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Los tres principales enigmas sin resolver del triple crimen de Alcásser sobre los que se anuncian próximas “novedades”

Las últimas declaraciones del doctor Luis Frontela a elcierredigital.com han vuelto a poner de actualidad el triple crimen de Alcásser, en el que las niñas Toñi, Miriam y Desirée perdieron la vida a manos de Antonio Anglés y Miguel Ricart, quienes las secuestraron, torturaron, violaron y asesinaron un 13 de noviembre de 1992. La investigación dejó muchas pistas cerradas en falso y por tanto también muchos enigmas sobre los que el doctor anunció posibles novedades.

Ha pasado más de un cuarto de siglo, pero el caso Alcásser mantiene todavía varias incógnitas. Dos de las principales fueron causadas por la segunda autopsia realizada por el doctor Luis Frontela y la otra por la huida y desaparición del principal acusado de los crímenes, Antonio Ángles, que ahora tiene 52 años de edad.

El caso volvió a la actualidad después de estas declaraciones del forense Luis Frontela a elcierredigital.com: “En dos o tres meses podría haber alguna novedad, pero en el fondo son conocimientos atrasados a los que ahora se les puede dar otra vuelta. Estoy trabajando en ello. No sé si será importante a nivel judicial o social, eso yo no lo puedo afirmar, pero habrá novedades”.

Estas enigmáticas declaraciones del forense que practicó una segunda autopsia a las niñas de Alcásser a petición de Rafael Vera, secretario de Estado de Seguridad y número 2 del Ministerio de Interior en aquellos años, ha vuelto a despertar las dudas de investigadores y peritos criminales que estudiaron el caso durante años.

Habían pasado 75 días del secuestro de las niñas, era el 27 de enero de 1993, cuando dos apicultores de la zona, preocupados por las frecuentes heladas de aquellos días subieron a ver el estado en que se encontraban sus colmenas y encontraron la mano de una niña emergiendo de la tierra.

Una comisión judicial de Alzira se trasladó hasta el lugar, un paraje conocido como La Romana, y ya en el informe preliminar escrito por la secretaria judicial comenzaron las primeras inconexiones. El apicultor declaró ver como una mano emergía de la tierra, pero cuando comenzaron a desenterrar los cadáveres, el primero, perteneciente a Antonia (Toñi) Gómez, tenía las dos manos atadas con una cuerda. Nunca se explicó cómo un cadáver podía tener una mano saliendo de la tierra, mano que estaba atada a otra enterrada.

Los pelos de la discordia

Este es uno más de lo sucesos no explicados durante la instrucción que llevó el juzgado número 7 de Alzira, al mando del juez José Miguel Bort Ruiz. De los tres enigmas más importantes recogidos en los cuatro mil folios de sumario hay dos que están relacionados con pruebas científicas. Los primeros forenses que realizaron la autopsia a los tres cadáveres encontraron dos pelos en el codo izquierdo de Toñi, un pelo en la mano derecha de Desirée y ninguno en el cadáver de Miriam. Los tres fueron enviados para su análisis al Instituto Nacional de Toxicología.

En la segunda autopsia, realizada por el doctor Frontela, se hallaron 66 pelos en total. En el cadáver de Toñi, 35 pelos, otros 15 en el cadáver de Desirée y otros 16 pelos en el cuerpo de Miriam. Sólo 29 de estos pelos tenían bulbo para poder realizar pruebas de ADN. Además de la autopsia, Frontela emprendió el estudio de ADN de los pelos recogidos entre las ropas de las víctimas.

Según sus conclusiones, se apreciaron tres cabellos pertenecientes al “sujeto D” en el jersey y en la ropa de Antonia; cuatro cabellos del “sujeto F” hallados en el jersey de Antonia y en el sujetador de Desirée; tres pelos de pubis de Miguel Ricart hallados en la ropa de Miriam y en la de Desirée. Un pelo de cabeza del “sujeto J”, hallado en la ropa de Desirée, y una cana de cabeza del “sujeto G” hallada también en la ropa de Desirée.

En la alfombra que envolvía los cadáveres de las niñas el doctor Frontela encontró otros cuatro pelos distintos. En su informe afirmó “estar seguro” de que uno era de Antonio Anglés y otro de Miguel Ricart, los dos únicos acusados y condenados por los crímenes. Los otros dos nunca se supo de quienes eran, aunque tras el análisis de todas las 29 muestras capilares se dedujo que pertenecían a siete personas diferentes, incluido un pelo canoso, perteneciente al “sujeto G”, encontrada en la ropa de Desirée y que despistó a los investigadores. “Ninguno de esos pelos”, añadía el informe de 209 folios redactado por Frontela, “corresponde a ninguno de los sospechosos” y “además, hay otros tres pelos no catalogables, porque de Roberto Anglés (hermano del principal sospechoso) no se han recibido suficientes pelos e ignoramos si entre ellos puede haber algunos canosos o albinos”.

El doctor Frontela no pudo seguir examinando las muestras, ya que nunca volvió a tener acceso a ellas y aquella nueva vía de investigación se cerró vía sentencia 803/1999 del Tribunal Supremo, que ratificaba la condena a Miguel Ricart: “deducciones que le hubiesen podido perjudicar (en referencia a Miguel Ricart) aunque serían seguramente lógicas y admisibles, introdujo hipótesis escasamente verosímiles como la participación de otros delincuentes, además del sentenciado (Miguel Ricart) y el rebelde (Antonio Anglés)”. Es decir, el Tribunal Supremo se cargó de un plumazo el trabajo coordinado del doctor Frontela, entonces de la Universidad de Sevilla, y del profesor Ángel Cariacedo del Instituto de Medicina Legal de Santiago de Compostela.

Ésta es solo una de las muchas dudas que se plantean al revisar los 4.000 folios que componen el sumario del triple asesinato de Alcásser. José Miguel Bort Ruiz, juez instructor, declaró hace unos años al diario El País que “lo que más me extrañó fue la cantidad de objetos desperdigados alrededor de los cuerpos”.

Uno de los primeros folios recogía la situación del escenario: “Por los alrededores, diseminados y en la superficie aparecen los siguientes efectos: un calcetín blanco de tamaño mediano, una cazadora de tela vaquera, marca “Liberto”, una camiseta de algodón, de color gris con un rótulo blanco, de tamaño mediano, unos prismáticos de tamaño pequeño con funda, un guante, tres cinturones (…). Aparece, asimismo, fragmentado en pequeños trozos, un papel que contiene al parecer un nombre”.

Esta última pista llevó directamente hasta Enrique Anglés, hermano de Antonio, un delincuente común que había quebrado una condena anterior y se convertiría en el enemigo número 1 de la policía, finalmente asesino condenado en rebeldía por las tres violaciones y asesinatos. Llama la atención que dos meses y medio después aquel trozo de papel siguiera allí a la intemperie, en una zona que durante el invierno es batida por el viento y las heladas nocturnas.

No es la única cosa extraña o difícil de explicar que consta en el sumario, ya que existen otras contradicciones más difíciles de entender. Por ejemplo, en el folio 458 consta que la 311ª Comandancia de la Guardia Civil de Valencia remitió a su laboratorio de balística los proyectiles extraídos de los cadáveres, para determinar si fueron disparados por la misma arma.

Uno de los guantes donde se encontraron numerosos pelos.

La primera muestra, según el texto del informe, “contiene proyectil alojado en el cráneo” del cadáver número uno, el de Antonia Gómez Rodríguez (Toñi). Sin embargo, en el folio 813, el Instituto Nacional de Toxicología dice que “el cráneo del cadáver número uno”, el de Antonia, “presenta un orificio de entrada en fosa temporal izquierda y un orificio de salida en el techo de la órbita derecha”. ¿Cómo puede quedarse alojado en un cráneo un proyectil que entra y sale?

Fernando García, padre de Miriam, siempre mantuvo la teoría de que su hija y las otras dos niñas no murieron en aquel paraje porque en la casa derruida no se encontró ni un rastro de sangre, algo muy extraño teniendo en cuenta la exposición de los macabros y violentos hechos que confesó Ricart: “Las tres jóvenes protestaban y querían marcharse, ante lo que Antonio, nuevamente iracundo, comenzó a golpear con una tranca a Miriam y Desirée, que se encontraban atadas al poste, y les dio varios golpes fuertes, quedando una de las dos, Desirée, inconsciente, mientras Miriam le pedía a Antonio que no le pegase (…). A continuación, Antonio cogió a Toñi y la tiró a un colchón que allí había y la desnudó totalmente mientras ésta se oponía y se defendía, siendo en todo momento reducida por Antonio (…)”.

El relato pormenorizado de las torturas a las que él y Anglés sometieron a las tres víctimas fue corroborado por las autopsias. Sin embargo, ni sobre el colchón, ni en el suelo, ni en ningún lugar de la casa había rastros de sangre.

La Cruz de Caravaca sin dueña

Durante la práctica de la segunda autopsia, el doctor Frontela encontró una Cruz de Caravaca o Cruz de Lorena –aquí las versiones difieren- sobre las vértebras lumbares 3 y 4 del cuerpo de Desirée. ¿Es posible que este colgante pasase desapercibido a los forenses que realizaron la primera autopsia? Parece complicado.

Los periódicos ya mencionaban días antes que esta cruz se encontró sobre el cuerpo de Miriam García y había servido a sus padres para identificar el cadáver, algo que meses después desmentiría Fernando García al afirmar que la cruz no era de su hija.

Además, durante el juicio prestó testimonio un policía local, José Manuel Carbacos Sacristán, que subió a la zona acompañando a un equipo de televisión el 28 de octubre de 1993, casi un año después del asesinato de las menores, y afirmó haber encontrado un estuche que contenía “una medalla con una cruz, tres vírgenes y el Cristo en medio”. Como los padres no mencionaron esos objetos como propios de sus hijas, la Guardia Civil no prestó demasiada atención a ese descubrimiento. La única referencia que se hace a esta cruz en el sumario, se hace precisamente en el llamado informe Frontela, recogido en el tomo 14, folios 2457 a 2749.

Frontela y el forense Luis Antonio Montes hicieron esta autopsia el 29 de enero de 1993 y al realizar la de Desirée Hernández Folch, Frontela describía así el hallazgo: “Una cadena colgante con Cruz de Lorena, está situada sobre cara anterior de las 3ª-4ª vértebras lumbares (figuras 2.53 y 2.54)”.

Cruz encontrada en el cuerpo de Desirée.

Años más tarde, durante las sesiones del juicio y en respuesta a preguntas de la acusación particular, Frontela añadió: “Ahí en el transcurso de la realización de la segunda autopsia, se halló una cadena con una cruz, claro, nosotros la hemos hallado en la columna vertebral. ¿Qué pinta una cadena con una cruz en la columna vertebral? Posiblemente nada. ¿Cómo se ha introducido, por dónde se ha introducido? Antes ha habido una primera autopsia, han habido las técnicas y las manipulaciones o las ejecuciones propias de la primera autopsia. Esta cadena envuelta en sangre, en magma, ha podido desplazarse de un lado a otro. ¿Quién garantiza que esa cruz y esa cadena no estaban en otro lugar? Si se hubiesen hecho radiografías desde el primer momento se hubiese sabido cuál era la localización exacta de ese elemento. Que pudiera o no pudiera ser de interés criminalístico, eso es otra cuestión”. Un misterio sin resolver.

Anglés, el fugitivo más buscado

Su huida fue digna de un bestseller de Hollywood y su paradero toda una incógnita. La Policía y la Guardia Civil rastrearon sus pasos hasta Valencia, donde se tiñó el pelo de rubio; Cuenca, donde robó un coche para ir más rápido; Madrid, donde se le perdió la pista y, por fin, Lisboa, en Portugal, donde fue acogido por un heroinómano, confidente policial.

A pesar de todo ello, se sabe poco de su paradero y acabó perdiéndose su rastro en Lisboa, al parecer cuando trataba de huir a Brasil. Fue alertado de su inminente detención y se embarcó como polizón en el City of Plymouth, de donde, según su capitán, saltó al mar antes de atracar, en las frías aguas de Irlanda.

Ficha policial de Antonio Anglés.

El relato de la fuga de Anglés, desde la noche del 27 de enero de 1993 hasta su increíble desaparición el 24 de marzo de ese mismo año, trazó de él un perfil de delincuente organizado, astuto y muy violento, acostumbrado a usar identidades falsas. Un año antes había sido condenado por secuestrar y torturar a una antigua novia. Cuando cometió el triple crimen era un “quebrado”, denominación que se da en el argot policial a los presos que quiebran un permiso penitenciario. Su rostro y sus datos permanecieron en las listas de los más buscados por Interpol durante décadas. Ahora, si nada lo impide, en 2029 prescribirán los delitos por los que fue juzgado y condenado en rebeldía.

Mientra tanto, su cómplice, Miguel Ricart, era juzgado y el 5 de septiembre de 1997 se dictó la sentencia por el triple crimen. Ricart fue condenado a 170 años de prisión por rapto, violación y asesinato con el agravante de ensañamiento de las tres niñas. Además, tuvo que hacer frente a las costas del juicio y una indemnización de 300 millones de pesetas, que nunca pagó, a las familias de las niñas.

El 29 de noviembre de 2013, al ser revocada la doctrina Parot, Ricart fue puesto en libertad tras permanecer 20 años en prisión. Se fue a vivir a Francia, huyendo de la notoriedad y las cámaras de televisión, y permanece en paradero desconocido.

FUENTE

https://elcierredigital.com/investigacion/835185384/enigmas-crimen-ninas-alcasser.html

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