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Descubren el gran enigma de Balamkú, el santuario subterráneo de Chichen Itzá

Chichén Itza puede presumir de ser uno de los lugares más impresionantes que ninguna civilización ha construido nunca sobre la faz de la Tierra

Chichén Itza puede presumir de ser uno de los lugares más impresionantes que ninguna civilización ha construido nunca sobre la faz de la Tierra, donde el Templo de Kukulkán está considerado como una de las siete maravillas del mundo moderno. Sin embargo, lo que muy poca gente sabía es que a escasa distancia de uno de los monumentos más enigmáticos del mundo se encontraba otro misterio oculto: una cueva ritual sin alterar.

En la década de los sesenta, un equipo científico descubrió que bajó la superficie de Chichén Itza se encontraban una serie de misteriosas cuevas, que fueron cerradas inmediatamente para impedir que la explotación turística pudiera acabar con su magia antes de poder ser estudiadas a fondo. Sin embargo, aquel descubrimiento cayó en el más absoluto olvido, hasta que 14 investigadores han decidido redescubrirlo en pleno 2019.

Más de medio siglo más tarde, los investigadores del proyecto denominadoGran Acuífero Maya (GAM), de la mano de la National Geographic Society, han decidido regresar a una de esas cuevas. En concreto a Balamkú, un templo subterráneo que los científicos han calificado como «el mayor tesoro» de la zona, especialmente por su importancia histórica: no solo se encuentra en perfecto estado de conservación, sino que no ha sido saqueada, lo que ofrece a los expertos información muy valiosa.

Ubicada a 2,7 kilómetros al este de Kukulkán, esta cueva cuenta con una profundidad de 24 metros. Para acceder al laberíntico recorrido con el que cuenta la cueva hasta llegar a las primeras salas, es necesario bajar una gran escalera de piedra: a partir de ahí, los expertos han conseguido explorar cerca de 450 metros, aunque se calcula que es algo menos de un tercio del total de superficie que ocupa dicha gruta subterránea. Y lo que han encontrado, les ha maravillado.

Chichén Itza puede presumir de ser uno de los lugares más impresionantes que ninguna civilización ha construido nunca sobre la faz de la Tierra, donde el Templo de Kukulkán está considerado como una de las siete maravillas del mundo moderno. Sin embargo, lo que muy poca gente sabía es que a escasa distancia de uno de los monumentos más enigmáticos del mundo se encontraba otro misterio oculto: una cueva ritual sin alterar.

En la década de los sesenta, un equipo científico descubrió que bajó la superficie de Chichén Itza se encontraban una serie de misteriosas cuevas, que fueron cerradas inmediatamente para impedir que la explotación turística pudiera acabar con su magia antes de poder ser estudiadas a fondo. Sin embargo, aquel descubrimiento cayó en el más absoluto olvido, hasta que 14 investigadores han decidido redescubrirlo en pleno 2019.

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Más de medio siglo más tarde, los investigadores del proyecto denominadoGran Acuífero Maya (GAM), de la mano de la National Geographic Society, han decidido regresar a una de esas cuevas. En concreto a Balamkú, un templo subterráneo que los científicos han calificado como «el mayor tesoro» de la zona, especialmente por su importancia histórica: no solo se encuentra en perfecto estado de conservación, sino que no ha sido saqueada, lo que ofrece a los expertos información muy valiosa.

Ubicada a 2,7 kilómetros al este de Kukulkán, esta cueva cuenta con una profundidad de 24 metros. Para acceder al laberíntico recorrido con el que cuenta la cueva hasta llegar a las primeras salas, es necesario bajar una gran escalera de piedra: a partir de ahí, los expertos han conseguido explorar cerca de 450 metros, aunque se calcula que es algo menos de un tercio del total de superficie que ocupa dicha gruta subterránea. Y lo que han encontrado, les ha maravillado.

Aunque se conocía la existencia de la cueva, hasta ahora nunca nadie había conseguido adentrarse en su interior desde que los mayas dejeron de usarla aproximadamente en el año 800 d. C. Así, los científicos han conseguido encontrar en su investigación preliminar más de 200 artefactos arqueológicos, aunque el descubrimiento más destacado que se ha llevado a cabo tiene que ver con los espacios ceremoniales encontrados bajo tierra.

Hallados siete incensarios

Hasta la fecha, se han encontrado siete incensarios dedicados a Tlátoc, el dios mesoamericano del agua. Se trata de siete puntos rituales en los que se realizaban ofrendas a esta santidad, previsiblemente con la idea de pedir que tuvieran lugar lluvias en la zona: de esta manera, se han hallado estos recipientes con restos carbonizados de semillas, jade, concha y huesos, entre otras cosas, elementos que los mayas ofrecían a sus deidades en los rituales.

Los investigadores consideran que el «mayor tesoro» es que «no está alterado, no está saqueado y tenemos toda la información aquí«. Y su gran importancia radica en que debía de ser un lugar realmente especial e importante para los mayas, un sitio sagrado, pues, de lo contrario, no se trataría de un lugar tan recóndito y de tan difícil acceso. De hecho, los expertos lo consideran como un lugar determinante para tener una fotografía completa de la cultura maya.

Balamkú, que significa ‘Dios Jaguar’, es uno de los hallazgos más importantes de los últimos años para entender una de las civilizaciones más misteriosas de la historia de la humanidad. Los expertos, que están realizando un mapeo en 3D de la cueva, consideran que queda por recorrer casi un 70 por ciento del interior, un lugar nunca antes visitado y que esperan que siga ofreciendo respuestas para entender una de los mayores secretos de los mayas.

FUENTE

https://www.elconfidencial.com/cultura/2019-03-05/balamku-santuario-subterrano-chichen-itza-mexico_1862118/

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