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LOS MONARCAS DE BELCEBÚ por José Manuel Frías

Jose Manuel Frias 1La monarquía es símbolo de poder y ambición, y a veces, esos dos conceptos unidos parecen estar relacionados directamente con comportamientos y acciones que podrían calificarse de extravagantes. Quizá por ello, han sido muchos los reyes que a lo largo de la historia de la humanidad, han sentido una fuerte atracción por el mundo de la magia y el esoterismo, ya fuera por verdadero interés, o tal vez porque esas inclinaciones suponían una novedad o un privilegio propio de gente poderosa y con inmunidad política y religiosa. Pero no siempre se puede hablar de inocentes conocimientos dentro del campo de la hechicería, ya que en muchas ocasiones, ha quedado palpable que determinados monarcas se han acercado demasiado al lado oscuro, ejerciendo practicas demoníacas, manteniendo una curiosa relación con los súbditos del maligno, o pactando con el mismísimo Belcebú.

Los Pactos Satánicos del Rey Salomón

     El popular monarca de Israel y constructor del mítico templo que lleva su nombre, Salomón (Siglo X a.C.), ha sido considerado desde siempre como uno de los hombres más sabios que han pisado nuestro planeta, además de ser poseedor de una inmensa fortuna y un poder político inmejorable. Pero existen pasajes históricos que ponen en entredicho su generosidad y rectitud, como fue la orden que dictaminó de ejecutar a su propio hermano, para evitar que subiera al trono que legítimamente le correspondía. De esta forma tan siniestra, Salomón comenzó a vestir los ropajes dignos de un monarca, viviendo desde entonces rodeado de toda clase de lujos.

     No era, por cierto, un hombre excesivamente casto, ya que sentía una enorme atracción por el género femenino, y en su corte llegó a poseer más de setecientas reinas y trescientas concubinas. Suponemos que sus noches debían de ser ciertamente entretenidas… Por otro lado, podemos asegurar que gran parte de los textos atribuidos a Salomón, en los que se manifiesta su profunda sabiduría, fueron escritos varios siglos después de su muerte, como demuestran diversos estudios. O sea, el sabio no era él.

     Uno de los arquetipos esotéricos más importantes de todos los tiempos es el famoso “Sello de Salomón”, estrella de cinco puntas en cuyo interior se encuentra grabado el nombre de Dios. Aunque mucha gente lo ha utilizado como amuleto para defenderse del lado oscuro, muy pocos conocen lo que narra la tradición en torno a este objeto. Cuentan las crónicas que los conocimientos tan avanzados que Salomón poseía sobre el maligno, procedían del propio demonio, al que el monarca tenía a su servicio, lo que le proporcionó una serie de secretos y conocimientos privilegiados. Quizá por todo ello, la figura de éste popular rey ha estado unida a diversos escritos sobre satanismo que se le atribuyen, como son las “Clavículas de Salomón”.

     Parece ser que los últimos años de vida del monarca, fueron un maremagno de situaciones extrañas, donde se conjugaba la magia negra y el esoterismo. Es en ese momento cuando presuntamente decide realizar un pacto con el diablo que le permitiera, a cambio de su alma, ser el hombre más poderoso y rico del planeta. Tanto es así que en diversas fuentes árabes, entre las cuales se encuentra la mítica “Mil y Una Noches”, se habla de Salomón, hijo de David, como “Señor de los Ifrit”. Estos eran ni más ni menos que unos genios malditos con capacidades asombrosas si se lograban dominar. En dicha publicación, el último monarca de Israel aparece como dueño de una legión de estos seres, a los que encerraba en jarrones cuando no le eran útiles, sellando dichos compartimentos, curiosamente, con un sello de plomo donde aparecía el nombre de Dios.

Nabucodonosor II, el primer licántropo

     De todos los reyes que portaron este nombre, fue Nabucodonosor II (605-562 a.C.) el más afamado por sus facultades militares. Tanto es así, que en la actualidad existen juegos de diversas plataformas de ocio, que llevan el nombre del monarca de Babilonia. Mientras que algunos lo consideraban un héroe en el pasado por conquistas tan importantes como las de Judá y Jerusalén, otros criticaban su maldad a la hora de asesinar despiadadamente durante sus incursiones.

     Aunque existían historiadores clásicos que pensaban que en los últimos años de su vida Dios quiso castigarle por su maldad, otros opinaron que sus desgracias eran producto de un pacto con el demonio, del que pretendía obtener pingues beneficios económicos y políticos. El caso es que se convirtió de la noche a la mañana en el primer licántropo de la historia, o sea, el primer hombre lobo que aparece en libros de historia.

     Fue en el año 568 a.C., cuando el rey comienza a experimentar extraños cambios, perdiendo poco a poco la cordura. Tras eso, se deja crecer el cabello y no se asea, para terminar caminando a cuatro patas y desnudo por la calle. Un mal día desaparece en la selva, donde vive durante siete años entre los lobos, con los que convive como si fuera uno más de la manada aullando como ellos y comiendo hierbas y animales cazados por él mismo.

Tras esos siete años, en los que incluso su rostro y su mirada adquieren la apariencia de un animal, recupera su cordura y regresa a palacio, lo que echa por tierra la idea de una simple demencia senil. Todo parecía indicar que dentro del presunto pacto satánico, Nabucodonor II había cumplido con su parte, a cambio haber disfrutado de un inmenso poder y fortuna durante toda su vida y, quién sabe, quizá también en el otro mundo tras su muerte.

Magia en la Corte de Felipe II

     En épocas más recientes nos encontramos con la figura del monarca español Felipe II (1527-1598), al que muchos apodaron como “el prudente”. Los historiadores parecen coincidir en que fue un pésimo rey, ya que si su padre había dejado al país económicamente descubierto, Felipe II lo dejaría al borde la crisis.

     Una de las acciones más conocidas de este introvertido rey fue la de la construcción del palacio de El Escorial, patrimonio de la humanidad que muchos consideran como una obra hermética solo comprensible para iniciados. Y es que Felipe II siempre se hizo rodear en su corte por toda una legión de magos y alquimistas, dada su profunda atracción por el esoterismo. Tanto es así, que se le consideraba como poseedor del Pronosticón, un extraño instrumento que era usado para ser consultado antes de una decisión, hallándose en él la respuesta oportuna. Aquel particular oráculo se conserva en nuestros días en la Biblioteca de palacio.

     Dentro de la enorme cantidad de objetos misteriosos que fueron ajuar habitual del monarca, encontramos una multitud de enigmáticos espejos, supuestamente con propiedades mágicas. Uno de esos espejos se puede contemplar en nuestros días en el Museo Británico, donde se conserva en una de sus vitrinas. Estaban todos ellos realizados en obsidiana y sus utilidades, que eran muchas, pasaban por ser un medio de contacto con los demonios. Según cuentan, Felipe II llegó a conversar con el mismísimo Satán, e incluso hay quienes afirman que pactó con él, obteniendo de esa negociación los conocimientos necesarios para erigir el propio palacio de El Escorial.

JOSE MANUEL FRIAS

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