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El misterio de “El hombre de la máscara de hierro”, por fin resuelto

mascara de hierro

A finales de julio de 1669, François-Michel le Tellier, marques de Louvois y secretario de Guerra de Luis XIV, envió una carta confidencial a Bénigne Dauvergne de Saint-Mars, alcaide de la prisión de Pinerolo –una comuna del noroeste de Italia que en aquel entonces pertenecía a Francia–. En ella le indicaba que pronto llegaría a la cárcel un prisionero, Eustache Dauger, con el que debía tomar especiales precauciones:
“Es de la máxima importancia para el servicio de Su Majestad que sea custodiado con grandes medidas de seguridad y que no pueda dar información a nadie de ninguna manera, ni por carta. Os aviso con antelación para que podáis apercibir un calabozo en el que nadie pueda comunicarse con él. Haced de modo que el lugar donde se encuentre no tenga acceso a otros en los que pueda entrar gente, y que todas las puertas estén bien cerradas para que los centinelas no puedan escuchar nada”.

A finales de julio de 1669, François-Michel le Tellier, marques de Louvois y secretario de Guerra de Luis XIV, envió una carta confidencial a Bénigne Dauvergne de Saint-Mars, alcaide de la prisión de Pinerolo –una comuna del noroeste de Italia que en aquel entonces pertenecía a Francia–. En ella le indicaba que pronto llegaría a la cárcel un prisionero, Eustache Dauger, con el que debía tomar especiales precauciones:
“Es de la máxima importancia para el servicio de Su Majestad que sea custodiado con grandes medidas de seguridad y que no pueda dar información a nadie de ninguna manera, ni por carta. Os aviso con antelación para que podáis apercibir un calabozo en el que nadie pueda comunicarse con él. Haced de modo que el lugar donde se encuentre no tenga acceso a otros en los que pueda entrar gente, y que todas las puertas estén bien cerradas para que los centinelas no puedan escuchar nada”.

El filósofo francés extendió la idea de que “el hombre de la máscara de hierro” debía ser una persona importante y reconocible, y era por ello que nadie podía verle la cara –quizás desconocía el hecho de que existían documentos oficiales donde se citaba su nombre real–. En sus textos aseguró que era un joven alto y hermoso, a quien no se le negaba nada de lo que pedía en la cárcel. Vestía finos vestidos y tocaba la guitarra, pero no mantenía contacto alguno con el personal de la prisión. A excepción del alcaide, sólo trataba con él el guarda que le alimentaba, que era sordomudo.

El filósofo francés extendió la idea de que “el hombre de la máscara de hierro” debía ser una persona importante y reconocible, y era por ello que nadie podía verle la cara –quizás desconocía el hecho de que existían documentos oficiales donde se citaba su nombre real–. En sus textos aseguró que era un joven alto y hermoso, a quien no se le negaba nada de lo que pedía en la cárcel. Vestía finos vestidos y tocaba la guitarra, pero no mantenía contacto alguno con el personal de la prisión. A excepción del alcaide, sólo trataba con él el guarda que le alimentaba, que era sordomudo.

Pero en su nuevo libro, ‘The Search for the Man in the Iron Mask: A Historical Detective Story’, el historiador de la Universidad de California en Santa Barbara Paul Sonnino, propone una teoría alternativa que, asegura, encaja con todos los documentos existentes sobre el misterioso prisionero.
La tesis de Sonnino es fruto de tres décadas de investigación, en las que el historiador ha revisado toda la correspondencia en la que podría mencionarse al reo en cuestión, así como los registros oficiales y las evidencias históricas con las que se cuenta hasta la fecha.

“Los historiadores serios rechazaron hace mucho tiempo la leyenda popularizada por Voltaire y Dumas de que era el hermano gemelo de Luis XIV”, explica el historiador en la nota de presentación de su libro. “Hay un acuerdo más o menos sólido de que el nombre del prisionero era Eustache Dauger, que sólo de vez en cuando llevaba máscara y que cuando la llevaba era de terciopelo, no de hierro. Están también bastante seguros de que era un sirviente. Lo que no han podido averiguar es quién era exactamente y por qué razón fue encarcelado con las máximas medidas de seguridad durante más de 30 años”.

Un pobre hombre

La misiva que el marques de Louvois envío a Saint-Mars es la primera referencia que existe sobre el preso, cuyo nombre sólo aparece en cartas o registros en contadas ocasiones. Hay que esperar a 1687 para ver de nuevo el nombre de Dauger en un documento, cuando Saint-Mars transportó al prisionero, oculto con una máscara, a la isla de Santa Margarita.
Sin duda, la historia del preso está irremediablemente unida a la de su alcaide. En septiembre de 1698 Saint-Mars fue nombrado gobernador de la prisión de la Bastilla, en París. Fue entonces cuando Etienne de Junca, segundo jefe de la prisión entre 1690 y 1706 escribió en su diario que, al trasladarse a la Bastilla, Saint-Mars trajo consigo un antiguo prisionero enmascarado, que había permanecido bajo su custodia desde sus tiempos en Pinerolo.

De Junca no vuelve a mencionar al preso en su diario hasta el 19 de noviembre de 1703, cuando apunta que “el reo que siempre está enmascarado con un terciopelo negro” ha muerto y ha sido enterrado bajo el nombre de Marchioly.
Estos son los únicos datos reales que se conocen sobre el preso, por lo que, para averiguar su verdadera identidad solo es posible descartar una a unA las posibles personas que encajen cronológicamente con los registros. Y Sonnino traza en su libro una teoría coherente, lógica y satisfactoria sobre la verdadera identidad del finado.

¿Quién era Eustache Dauger?

El historiador californiano ha llegado a la conclusión de que Dauger era un ayudante de cámara de Jules Mazarin, más conocido como el cardenal Mazarino, sucesor del cardenal Richeliu como primer ministro francés, durante la infancia y juventud de Luis XIV.
En el transcurso de su mandato como primer ministro, Mazarin acumuló la mayor fortuna privada del Antiguo Régimen: 35 millones de libras francesas, 8 de las cuales guardaba en efectivo (tanto como la caja del Banco de Ámsterdam, el más grande de la época). Y al morir legó al rey todos sus bienes.

Aunque el cardenal nunca fue un muerto de hambre, labró su gigantesca fortuna en menos de una década, sobre todo a base de especular con los fondos del Estado y el valor de las divisas, además de cobrar jugosas comisiones, a través de testaferros, por aprovisionar a los ejércitos. Podemos pensar que la corrupción no es un invento español, aunque, técnicamente, Mazarin también lo era: nació en los Abruzzos –hoy Italia, pero entonces territorio español– y estudió en la Universidad de Alcalá de Henarés.
Vergüenzas patrias aparte, resulta que Dauger era el encargado de gestionar las cuentas del cardenal, y conocía al dedillo sus actividades ilícitas. Y eso sí era un importante secreto de Estado. “Lo que he sido capaz de determinar”, explica Sonnino, “es que gran parte de la fortuna de Mazarin provenía de haber estafado al anterior rey de Inglaterra, y que Dauger fue arrestado años después, justo cuando Luis XIV estaba tratando de convencer a su hijo, el actual rey de Inglaterra, para que se uniera con él en una guerra. Dauger debía haberse ido de la lengua en el momento equivocado y cuando fue detenido fue alertado de que, si revelaba su identidad, le matarían de inmediato”.
Al final lo que demuestra la verdadera historia de “el hombre de la máscara de hierro” es que los mayores sufrimientos están reservados para las personas humildes. El cardenal Mazarino murió en 1661 y desde ese momento Dauger quedó totalmente desprotegido. Nadie trató de liberarle: era un “don nadie” sin ningún poder que, sencillamente, sabía algo que no debía hacerse público.

Fuente: El Confidencial

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