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¿Qué es el ‘Proyecto Lakhta’? Putin, sus trolls y la rabieta que cambió el mundo

A principios de mayo de 2017, los ciudadanos de Houston se encontraron con que dos páginas rivales de Facebook habían convocado eventos opuestos en el mismo

A principios de mayo de 2017, los ciudadanos de Houston se encontraron con que dos páginas rivales de Facebook habían convocado eventos opuestos en el mismo lugar para el día 21 de ese mismo mes. Una, ‘El Corazón de Texas’, llamaba a una protesta frente al Centro Islámico Da’wah para «detener la islamización» de dicho estado. La otra, ‘Musulmanes Unidos de América’, convocaba una contramanifestación bajo el lema «Salvad el Conocimiento Islámico». El episodio, obviamente, no acabó demasiado bien.

En realidad, a sus promotores no les importaba lo más mínimo ninguna de las dos causas: las páginas habían sido creadas por la llamada Agencia de Investigación de Internet (IRA), la popularmente conocida como ‘granja de trolls’ de San Petersburgo, y el objetivo no era otro que afianzar las divisiones existentes en el seno de la sociedad estadounidense. Pero no era la primera vez que se hacía, ni sería la última.

El incidente descrito arriba formaba parte del llamado ‘Proyecto Lakhta’, una operación lanzada en 2014 por los servicios de inteligencia rusos para modificar comportamientos a través de las redes sociales. Primero en la misma Rusia y, posteriormente, en el resto de países. La fecha es significativa: el episodio tuvo lugar medio año después de la victoria de Donald Trump y casi cinco meses tras su toma de posesión. Porque contrariamente a lo que muchos creen, la injerencia rusa en la política estadounidense no se detuvo tras la elección de Trump, sino que se intensificó a lo largo de 2017 y se prolongó durante las ‘midterm’ (elecciones de mitad de mandato) de 2018. Y puede volver a ocurrir en 2020.

A finales de octubre, Facebook anunció la eliminación de una cuenta de esa misma red social y 50 cuentas de Instagram relacionadas con Rusia y que trataban, de forma coordinada, de influir en la sociedad estadounidense. «Esta campaña muestra algunos vínculos con la IRA y lleva la marca de una operación bien financiada que llevó a cabo consistentes medidas de seguridad operativa para esconder su identidad y localización», señaló la compañía en un comunicado.

Utilizando nombres de usuario como @black.queen.chloe o @michigan_black_community_, los operativos rusos se hacían pasar por activistas afroamericanos, según explica Graphika, la consultora digital a la que Facebook le ha encargado el análisis. Los investigadores también han encontrado cuentas pro y anti-Trump, y otras que pretendían ser feministas, ecologistas o activistas LGBTQ, con nombres como @stop.trump2020, @bernie.2020__, @iowa.patriot o @feminist_agenda_. Y aunque partían de supuestas posturas diferentes, todas compartían un rasgo común: la hostilidad hacia el favorito entre los candidatos demócratas, el ex vicepresidente Joe Biden.

Una iniciativa que forma parte de la estrategia híbrida del Kremlin contra sus enemigos, especialmente EEUU, los países de la OTAN y sus aliados. Y dentro de ese esfuerzo, pocos elementos han sido tan eficaces como los ‘memes’ de contenido político: imágenes con una leyenda sencilla que apela a los instintos primarios de los receptores, que con frecuencia los comparten de forma acrítica. Una forma barata de hacer llegar un mensaje, más eficaz cuanto más impacto emocional pueda generar, a un gran número de personas con afinidades comunes. Se trata, naturalmente, de un fenómeno global, pero en el que el Kremlin ha demostrado ir a la cabeza.

Rusia, campo de pruebas

Los primeros en ser los conejillos de indias de estas estrategias han sido los propios ciudadanos rusos. Páginas como vshtabe.rf, vinculada a la IRA, publican desde hace años centenares de ‘memes’ humorísticos, muchos de los cuales tienen carácter político, con la intención de promover las fortalezas del Gobierno de Vladimir Putin y desmovilizar a los descontentos. Entre sus temas favoritos destacan las prodigiosas capacidades del propio Putin, el carácter ridículo de la oposición rusa, los dobles estándares de Occidente o la decadencia europea.

«Sí, son estúpidos, pero juegan un papel enorme», afirma Lyudmila Savchuk, una periodista de San Petersburgo que se infiltró como trabajadora en la ‘granja de trolls’ y publicó uno de los primeros reportajes sobre este lugar. “Estos desmotivadores funcionan con las emociones básicas de los rusos menos educados y conectan con ellos”, asegura Savchuk.

Aunque no existe un estudio exhaustivo sobre la eficacia de estas técnicas en Rusia, parece demostrado que los servicios de inteligencia rusos las han considerado lo suficientemente interesantes como para dedicar ingentes esfuerzos y recursos a expandir estas campañas. ‘Memes’ de origen ruso han sido detectados en Ucrania, Georgia, los países bálticos y, de forma más audaz, en Estados Unidos.

La venganza de Putin

Nada menos que 17 agencias de inteligencia federales de EEUU están de acuerdo en que Rusia trató de interferir en las elecciones de 2016. Pero, ¿por qué las autoridades estadounidenses están tan seguras de ello? En realidad, los servicios de inteligencia rusos no hicieron demasiados esfuerzos por ocupar su rastro. Tal y como concluyó un informe del Senado de noviembre de 2017, los anuncios y memes publicados en Facebook e Instagram, por ejemplo, fueron comprados de forma más o menos abierta por empresas vinculadas a la IRA, y en algunos casos incluso pagados en rublos.

“Querían hacerlo lo más público posible. Querían que su presencia se supiera”, señala la periodista rusa Yevgenia Albats, autora de un libro sobre el KGB, en una entrevista con The New Yorker. Según Albats, Putin no creía que pudiese alterar los resultados de las elecciones, pero dada su antipatía por Barack Obama y Hillary Clinton, pensó que era buena idea tratar de impulsar a Trump.

Pero había otro motivo: la venganza. Poco antes, la publicación de los Papeles de Panamá –que mostraba la corrupción de los principales políticos rusos, salpicando al propio Putin- había caído como una bomba en el Kremlin. Allí se percibió no solo como un ataque personal a sus líderes, sino como un intento occidental de desestabilizar Rusia antes de las elecciones parlamentarias de 2016.

«Fue una decisión táctica, muy emocional. La gente [del Gobierno ruso] estaba muy molesta por los Papeles de Panamá», explica el periodista ruso Andréi Soldatov, experto en los servicios de inteligencia de su país, en un artículo de la publicación The Atlantic. “Nadie creía en Trump, ni siquiera un poco”, indica Soldatov. «Fue una serie de operaciones tácticas. A cada momento, la gente que lo estaba llevando a cabo estaba cada vez más excitada por lo bien que iba, y ese éxito les iba empujando a ir más y más allá», afirma.

Si EEUU atacaba sus comicios, Rusia respondería igual. Y tenía a mano las herramientas: toda la experiencia acumulada hasta entonces con el Proyecto Lakhta.

FUENTE

https://www.elconfidencial.com/mundo/2019-11-27/proyecto-lakhta-putin-sus-trolls-y-la-rabieta-que-cambio-el-mundo_2304316/

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