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Los OVNIS en la Historia de España

El fenómeno OVNI está de moda, las recientes informaciones sobre las investigaciones del Pentágono y el Departamento de Defensa de Estados Unidos al respecto le han dado un necesario empujón que ha revitalizado el fenómeno, pero no es algo nuevo, viene de siglos atrás, sólo hay que saber mirar en los vestigio escritos para comprender que es mucho más antiguo de lo que creemos.

El fenómeno OVNI está de moda, las recientes informaciones sobre las investigaciones del Pentágono y el Departamento de Defensa de Estados Unidos al respecto le han dado un necesario empujón que ha revitalizado el fenómeno, pero no es algo nuevo, viene de siglos atrás, sólo hay que saber mirar en los vestigio escritos para comprender que es mucho más antiguo de lo que creemos.

A lo largo de nuestra Historia han existido evidencias de la presencias de extraños objetos, o luces, en el cielo sin que sepamos que son o que las motiva. Esas luces con el tiempo, a raíz de la aparición de la moderna ufología –del término inglés UFO-, derivaron en ser llamadas como Objetos Voladores No Identificados quedando pendiente establecer su origen una vez realizado un seguimiento y estudio del mismo. En la actualidad el fenómeno OVNI es bien conocido por todos los investigadores, o curiosos del misterio o de este fenómeno, pero, ¿y en épocas pretéritas? ¿Hay evidencias de esas extrañas presencias en nuestros cielos? ¿Existían ya esas inquietantes luces y observaciones hace siglos? ¿Qué nos cuentan los cronistas?

La respuesta es afirmativa y en la Historia de España encontramos innumerables crónicas y relato –consultar “Triángulo Magnético en Sevilla” o “Caso Conil”– donde queda de manifiesto el papel importante que jugaron en las reflexiones de aquellos científicos y pensadores esas misteriosas luces que aparecían en los cielos patrios… Para unos seguirían siendo dioses del ayer –en función de la época-, para otros un designio divino o demoníaco, para otro cualquier fenómeno celeste desconocido… pero a ninguno de ellos, independientemente de su forma de pensar o abordar su misterio en función de su época, dejó indiferente…

Expedientes X con 600 años de antigüedad

Sevilla, año 1464, cerca del entorno de la Catedral hispalense… Con cientos de testigos presenciales ocurre lo imposible, la historia de lo insólito, de lo extraño, de lo mágico. Lo recogen las crónicas de la ciudad hispalense, testigo de un prodigio milagroso fueron esos cientos de fieles que salían, en medio día, del templo, la crónica del insólito suceso religioso fue documentada históricamente por los cronistas de cámara del rey Enrique IV, el sacerdote Diego Enriques del Castillo y el licenciado Alonso de Palencia. Dice así: “En la ciudad de Sevilla sucedió un fenómeno maravilloso nunca visto. Sin que hubiera viento ni huracán, algunos árboles de la huerta del Alcázar fueron arrebatados hacia arriba y sacados de raíz, arrojados por encima de la muralla, afuera. Una torre del Alcázar se vio cortada como un cuchillo. Una estatua del rey Don Pedro, de piedra, con diadema de metal, que estaba en los jardines sobre un pedestal, desapareció y nunca volvió a ser encontrada. Numerosos arcos del Acueducto que dicen los Caños de Carmona, cayeron por tierra sin que su hundimiento súbito produjera ningún ruido. Esto ocurrió a mediodía, a la hora en que salían la gente de la misa en la catedral, y personas religiosas y autorizadas por la edad, y niños inocentes afirman haber visto por los aires hombre armados”. Todo un testimonio fechado en 1464. Algún autor de realismo fantástico diría sobre todo esto que: “los dioses del ayer son los astronautas del mañana”, y quizás no les falte razón, aunque otros catedráticos y expertos en teología quisieron ver en esta aparición de seres voladores y armados en los cielos de Sevilla una visión de los ángeles protectores que velaban por la integridad de la fe de la ciudad… Aquella crónica llegó rápidamente al rey Enrique IV que se encontraba de cacería en Jaén quedando perplejo con el hecho milagroso sucedido a orillas del Guadalquivir. ¿Qué eran o que representaban aquellos misteriosos “guerreros” voladores? Han pasado casi seis siglos y sigue siendo uno de los expedientes X de la antigüedad.

Apenas trece años antes un suceso similar turbó la tranquilidad de las tierras catalanas… Sucedió en Barcelona, allí el consejo municipal había encomendado la labor de recoger en las crónicas de la ciudad todos los acontecimientos relevantes que ella ocurriera. Debían ser recogidos por un escribano en un dietario y el periodo abarcó desde el siglo XIV hasta el XVIII. En ese dietario encontramos una fuente de noticias valiosísima, de información sorprendente y no menos enigmática… En estas crónicas se huía de falacias y falsedades e iba acompañada del rigor que imponía el consejo barcelonés. Lo curioso es que en esas crónicas encontramos anotaciones de misteriosos fenómenos que nos inducen a pensar en esos objetos que vemos en el cielo y que no sabemos lo que son…

Encontramos una anotación especialmente sugerente a fecha del 18 de junio de 1451 que dice así: «Dicho día se divulgó en la presente ciudad que a principio del presente mes, en la parte de Levante, se vio en la madrugada por muchos y por mí mismo, entre la una y las dos, un cometa que emitía alguna claridad, a manera de claridad de farol débil, que se ensanchaba delante de él unas tres o cuatro canas, a juicio humano. Después, el día 15 o 16 del presente mes, se vio dicho cometa u otro, o uno semejante, entre ocho y nueve horas al caer la noche al noroeste». Otro nuevo fenómeno ocupa sus páginas… El 8 de noviembre de 1587, se hace referencia a otro “cometa”, añadiendo: «Placía a Sa Divina Magestat», obedeciendo su registro a algún fin preventivo o alguna suerte de superstición.

El 17 de Noviembre de 1610 queda registrado en dicho libro: «en el cielo, por la noche, grandes señales de fuego que muchos pronostican son malas señales. Dios Nuestro Señor nos dé Su gracia que es el mayor bien que podemos desear, amén».

Regresamos a tierras andaluzas, allí otro suceso, entendido en la época como milagroso, sucedió en nuestros cielos hacia la primera mitad del siglo XVIII, un fenómeno celeste tenido por sobrenatural, designio de los cielos, de los propios ángeles… Parece que sobre Sevilla aparecieron unas esfera luminosas de colores destellantes que destacaban “como un fulgor”, muchos de los testigos, en pleno centro de la capital, creyeron ver en el interior de estas esferas las caras de las santas patronas y otros santos del santoral católico de la época, tan devota como temerosa. Así el catedrático de Matemáticas de la Universidad de Salamanca, astrólogo, sacerdote y literato Diego Torres de Villarroel trató de explicar aquel curioso fenómeno, aquellos “Objetos Religiosos No Identificados” que sorprendieron a los sevillanos de la época. Se tiene constancia que el ex presidente de la Real Academia de Medicina de Sevilla, el doctor Gabriel Sánchez de la Cuesta, poseía a título personal uno ejemplar de la explicación o interpretación astrológica que Diego Torres de Villarroel quiso darle, no obstante el fenómeno jamás fue explicado satisfactoriamente. ¿Ilusión, sugestión colectiva, visión quimérica devota, milagro? Difícil respuesta a una difícil pregunta.

El escritor e investigador Jesús Callejo nos comenta sobre este fenómeno luminoso o milagroso y Diego Torres de Villarroel: “existe un obra muy poco conocida de Diego de Torres Villarroel, que publicó en 1730, su título es algo largo pero podría ser “traducido” así: «Juicio, i pronostico del Globo i tres columnas de fuego que se dejaron ver en nuestro horizonte Español». En este opúsculo, más que obra literaria, se describen tres objetos volantes que desconcertaron a nuestro insigne escritor salmantino pero ninguno corresponde a Sevilla”. Y es que esos mismos objetos extraños en el cielo para los estudiosos de hoy podrían ser catalogados como “Objetos Voladores No Identificados” pero para los pobladores de aquella Sevilla del siglo XVIII era una cuestión de fe y de milagros. Por tanto, ¿por qué no calificarlo de “Objeto Religioso No Identificado”?

Pero todos estos acontecimientos nos eran patrimonio exclusivos de ciudades como Barcelona o Sevilla, en 1665 existía un pliego noticiero que reflejaba: “Relación nueva de una carta venida de Constantinopla, en la cual se refieren los grandes prodigios y espantosas señales aparecidas en dicha ciudad y por todo aquel país circunvecino, con algunas horribles visiones que le aparecieron al Gran Turco, es a saber, saetas, vientos, tempestades, truenos y aparición de cometas y grande rebelión, y la interpretación y declaración de aquello hecha por los más doctos astrólogos de su imperio”.

Diez años más tarde, en la ciudad Condal encontramos otro curioso documento de noticias o pliego que trata sobre noticias celestes, es la: “Relación verdadera del prodigioso combate de pájaros sucesos en la ínfima región del aire, entre las villas de Dola y Salinas, en el condado de Borgoña, a 16 de febrero de este año de 1676”, este pliego no sólo informa sobre este choque entre bandadas de pájaros, sino que añade que había sido profetizado por Nostradamus… En el mismo documento informa que en Buda (Hungría), antigua corte de los reyes húngaros, en la época tomada por los turcos, se manifiestan «unos fantasmas visibles en figura humana, y haciéndoles el visir querido resistir con gente armada, le habían a él y a los suyos dado muchos palos». Entre los fantasmas se “identificó” la sombra del rey húngaro Matías Corvino… Finalizaba con el vaticinio que afirmaba que Hungría volvería a ser cristiana arrebatándola así a los infieles turcos.

Nos trasladamos a los archivos históricos de Girona, allí se imprimía en 1682 la “Relación breve y verdadera del prodigioso señal que se vio sobre la ciudad de Gerona 20 de octubre desde año de 1682”, el fenómeno consistió en una abertura en el cielo nocturno, de unos cincuenta pasos, sobre las once de la noche del cual salía “tanta claridad que ofuscó la Luna, a la vez se oía estruendo como de fusilería, acabado con detonaciones semejantes a las de los cañones”. Fueron casi medio centenar de personas las que juraron haber visto y oído tan intrigante, y misterioso, fenómeno.

El escritor y cronista Julio Caro Baroja, en su obra que lleva por título “Vidas mágicas e Inquisición”, hace una visión de las costumbres y creencias de la sociedad de la época, en pleno siglo XVIII, donde se le otorgaba una gran credibilidad a los visionarios, astrólogos y adivinadores. Estas creencias llegaban y tocaban de cerca de la familia real, así el rey Felipe IV «estaba dispuesto a escuchar a un fraile italiano: desde hacía más de veinte años se dedicaba a profetizar respecto a asuntos políticos».

En la Navidad de 1704 encontramos otro hecho inexplicable: «a las cinco de la tarde, estando sereno y sin verse nube alguna, de repente se vio una llamarada muy ardiente en la presente ciudad, saliendo y viniendo del mar según personas verídicas; unos decían que venía a modo de barra de fuego, otros con globo y cola, que se abrió y dejó tres nubes muy blancas, las cuales duraron en la región celeste más de media hora y después de esta llamarada se sintió en el cielo como si disparasen algunas artillerías y después mucha mosquetería que duró cosa de tres credos. Dios nos quiera mirar con ojos de misericordia».

En Madrid el doctor José Cerví, en 1736, médico de la corte real, publicaba su “Descripción tripartita médico-astronómica que toca lo primero sobre la constitución epidémica que ha corrido en muchas ciudades, villas y lugares de los reynos de España…; lo segundo, la residencia demonstrativa sobre la distinción de la verdadera preñez de la falsa, y lo tercero, el juicio congetural astronómico, philosóphico y mathematico sobre el phenó-meno ígneo que por muchos días se ha manifestado al Oriente y Occidente el día 27 de noviembre del año de 1736…”.

El ya referido Diego de Torres Villarroel, en 1730 escribía un folleto que se titulaba: “Juicio y pronóstico del globo y tres columnas de fuego que se dexaron ver en nuestro horizonte español el día 2 de noviembre de este año 1730”.

En épocas más recientes, el «Diario de Barcelona» a fecha 16 de Agosto de 1872 narraba en crónica la aparición de un fenómeno atmosférico compuesto de un “globo rojo de fuego que emitía una luz blanco-azulada y dejó un rastro como la cola de un cometa”. Fue observado en todo el levante español, con especial significación en Barcelona y en Valencia.

Si retrocedemos al año 1509 encontraremos, en los archivos de Toledo, un curioso documento llamado “Relaciones de Lorenzana”, en éste el cardenal Gonzalo Jiménez de Cisneros describe el vuelo de un extraño objeto volador en forma de cruz, muy al estilo de aquel sueño visionario del emperador Constantino, sobre tierra de Titulcia (Madrid). En conmemoración de la aparición en el cielo de aquel objeto mandó construir un humilladero sobre el que años después se erigió una ermita. El cardenal se dirigía a tierras toledanas a reclutar hombre para la conquista de Orán y desde Toledo partió hacía Cartagena, donde se tiene constancia histórica que era esperado por el señor Pedro Navarro, ingeniero naval, con las huestes prestas para partir hacia la conquista de la ciudad. Lo curioso es que durante el viaje pudieron observar otras cruces resplandecientes en el cielo, en Cartagena y en Mers el-Kebir, a pocos kilómetros de Orán.

Descripciones que hoy día nos resultan bastante análogas a las que hacen los que dicen haber sido testigos de la aparición de los Objetos Voladores No Identificados (OVNIs) en nuestro cielo. Este tipo de acontecimientos extraños –cuando menos- son reseñados desde épocas remotas, desde la antigüedad, incluso durante uno de los viajes de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo divisó extrañas esferas en el cielo o las famosas “arenas blancas” que nos han llegado en las crónicas de aquellos viajes, crónicas históricas. Su existencia es constatable a través de los escritos desde la más lejana antigüedad.

Hoy día científicos, pilotos, meteorólogos, astrónomos, observadores del cielo o investigadores de lo extraño tratan de buscarle respuesta a este misterioso fenómeno, cada uno desde su particular punto de vista, acumulando más preguntas que respuestas en una extraña e ilógica paradoja. Podemos estar seguros del desconocimiento de aquellos primeros cronistas sobre un fenómeno lejos de su nivel de conocimiento, ya fuera en el plano astronómico o en el de lo extraño, dejando constancia de su presencia en el cielo y no de su ausencia. Así constituyeron las primeras crónicas OVNI en la Historia de España, un fenómeno más antiguo de los que nos dice su propia historia.

FUENTE

http://elcorreoweb.es/extra/los-ovnis-en-la-historia-de-espana-LY5607850

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