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Aunque ahorren los atascos, las apps de navegación están empeorando el tráfico de las ciudades

Hubo un tiempo no demasiado lejano en el que desenvolverse por la ciudad a lomos de un automóvil obligaba a conocer el callejero al dedillo. La memoria, tan útil en el pasado, ha sido sustituida hoy por aplicaciones que facilitan la navegación y mapas multimedia que ofrecen información inmediata sobre el estado del tráfico. Waze o Google Maps han simplificado la conducción. Calculan por dónde debemos conducir para llegar antes a nuestro punto de destino.

Desde un punto de vista individual, son una bendición. Desde el colectivo, no tanto.

Problemas. ¿Pero qué implicaciones tienen las aplicaciones en el comportamiento del tráfico en su conjunto? Es una idea que exploran diversos autores en The Future of Transportation, un nuevo libro dedicado al impacto de la tecnología en la movilidad de las ciudades. En este extracto, recopilado por CityLab, la respuesta es poco esperanzadora: Waze o Google Maps empeoran el tráfico porque priorizan el beneficio individual del conductor sobre el colectivo. Un equilibrio entre preferencias casi imposible de resolver.

Ejemplos. Dos ideas ayudan a explicar el fenómeno. La primera es la «demanda inducida«, es decir, la tendencia del tráfico a rellenar todos los huecos de infraestructura habilitados por las ciudades. Si las calles son un vaso, el tráfico es un líquido que rellena todos los espacios vacíos. Las aplicaciones de navegación no alivian el tráfico, simplemente lo desplazan. Cuando miles de conductores las utilizan al mismo tiempo, el resultado, como bien sabe Los Ángeles, es invariable: congestión.

Individual vs. colectivo. La segunda es el «Equilibrio de Nash«, por la que los conductores siempre tendrán más interés en decisiones que les beneficien individualmente frente a soluciones que beneficien al colectivo. Es el «precio de la anarquía«. ¿Por qué debería yo tomar la ruta más larga y revirada para llegar a mi destino en aras de mejorar el flujo del sistema? El tráfico funciona como una jungla de decisiones individuales, no necesariamente óptimas, que las apps incentivan.

Resultados. Otros investigadores, como Jane Macfarlane, de la Universidad de Berkeley, han llegado a similares conclusiones. Las aplicaciones potencian las mismas decisiones que hacen del tráfico un infierno en primer lugar. Un célebre trabajo elaborado por científicos de la Universidad de Cornell y publicado en 2001 ya ilustró en su momento el impacto negativo de las «rutas egoístas». Desde un punto de vista matemático, el tráfico desregulado es un horror.

Lo ideal, como han subrayado otros académicos, sería contar con una organización orientada a mejorar la eficiencia del «sistema», una suerte de autoridad central que distribuyera el tráfico global a través de todas las rutas existentes, aunque sean más largas, para beneficio de todos (es decir: ahorrando a todos los conductores el máximo tiempo posible).

Imposibilidad. Algo así, como ya hemos visto, es imposible: si yo como conductor puedo elegir la ruta más corta, la voy a elegir, aunque empeore la situación en el marco general de las cosas. Otros estudios preliminares han observado cómo Waze o Google Maps redundan en estos problemas. Cuando hay un accidente en una autovía y los vehículos guiados por las apps toman salidas o se amontonan en carreteras secundarias, el resultado general no es un tráfico más fluido, sino más congestión.

Ya sea porque bloquean las salidas o porque saturan viales no preparados para lidiar con tanto tráfico. De nuevo, las decisiones individuales no se adscriben al interés colectivo.

Utilidad. Que las aplicaciones compitan entre sí y no compartan información entre ellas, además, contribuye a la tendencia. ¿Todo mal, entonces? No. Waze comparte su información con los gobiernos y ha resultado crucial frente a catástrofes climáticas como los huracanes. Y desde un punto de vista individual, sigue resultando muy atractiva para sus usuarios. Sus intenciones son loables. La psicología humana y la lógica económica de nuestras decisiones son el fondo de la cuestión.

En relación al tráfico, es algo que ya sabíamos. La congestión es inevitable. Aunque tengamos una app a mano.

FUENTE

https://magnet.xataka.com/que-pasa-cuando/ahorren-atascos-apps-navegacion-estan-empeorando-trafico-ciudades?utm_source=NEWSLETTER&utm_medium=DAILYNEWSLETTER&utm_content=POST&utm_campaign=15_Nov_2019+Magnet&utm_term=CLICK+ON+TITLE

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