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El manual maldito de la Inquisición que calcinó vivas a 60.000 brujas

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«En nombre de nuestro Señor Jesucristo. Sepan todos los hombres por las presentes, […] que en el año de nuestro señor 1487 […] el supremo Pontífice que ahora reina […] ordenó y otorgó […] a los Inquisidores […] el poder de investigar e inquirir en la herejía de las brujas […] y les concede toda facultad de juzgar y proceder contra tales». Con estas palabras se hizo oficial, el 19 de mayo de 1487, la aprobación del «Malleus maleficarum» (o «Martillo de las brujas»).

Un manual creado por dos inquisidores para -entre otras cosas- detectar, capturar, juzgar y aniquilar a todas aquellas mujeres que, mediante la hechicería, cometieran atrocidades como embrujar a un hombre para que perdiera su miembro viril o mantener relaciones sexuales con demonios para engendrar criaturas infernales. Un libro maldito que provocó la muerte de hasta 60.000 mujeres inocentes.

Aunque hace más de medio milenio que aquellos inquisidores recopilaron y analizaron las creencias populares existentes sobre las brujas en este infame manual, hoy hemos querido recuperar sus enseñanzas más llamativas aprovechando el estreno de «La Bruja», un largometraje de terror dirigido por Robert Eggers que cuenta con la participación de actores como Anya Taylor («Atlantis») o Ralph Ineson («Guardianes de la galaxia»).

El filme, que ya ha sido calificado como una de las mejores películas de terror del año, ha llegado a España después de haber arrasado en taquilla en Estados Unidos y haber causado furor en el festival de «Sundance». Y todo ello, relatando la historia de una pareja de cristianos con casi media docena de hijos que tienen la mala suerte de instalarse, en 1630, en un bosque de Nueva Inglaterra dominado por un poder oscuro.

El nacimiento del libro maldito
A pesar de que la película de Eggers se desarrola en el siglo XVII, lo cierto es que la edad de oro de la brujería se vivió en Europa alrededor de los siglos XV y XVI. De hecho, fue durante esa oscura época en la que el papa Inocencio VIII publicó una bula (la Summis Desiderantes Affectibus) en la que corroboraba la existencia de brujas y hechiceros.

En ella, señalaba que estos seres habían «matado a niños que estaban aún en el útero materno y crías de los ganados» o que impedían «a los hombres realizar el acto sexual y a las mujeres concebir». Por ello el pontífice permitió la elaboración de un tratado esotérico que aglutinara todos los conocimientos existentes sobre este tema con el objetivo de acabar con dichos demonios. Unos seres que «renuncian a la Fe y […] a instigación del Enemigo de la Humanidad [Satán] y no se resguardan de cometer y perpetrar las más espantosas abominaciones».

Bajo el auspicio del Papa, que permitió juzgar los delitos de brujería como crímenes de herejía, se entregó la responsabilidad de crear este manual a los frailes dominicos (e inquisidores) Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger. Estos se propusieron recopilar todos los conocimientos existentes sobre estas hechiceras y añadir algunos campos nuevos relacionados con la caza.

«El primero, autor principal, era un teólogo, que había sido nombrado inquisidor para el sur de Alemania en 1474. Sprenger era profesor de teología en la Universidad de Colonia, fue nombrado inquisidor de Renania en 1470. Ambos habían cooperado en el procesamiento de brujas», explica Anna Armengol (de la Universidad Autónoma de Barcelona) en su dossier «Realidades de la brujería en el siglo XVII: Entre la Europa de la caza de brujas y el racionalismo hispánico». El resultado fue una curiosa «enciclopedia de las brujas» que puso sobre papel el conocimiento existe sobre estos supuestos seres y dio, en palabras de esta autora, «credibildiad y autoridad» a su existencia.

Una estructura perfecta
En su libro «Mitos del individualismo moderno», el historiador Ian Watt señala que el Malleus plasmaba en detalle «las creencias y las prácticas de las brujas y los modos idóneos de reconocerlas, apresarlas, condenarlas y quemarlas en la hoguera». El manual fue, además, un auténtico «best seller» de su época, pues fue reeditado catorce veces hasta el año 1520 convirtiéndose, sin duda, la obra más vendida de su tiempo.

Su estructura, según Primitivo Martínez Fernández (autor de «La Inquisición, el lado oscuro de la Iglesia») se divide en tres partes. En la primera, se da por sentado que las hechiceras existen y se señalan los males que realizan. En la segunda, «se describen las formas de brujería, cómo lanzan hechizos» y cómo se pueden evitar sus acciones. La tercera parte es la dedicada a los cazadores de estos seres, pues en ella se hace una relación de la forma de encontrar y destruir a estos seres diabólicos.

«El Malleus se estructura en tres partes: El demonio, el brujo y la permisión divina (que busca probar la existencia de la brujería); la forma de inferir maleficios y de luchar felizmente contra ellos (formas de brujería y cómo actuar contra ellas); y las veinticinco cuestiones pertinentes a la actución judicial (una explicación del proceso judicial que el inquisidor debe llevar a cabo). Es esta parte, por su contenido judicial, la que lleva a que se considere como un manual inquisitorial. Ya que supone una guía en la que se explica como se debe llevar un juicio», explica a ABC la historiadora y antropóloga social y cultural Rocío Rivas Martínez.

Hereje el incrédulo
A pesar de que esta obra cuenta casi con 200 páginas, sus bases se establecen en los primeros capítulos. Uno de sus primeros preceptos señalaba, como ya había afirmado el Papa, que la existencia de las brujas era una realidad tangible y que todo aquel que negara su existencia sería considerado como un hereje.

«Yerran quienes dicen que la brujería no existe, sino que es algo puramente imaginario, aunque no creen que los diablos existan, salvo en la imaginación de la gente ignorante y vulgar, Esto es contrario a la verdadera fe, que nos enseña que ciertos ángeles cayeron del cielo y ahora son demonios, y debemos reconocer que por naturaleza son capaces de hacer cosas que nosotros no podemos […] Y como la infidelidad en una persona bautizada se denomina técnicamente herejía, esas personas son lisa, y llanamente herejes», explica el propio manual.

Las novedades del Malleus
Rivas, por su parte, es de la opinión de que sus novedades se suntentan en tres puntos. «La primera novedad es que auna libros anteriores y recoge y utiliza diversas fuentes: la Biblia, la Suma Teológica de Santo Tomás, el Directorium Inquisitorium de N. Aymerich (1376), el Formicarius de J.Nider (1435)… A lo que suma supersticiones, tradiciones y ejmplos de juicios. En segundo lugar, va más allá porque explica cómo son las brujas, cómo actuan, cómo reconocerlas…Es decir, un argumento que se basa en probar y justificar su existencia. Finalmente, también cuenta con una parte de materia judicial y criminológica».

Todo ello hizo que fuera considerado el manual básico de todo inquisidor. «Se ha llegado a definir como la enciclopedia del inquisidor. Se le consideró de esta forma porque tuvo una gran difusión gracias a la imprenta y contaba con un lenguaje y una estructura sencilla y fácil de entender», completa. Con todo, lo cierto es que la novedad del Malleus Maleficarum no fue solo hablar sobre la forma de dar caza y aniquilar a una bruja, sino sensibilizar a la sociedad de que había que tomarse la hechicería como un problema social general.

«El Papa ya era consciente de la existencia de las brujas. De hecho, la Inquisición medieval ya tenía un proceso para combatir esta práctica como herética porque era un fenómeno antiquísimo. En la Odisea de Ulises, por ejemplo, ya aparecía una bruja que convertía a los hombres en animales. En el Malleus lo que se planteó por primera vez es que la brujería era un problema colectivo. El manual generó la necesidad de luchar contra lo que, según se creía, era un mal público», explica -en declaraciones a ABC- el doctorado en Historia moderna y autor de varios libros sobre la Inquisición Ricardo García Cárcel.

En palabras de García, el Malleus fue una llamada a la opinión pública europea con respecto a los peligros y la perversidad de las brujas como grupo. «El Malleus lanzó el dedo acusador sobre el peligro que suponía a Europa el fenómeno colectivo de las brujas», explica. Un grupo, por cierto, que ganó repercusión en la sociedad no tanto por sus rituales, que también, sino por la importancia que se le otorgó desde la iglesia.

Y es que, esta institución comenzó a dar importancia a lo que la cultura popular decía de las hechiceras reuniendo y validó los «chismes» y las leyendas que se habían generalziado en la sociedad sobre la brujas. «A partir de 1580 los intelectuales empezaron a justificar una brujería que, hasta entonces, solo existía en la cultura popular. La caza de brujas alcanzó entonces unos niveles tremendos en Europa. Los intelectuales legitimaron lo que las brujas decían de sí mismas. Además, en el siglo XVI se desató la obsesión por la caza de brujas porque se introdujo la idea de que el demonio estaba en todas partes y que las brujas habían sido creadas por él», añade el doctor.

Mujeres, las brujas por excelencia
Además de por ser un interesante compendio de brujería, una de las principales características del Malleus es que entiende que la brujería es una actividad realizada casi exclusivamente por mujeres. No en vano en su interior se puede leer que hay que considerar hechiceras «ante todo a las mujeres porque este tipo de perfidia se encuentra en un sexo tan frágil, más que en los hombres».

Rivas, en declaraciones a ABC, es partidaria también de esta teoría: «Cuando hablamos de bruja nos referimos en su mayoría al género femenino, pues aproximadamente el 80% de los procesados por brujería fueron mujeres». García llega más lejos, pues cree que este libro, y la persecución masiva contra este género se llevó a cabo para luchar contra el feminismo incipiente que estaba avanzando en la sociedad de entonces.

Fuera por la causa que fuese, el Malleus (y la ingente cantidad de libros que recopilaron sus autores para elaborarlo) terminaron dando como resultado la imagen de una bruja bastante similar a la que tenemos ahora.

«El concepto de bruja se ha ido definiendo a lo largo de la historia y llega a su culmen en la Edad Moderna. Se puede decir, que el resutado de todo este proceso fue la configuracuión de la visión de bruja de los S.XV-XVI: mujeres de avanzada edad, apartadas de la sociedad y pobres, domindas por el diablo, cuyo ámbito se ceñía a la noche y eran capaces de desarrollar todo tipo de acciones dañinas: matar animales, destrozar cosechas, embrujar hombres, provocar catastrofes naturales, secuestrar niños, generar epidemias…», explica Rivas.

La enciclopedia del inquisidor llega a firmar, incluso, que estas hechiceras podían volar de un lado para otro para hacer el mal y que usaban animales fétidos y hierbas alucinógenas como la belladona para sus oscuros rituales.

Sin embargo, si por algo destacaban las brujas -siempre según el Malleus- era por su obsesión por el sexo grupal. En este punto coinciden Rivas y García. La primera explica que los inquisidores del siglo XVI creían que estas mujeres solían reunirse en un aquellarre o sabbat para realizar rituales extraños: «Era una reunión de las brujas con el diablo, en la que se realizaban ritos de iniciación, pactos con Satán y se entregaban a él mediante prácticas sexuales. Se renegaba además de Dios, se realizaban misas negras (contrapuestas a las homilías oficiales)…».

El historiador, por su parte, considera que en estas reuniones hacían fiestas de culto al demonio y que en ellas abundaban la «inversión de sexos» y los «orgasmos colectivos». ¿La razón? En palabras del experto, porque el culto a la fertilidad era uno de los fundamentos de la brujería en su manifestación originaria.

Magia negra para esconder penes
Ni su capacidad para volar en escobas, ni sus habituales verrugas en la punta de la nariz. A pesar de lo recurrentes que puedan parecer estas características tan tópicas de las hechiceras, no aparecen casi en el Malleus. Por el contrario, a lo que sí dedican una amplia amalgama de páginas los autores es a tres temas diferentes: las contínuas relaciones sexuales que mantienen las brujas con los enviados del diablo, su obsesión por el sexo y el sémen y, finalmente, su capacidad para ocultar o arrancar el «miembro viril» (en ninguna ocasión se habla de «pene» en el Malleus) de los hombres mediante raros conjuros.

Las dos primeras son las más habituales. «A lo largo del Malleus se hace referencia a las prácticas sexuales de los demonios incubos o el diablo con las mujeres, desarrolladas sobre todo en el aquelarre. En mi opinión, se podría deber en gran parte al concepto que los propios autores (Kramer y Sprenger) tienen de la mujer y que recogen en el libro: se la define como un ser imperfecto, débil, propicia al mal, de una lujuría insaciable… Y, por otro lado, porque a través de la unión sexual con el diablo, la mujer pasa a ser su sierva y obtiene el poder para desarrollar todo tipo de males sobre la comunidad», determina Vivas en declaraciones a ABC.

El último acto -la eliminación del pene- es el que nos ocupa y, al parecer, las brujas lo llevaban a cabo por pura maldad. «No hay dificultades en la ocultación del miembro viril por algún prestigio o hechizo por parte de la bruja […] como si lo arrancaran […] En mayor medida puede el diablo llevar a la imaginación la apariencia de un cuerpo liso, no provisto de un miembro viril, de manera tal que los sentidos crean que se trata de un hecho concreto», señalaban los autores del Malleus en sus páginas.

Con todo, Kramer y Sprenger eran partidarios de que las brujas solo tenían la capacidad de engañar a dos de los sentidos de los seres humanos (la vista y el tacto) para que no vieran los penes de los hombres, pero que estos conjuros pueden ser rotos. Según sus palabras, no sucedía lo mismo con Satán.

«Podría preguntarse si el demonio por sí mismo, y sin una bruja, puede arrebatar a alguien el miembro viril y si existe alguna diferencia entre uno y otro tipo de privación. […] Es posible decir que cuando el diablo se lleva un miembro por sí mismo, se lo lleva en realidad, y cuando hay que restablecerlo lo restablece de verdad. Así como se lo arrebata sin herir, así también se lo arrebata sin dolor», se explica en el texto.

Casos «verdaderos» de evaporación de penes
Además de hacer referencia a esta magia, los autores del Malleus también desvelaban en el libro dos situaciones presuntamente verdaderas en las que unas brujas arrebataron su miembro viril a un hombre. La primera, según dejaron escrito en el libro, se suceció en Ratisbona en un año no especificado.

Allí «cierto joven que tenía una intriga con una muchacha y deseaba abandonarla, perdió su miembro, es decir, que se arrojó sobre él algún hechizo de modo que no podía ver ni tocar otra cosa que su cuerpo liso». En palabras de los monjes, nuestro protagonista se desesperó tanto por la desaparición de su pene que decidió emborracharse en la taberna para olvidar lo sucedido. Sin embargo, allí le aconsejaron que forzara a la hechicera a devolverle su miembro por las bravas.

«Por la noche el joven vigiló el camino que la bruja acostumbraba seguir, y al encontrarla le rogó que restableciese la salud de su cuerpo. Y cuando ella afirmó que era inocente y que nada sabia de eso, él se le arrojó encima, le enrolló con fuerza una toalla en el cuello, y la asfixió, diciéndole: “Si no me devuelves la salud morirás a mis manos”. Entonces ella, incapaz de gritar Y con el rostro ya hinchado y ennegrecido, dijo: “Suéltame y te curaré”. El joven entonces aflojó la presión de la toalla, y la bruja le tocó con la mano entre los muslos, y dijo: “Ahora tienes lo que deseas”. Y el joven, como dijo después, sintió con claridad, antes de verificarlo con la vista y el tacto, que el miembro le había. sido devuelto por el simple contacto de la mano de la bruja», se determina en el Malleus.

No es la única experiencia que se narra en el Malleus sobre un hombre al que le desaparece el pene por arte de magia (hablando literalmente). A continuación, los autores recogen el testimonio de un sacerdote que dice haber sido testigo de esta curiosa mutilación. Al parecer, el joven le explicó al religioso durante una confesión que había perdido su miembro. En principioel religioso no le creyó. No obstante, cuando le hizo desvestirse vio de primera mano que no tenía pene, por lo que ambos supusieron que le había sido arrebatado por una cruel hechicera.

«Luego, usando el consejo más prudente que pude, le pregunté si sospechaba que alguien lo hubiese hechizado de esa manera. Y el joven respondió que sospechaba de alguien, pero que estaba ausente y vivía en Worms. Entonces le dije: `Te aconsejo que vayas a ella lo antes posible y te esfuerces por ablandarla con dulces palabras y promesas’, y así lo hizo. Porque volvió luego de pocos días y me agradeció, diciéndome que estaba intacto y que había recobrado todo. Y yo creí sus palabras, pero una vez más las confirmé con la evidencia de mis ojos”», se explica en el Malleus.

Tres remedios «desesperados» de volver a tener pene tras un conjuro
1-Reconciliarse con Dios por medio de una confesión.

2-Llegar a un «entendimiento amistoso» con la bruja.

3-Arrodillarse frente a la elevación del santo Sacramento (especialmente válido para aquellos que hayan sido convertidos en animales).

El proceso de la Inquisición contra una bruja (por Rocío Vivas)

En la tercera parte del Malleus, Kramer y Sprenger recogen cómo se debía desarrollar un proceso contra una bruja y mencionan el juicio Ravensburg (Alemania, 1484) como modelo ideal. En dicho proceso, estuvo presente Kramer y finalizo con la condena a la hogura de varias mujeres. Estas fueron acusadas de brujería por provocar alteraciones climatológicas (tormentas de granizo, nieve…) que acabaron con las cosechas de la comunidad. Dicho esto, el proceso según el Malleus constaba de diferentes pasos:

1-Denuncia: acusar de herejía a una persona. Se podía realizar de forma pública (una persona acusa ante el juez a otra) o privada (no hay denuncia como tal, existe el rumor de su existencia y el inquisidor inicia el proceso).

2-Testificar. A los testigos se les coge testimonio bajo juramento.

3-Arresto. Si el juez/ inquisidor así lo creía, se producía el arresto del denunciado.

4-Interrogatorio del acusado bajo presión/tortura. El objetivo era que la persona reconociese su culpabilidad mediante torturas como la garrucha o el potro. A veces, esta tortura iba acomapañada de una serie de pruebas para saber si la persona era realmente un bruja: examinar el cuerpo buscando alguna señal o malformación, la prueba del hierro caliente (quemar con un hierro bendecido y si no quedadaba señal de quemadura no era bruja) o la prueba del agua (se ataba al acusado y se le introducía en un pozo, si se hundía era inocente).

5-«Defensa» del acusado. El acusado disponía de un abogado si lo deseaba para su defensa.

6-Juicio y condena: por lo general la resolución del juicio era la de culpabilidad y el acusado acababa muriendo en la hoguera o en la horca. En otras ocasiones, podían ser culpables pero no ser condenadas a muerte.

Fuente: ABC

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