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Ariadna y el ovillo de oro por María José Fernandez

Ariadna y el ovillo de oro por María José Fernandez

Ariadna es la hija del rey Minos y Pasifae de Creta y el padre tenía en un laberinto al minotauro, a quien había que alimentar con gente ateniense cada nueve años.

El rey Minos llevaba guerreando en el norte muchos años y su mujer, Pasífae, de tanto esperar y ver que su marido no venía, un día tuvo una criatura con un toro. Ésta tenía cuerpo de hombre y cabeza de toro. Minos, cuando llegó de la guerra, no se creía que su mujer le hubiese sido infiel. Entonces, lo primero que intentó fue matar al Minotauro, pero cuando se disponía a matarlo le faltó coraje para hacerlo.

Minos le pidió a Dédalo, el mejor inventor de la época, que crease una prisión para el monstruo y entonces Dédalo construyó un laberinto. Más de cincuenta soldados arrastraron al Minotauro dentro del laberinto, donde debería permanecer el resto de su vida. Una vez al año Minos ofrecía como alimento a siete muchachos y a siete doncellas al Minotauro.

Entonces Teseo, príncipe de Atenas e hijo del rey de Egeo, al que le parecía injusto que se le ofreciesen tales sacrificios, decidió viajar a Creta con el objetivo de matar al Minotauro. Ya estaba a punto de entrar, cuando una joven se le acercó, le dio un ovillo de hilo y le dijo: “Te hará falta para salir del laberinto. En cuanto entres, ata el ovillo en la puerta y vete soltándolo a cada paso que des. Cuando quieras salir, no tendrás más que recogerlo”.
La hija de Minos, Ariadna vio a Teseo y se enamoró de él, y por ello ayudó a Teseo con la condición de que se casara con ella y se la llevara lejos de su temible padre y claro que él aceptó.

Pero Teseo se arrepintió de sus palabras, ya que lo que sentía por Ariadna sólo era gratitud y nada más que gratitud. Entonces un día, tras llegar a la isla de Naxos, Teseo almorzó con Ariadna y, en cuanto ella se quedó dormida, Teseo zarpó sin ella.

Al despertar y ver el barco alejado en el horizonte, Ariadna lloró con un desgarrado llanto que empapó la arena y entristeció el viento. Aún así, su pena no duró mucho, ya que Baco se enamoró de ella y la tomó como esposa. Le regaló una diadema de oro que Júpiter convertiría muchos años después en una luminosa constelación de estrellas.

Cuando Minos supo que Teseo había matado al minotauro montó en cólera por lo que Teseo tuvo que apresurarse en la huída en la que lo acompañó Ariadna. Pero ella nunca llegó a ver la tierra de Teseo, Atenas, pues en una escala que él hizo en la isla de Naxos, la abandonó dormida en la orilla.

Las versiones de esta traición varían mucho y se han hecho un sinnúmero de hipótesis. Se ha dicho que Teseo dejó a Ariadna en la playa porque estaba enamorado de otra mujer, también que fue por orden de los dioses, o sino que mientras ella se encontraba en la playa recuperándose de un mareo, él regresó al barco, y este zarpó impulsado por un misterioso viento.

Pero, Ariadna no se amilanó mucho y olvidó sus penas de amor con el dios Dionisio, quien se había enamorado profundamente de ella. Se casó con ella y la llevó al Olimpo. Como regalo de bodas le dio una diadema de oro que hizo Hefesto y que luego se convirtió en constelación.

En la mitología la corona pertenece a Ariadna. Ésta no quería aceptar la propuesta de matrimonio de Dionisio, que tenía forma mortal, pues no quería casarse con un humano después de ser abandonada por Teseo. Para probar que era un dios, Dionisio se quitó la corona y la lanzó al cielo. Ariadna, se casó con él y se volvió inmortal. Otra leyenda dice que Dionisio le regaló a Ariadna una corona como regalo de bodas. Cuando ella murió, el dios arrojó la corona al cielo donde quedó como constelación.

Sus hijos con Dionisio fueron Toante, Estásfilo, Enopión y Pepareto.

Su muerte es objeto de varias versiones pues hay quienes dicen que Artemisa la mató, cumpliendo órdenes de Dionisio. Pero también hay quienes opinan que ella murió en la isla de Naxos, donde Teseo la había abandonado cuando ella dio a luz.

MARÍA JOSE FERNANDEZ

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