuevo gobierno comunista consideró «culpable ante el pueblo de innumerables crímenes sangrientos». Alfonso XIII, sin embargo, siguió creyendo que podía salvar a la esposa y sus hijos. Vivió el resto del mes de agosto con cierta euforia y esperanza. Incluso el Papa Benedicto XV se mostró públicamente convencido del éxito de las gestiones españolas, asegurando que el asunto ya había sido negociado con los bolcheviques y resuelto.

Entre el 1 y 5 de septiembre, un representante español, Fernando Gómez Contreras, mantuvo dos entrevistas en Petrogrado con uno de los ministros de Lenin, Gueorgui Chicherin. En ellas, este intentó que España reconociera a su gobierno como legítimo como condición para poner en libertad a la familia del zar. El 15 de septiembre, Gómez Contreras envió un comunicado al Gobierno español asegurando que las conversaciones iban por buen camino. La falacia se descubrió al mes siguiente, cuando los bolcheviques declararon que la zarina y sus hijas estaban en Ucrania e intentaron convencerle de que ignoraban el lugar exacto.

Pruebas de ADN

Alfonso XIII fue poco a poco perdiendo la esperanza de encontrarles con vida. Aumentaban los rumores de que habían muerto, pero no aparecían los cuerpos. El Gobierno soviético no volvió a realizar declaraciones sobre el paradero, el tema estaba zanjado para ellos. Tampoco desmintieron la información recabada en 1919 por el investigador monárquico Nikolai Sokolov, quien aseguró que los ejecutores «desnudaron a los cadáveres y los subieron a un camión para trasladarlos a una mina de sal, pero el vehículo se averió y los bolcheviques decidieron, precipitadamente, cavar una zanja poco profunda a orillas de la carretera. Y para dificultar el reconocimiento de los cuerpos, los rociaron con ácido sulfúrico antes de rellenar la fosa».

Lenin
Lenin – ABC

El asunto cayó en el olvido durante décadas, hasta que los restos de los Romanov fueron hallados en un bosque cercano a Ekaterimburgo, completamente carbonizados por el ácido, en 1991. Tres años después, un equipo liderado por el doctor Peter Gill llevó a cabo la investigación definitiva para identificarlos. Primero realizó el análisis forense y vio que los cuerpos tenían signos de violencia y heridas de bala y bayoneta. Varios de los rostros habían sido aplastados a golpes para dificultar la identificación. Y como no fue suficiente, realizaron análisis de ADN. Estos último determinaron finalmente que los restos hallados pertenecían a la familia de Nicolás II, aunque entre ellos no se encontraban ni Alexei ni una de las cuatro hijas, María. Estos no fueron hallados e identificados hasta 2007.

Los esfuerzos de Alfonso XIII no habrían podido llegar a buen puerto en ningún caso. En primer lugar, porque el Gobierno ruso mintió en todo momento al Rey español, haciéndole creer que estaba vivo para ganar tiempo en la construcción de su imperio comunista. Lenin y sus secuaces ordenaron el asesinato y luego, además de ocultarlo, intentaron obtener un reconocimiento oficial de España hacia su régimen con aquella mentira. Y, en segundo, por la indiferencia de países como Gran Bretaña y Alemania, que no quisieron involucrarse más activamente en la posible salvación del Zar. Francia tampoco movió un solo dedo. Estados Unidos, igual, que en los últimos años había mirado con recelo a Nicolás II por las acusaciones de antisemita. Y aunque Dinamarca y Suecia quisieron colaborar, sus propuestas solo recibieron respuestas frías por parte de los ingleses.

Ochenta años después, Boris Yeltsin calificó de «vergonzoso» aquel crimen, que aún hoy es considerado como una especie de herida sin cicatrizar de la historia del país. « Inclino mi cabeza ante las víctimas de un asesinato despiadado», dijo el presidente ruso ante el mausoleo de la familia Romanov.

FUENTE

https://www.abc.es/historia/abci-alfonso-xiii-no-consiguio-evitar-lenin-ejecutara-nicolas-y-cinco-hijos-201912112335_noticia.html

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