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El mayor misterio de la década: el vídeo del ascensor del Cecil Hotel

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El 31 de enero de 2013 la cámara de seguridad de un hotel de Los Ángeles grabó por última vez a Elisa Lam. Y es imposible ver las imágenes sin sentir un tremendo escalofrío

27 de enero de 2013: la visita

Elisa Lam, una joven canadiense de 21 años, llega a la estación central de Los Ángeles. La visita forma parte de un largo viaje que había planeado en solitario por toda California. Tras pasar tres años estudiando en la Universidad de la Columbia Británica, en Vancouver, Elisa empezó a sufrir depresión y, para romper con ella, decidió hacer las maletas. A sus padres –ambos emigrantes chinos– no les gustó la idea, pero Elisa estaba decidida a marcharse.
La joven planeaba pasar unos días en Los Ángeles y reservó una habitación en un hotel del centro sin pensar, quizás, que se estaba hospedando en la peor calle del peor barrio de la ciudad. Si Elisa hubiera visto un mapa se habría percatado de que el barrio es conocida como Skid Row: la expresión estadounidense para referirse a la zona más deprimida de una ciudad, donde se amontonan mendigos, alcoholicos y yonquis. Y los bajos fondos de Los Ángeles no son como para tomárselos a broma.
Allí, en Main Street, la arteria principal del barrio, se levanta el Cecil Hotel –hoy rebautizado como Stay on Main–, un envejecido establecimiento de los años 20, con 600 habitaciones de bajo coste. Ese fue el lugar escogido por Elisa para hospedarse durante su estancia de cuatro días en L.A. Y, como escribió en su Tumblr, le pareció un sitio interesante: “Fue construido en 1928 de ahí su estilo Art Decó. Así que sí, tiene clase, pero como todo L.A. está en decadencia. Desde luego este es el sitio que Baz Luhrman necesita para rodar el Gran Gatsby”.
La tarde del 31 de enero, la última noche que planeaba pasar en L.A., Elisa estuvo en una librería cercana, Last Bookstore, donde compró algunos libros y discos. Días más tarde la dependiente que la atendió, Katie Orphan, declaró que era una chica “muy extrovertida, muy animada y muy amable”. La joven volvió con sus compras al hotel y fue observada por el personal al entrar en el mismo. Fue la última vez que alguien la vio con vida.

6 de febrero de 2013: el anuncio
Un grupo de detectives de la división de robos y homicidios de la policía de Los Ángeles ofrece una rueda de prensa. Anuncian la misteriosa desaparición de una turista canadiense que fue vista por última vez la noche del 31 de enero en el Cecil Hotel.

La policía describió a Elisa como una mujer asiática, con pelo negro y ojos marrones, una estatura de 1,62 metros y 52 kilos de peso. En la nota de prensa, que incluía una fotografía de la joven, la policía admitía que la desaparición era “sospechosa y podía tratarse de un acto criminal”. Se pedía toda la ayuda posible a los ciudadanos.
Los padres de Elisa estaban preocupados desde el mismo día 1 de febrero, el primero de su desaparición, pues su hija llamaba a diario a casa, algo que levantó aún más las sospechas de la policía: la joven, sencillamente, había dejado de dar señales de vida. Cuando se hizo público el caso su familia llevaba ya varios días en Los Ángeles buscándola.
Pese a la rueda de prensa, la desaparición sólo preocupó a los medios canadienses y no demasiado. Al fin y al cabo, no era algo tan raro.
13 de febrero de 2013: el vídeo
La policía de L.A. convoca una nueva rueda de prensa. Elisa sigue sin aparecer, pero han encontrado una pista relevante: un vídeo del ascensor del hotel en el que aparece la joven en la medianoche del 31 de enero. Es lo último que se sabe de ella. Y es escalofriante.

En la grabación de la cámara de seguridad, de 3 minutos y 59 segundos, se ve a Elisa actuar de un modo extrañísimo. Primero mira los botones del ascensor, como pensando a qué piso debe ir, pero no parece presionar ninguno. Después mira en el pasillo, y parece ver u oir algo, así que se esconde en la esquina del ascensor. Y aquí empieza el comportamiento verdaderamente extraño: la chica sale al pasillo, vuelve a entrar, vuelve a salir, y empieza a hacer cosas muy raras.
Parece un vídeo de una película pero es completamente real. Y da miedo. Finalmente se cierra la puerte del ascensor y no volvemos a ver a Elisa. Nunca más.
Como era de esperar, de forma inmediata el vídeo se hizo viral en EEUU y China: recibió más de tres millones de visitas en sólo 10 días. Hoy hay docenas de versiones de la misma grabación en YouTube.
18 de febrero de 2013: el cuerpo
Cinco días después de la publicación del vídeo, un huésped del hotel acude a recepción para advertir que la presión del agua de la ducha es inusualmente baja. Otro cliente se quejó de que tenía un “sabor extraño”. Un tercero aseguró que, al encender la ducha, el agua tenía un color oscuro que desapareció después de unos segundos.
Como muchos rascacielos antiguos, el Cecil Hotel usa un abastecimiento de agua por gravedad. En la azotea tiene cuatro tanques de 1.000 galones (3.785 litros) que suministran agua a todo el edificio. Como es lógico, este fue el primer lugar al que se dirigió el encargado de mantenimiento cuando se recibieron las quejas. Allí encontró el cuerpo sin vida de una mujer.

El 21 de febrero la policía anunció lo que ya era un secreto a voces: el cadáver del tanque no era otro que el de Elisa Lam. Se la encontraron desnuda, pero su ropa estaba flotando en el tanque; y era la misma que llevaba en el vídeo: un pantalón corto, una camiseta, ropa interior negra, sandalias y una sudadera con capucha de American Apparel. En rueda de prensa, los agentes explicaron que el cuerpo llevaba días en el tanque y, aunque no mostraba ningún signo obvio de trauma externo, no descartaban un posible homicidio.
El hallazgo del cuerpo planeó más preguntas de las que resolvió. En la azotea no había cámaras de seguridad y, aunque la puerta para acceder a ella no estaba cerrada, la dirección del hotel aseguró que contaban con una alarma. Si alguien hubiera asesinado a Elisa tendría que haber evitado la alarma, subir al tanque usando una escalera de más de tres metros con el cadáver a cuestas, abrir una escotilla, y arrojar el cuerpo al agua sin que nadie viera nada. La otra posibilidad es que Elisa hubiera decidido subir a la azotea en plena madrugada, escalar a un tanque de agua que no había visto en su vida, abrir la escotilla y tirarse dentro (o caerse).
Como apunta Josh Dean en ‘Matter’, probablemente el periodista que ha estudiado más a fondo todo el caso, en un extensísimo reportaje en el que aporta nuevos detalles desconocidos de la historia, “ninguna de las posibilidades tiene mucho sentido”.

21 de junio de 2013: ¿caso cerrado?
Cinco meses después de la desaparición de Elisa la policía hizo publico el informe sobre su caso. La joven había muerto ahogada en el tanque. La autopsia no reveló ningún trauma ni intoxicación. La policía había descubierto además que Elisa sufría un trastorno bipolar que, en su opinión, había sido parte importante de lo que calificaron oficialmente como un accidente.
“La investigación policial no encuentra evidencias de acto criminal”, explica el informe. “Un completo análisis de las circunstancias del caso no apoya la idea de que tuviera la intención de perjudicarse a sí misma. La forma de la muerte se clasifica como accidente”.
Para la policía el caso acabó aquí.
Pero no para internet.

Un hotel con una macabra historia
Nada más publicarse el vídeo del ascensor, las teorías sobre la muerte de Elisa crecieron como esporas. Además de las típicas conspiraciones que rodean a este tipo de vídeos –“se ve un zapato en el minuto 2:27”, fue una habitual, así como “faltan partes del vídeo”, algo que podría ser cierto aunque parece un defecto de la cámara sin mayor importancia– de lo primero que se percataron los detectives amateur es de la peculiar historia del Cecil Hotel.
El cochambroso edificio ha tenido un dilatado papel en la historia criminal de Los Ángeles. En sus habitaciones se han hospedado dos famosos asesinos en serie, Richard Ramirez, que se cargó a 14 vecinos de LA en el verano de 1985 y Jack Unterweger, un criminal australiano que mató a más de una decena de prostitutas en los noventa, tres de ellas durante su estancia en el Cecil. También había rumores de que fue uno de los últimos lugares en los que se vio a Elizabeth Short, más conocida como Black Dhalia, la protagonistas de uno de los crímenes más mediáticos de la historia. A esto hay que añadir un asesinato, en 1964, y al menos tres suicidios.
La historia delictiva del hotel avivó todo tipo de teorías conspiratorias. Sí, son probablemente falsas, meras coincidencias. Pero vaya coincidencias.

Durante el tiempo de la desaparición de Elisa, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades desplegaron un equipo de médicos para detener un brote de tuberculosis en Skid Row, el barrio donde se encuentra el hotel. Según el director del Departamento de Salud Pública de L.A. se trató del mayor brote de la enfermedad de la década. Pese a esto, habría pasado a la historia sin pena ni gloria si no fuera porque los detectives de internet se percataron de que el test específico que se utilizó para identificar a las potenciales víctimas tenía un nombr muy curioso: LAM-ELISA.
Como explica Dean en su extenso texto sobre el caso, cualquier epidemiólogo sabe que LAM-ELISA es el test estandar para detectar la tuberculosis en humanos y su nombre viene de la combinación de “Lipoarabinomannan”, un marcador celular presente en la enfermedad, y “Enzyme-Linked Immunosorbent Assay” (‘ensayo por inmunoabsorción ligado a enzimas’), una prueba común en medicina conocida en todo el mundo como ELISA.

27 de enero de 2013: la visita
Elisa Lam, una joven canadiense de 21 años, llega a la estación central de Los Ángeles. La visita forma parte de un largo viaje que había planeado en solitario por toda California. Tras pasar tres años estudiando en la Universidad de la Columbia Británica, en Vancouver, Elisa empezó a sufrir depresión y, para romper con ella, decidió hacer las maletas. A sus padres –ambos emigrantes chinos– no les gustó la idea, pero Elisa estaba decidida a marcharse.
La joven planeaba pasar unos días en Los Ángeles y reservó una habitación en un hotel del centro sin pensar, quizás, que se estaba hospedando en la peor calle del peor barrio de la ciudad. Si Elisa hubiera visto un mapa se habría percatado de que el barrio es conocida como Skid Row: la expresión estadounidense para referirse a la zona más deprimida de una ciudad, donde se amontonan mendigos, alcoholicos y yonquis. Y los bajos fondos de Los Ángeles no son como para tomárselos a broma.
Allí, en Main Street, la arteria principal del barrio, se levanta el Cecil Hotel –hoy rebautizado como Stay on Main–, un envejecido establecimiento de los años 20, con 600 habitaciones de bajo coste. Ese fue el lugar escogido por Elisa para hospedarse durante su estancia de cuatro días en L.A. Y, como escribió en su Tumblr, le pareció un sitio interesante: “Fue construido en 1928 de ahí su estilo Art Decó. Así que sí, tiene clase, pero como todo L.A. está en decadencia. Desde luego este es el sitio que Baz Luhrman necesita para rodar el Gran Gatsby”.
La tarde del 31 de enero, la última noche que planeaba pasar en L.A., Elisa estuvo en una librería cercana, Last Bookstore, donde compró algunos libros y discos. Días más tarde la dependiente que la atendió, Katie Orphan, declaró que era una chica “muy extrovertida, muy animada y muy amable”. La joven volvió con sus compras al hotel y fue observada por el personal al entrar en el mismo. Fue la última vez que alguien la vio con vida.
La puerta del Hotel Cecil, en Los Ángeles. (Corbis)La puerta del Hotel Cecil, en Los Ángeles. (Corbis)

6 de febrero de 2013: el anuncio
Un grupo de detectives de la división de robos y homicidios de la policía de Los Ángeles ofrece una rueda de prensa. Anuncian la misteriosa desaparición de una turista canadiense que fue vista por última vez la noche del 31 de enero en el Cecil Hotel.

Elisa Lam.
La policía describió a Elisa como una mujer asiática, con pelo negro y ojos marrones, una estatura de 1,62 metros y 52 kilos de peso. En la nota de prensa, que incluía una fotografía de la joven, la policía admitía que la desaparición era “sospechosa y podía tratarse de un acto criminal”. Se pedía toda la ayuda posible a los ciudadanos.
Los padres de Elisa estaban preocupados desde el mismo día 1 de febrero, el primero de su desaparición, pues su hija llamaba a diario a casa, algo que levantó aún más las sospechas de la policía: la joven, sencillamente, había dejado de dar señales de vida. Cuando se hizo público el caso su familia llevaba ya varios días en Los Ángeles buscándola.
Pese a la rueda de prensa, la desaparición sólo preocupó a los medios canadienses y no demasiado. Al fin y al cabo, no era algo tan raro.
13 de febrero de 2013: el vídeo
La policía de L.A. convoca una nueva rueda de prensa. Elisa sigue sin aparecer, pero han encontrado una pista relevante: un vídeo del ascensor del hotel en el que aparece la joven en la medianoche del 31 de enero. Es lo último que se sabe de ella. Y es escalofriante.

El vídeo completo del ascensor, tal como lo facilitó el LAPD.
En la grabación de la cámara de seguridad, de 3 minutos y 59 segundos, se ve a Elisa actuar de un modo extrañísimo. Primero mira los botones del ascensor, como pensando a qué piso debe ir, pero no parece presionar ninguno. Después mira en el pasillo, y parece ver u oir algo, así que se esconde en la esquina del ascensor. Y aquí empieza el comportamiento verdaderamente extraño: la chica sale al pasillo, vuelve a entrar, vuelve a salir, y empieza a hacer cosas muy raras.
Parece un vídeo de una película pero es completamente real. Y da miedo. Finalmente se cierra la puerte del ascensor y no volvemos a ver a Elisa. Nunca más.
Como era de esperar, de forma inmediata el vídeo se hizo viral en EEUU y China: recibió más de tres millones de visitas en sólo 10 días. Hoy hay docenas de versiones de la misma grabación en YouTube.
18 de febrero de 2013: el cuerpo
Cinco días después de la publicación del vídeo, un huésped del hotel acude a recepción para advertir que la presión del agua de la ducha es inusualmente baja. Otro cliente se quejó de que tenía un “sabor extraño”. Un tercero aseguró que, al encender la ducha, el agua tenía un color oscuro que desapareció después de unos segundos.
Como muchos rascacielos antiguos, el Cecil Hotel usa un abastecimiento de agua por gravedad. En la azotea tiene cuatro tanques de 1.000 galones (3.785 litros) que suministran agua a todo el edificio. Como es lógico, este fue el primer lugar al que se dirigió el encargado de mantenimiento cuando se recibieron las quejas. Allí encontró el cuerpo sin vida de una mujer.
Los agentes explicaron que el cuerpo llevaba días en el tanque y, aunque no mostraba ningún signo obvio de trauma externo, no descartaban un posible homicidio
El 21 de febrero la policía anunció lo que ya era un secreto a voces: el cadáver del tanque no era otro que el de Elisa Lam. Se la encontraron desnuda, pero su ropa estaba flotando en el tanque; y era la misma que llevaba en el vídeo: un pantalón corto, una camiseta, ropa interior negra, sandalias y una sudadera con capucha de American Apparel. En rueda de prensa, los agentes explicaron que el cuerpo llevaba días en el tanque y, aunque no mostraba ningún signo obvio de trauma externo, no descartaban un posible homicidio.
El hallazgo del cuerpo planeó más preguntas de las que resolvió. En la azotea no había cámaras de seguridad y, aunque la puerta para acceder a ella no estaba cerrada, la dirección del hotel aseguró que contaban con una alarma. Si alguien hubiera asesinado a Elisa tendría que haber evitado la alarma, subir al tanque usando una escalera de más de tres metros con el cadáver a cuestas, abrir una escotilla, y arrojar el cuerpo al agua sin que nadie viera nada. La otra posibilidad es que Elisa hubiera decidido subir a la azotea en plena madrugada, escalar a un tanque de agua que no había visto en su vida, abrir la escotilla y tirarse dentro (o caerse).
Como apunta Josh Dean en ‘Matter’, probablemente el periodista que ha estudiado más a fondo todo el caso, en un extensísimo reportaje en el que aporta nuevos detalles desconocidos de la historia, “ninguna de las posibilidades tiene mucho sentido”.
Un grupo de bomberos trabaja para sacar el cadáver del tanque. (Reuters)Un grupo de bomberos trabaja para sacar el cadáver del tanque. (Reuters)
21 de junio de 2013: ¿caso cerrado?
Cinco meses después de la desaparición de Elisa la policía hizo publico el informe sobre su caso. La joven había muerto ahogada en el tanque. La autopsia no reveló ningún trauma ni intoxicación. La policía había descubierto además que Elisa sufría un trastorno bipolar que, en su opinión, había sido parte importante de lo que calificaron oficialmente como un accidente.
“La investigación policial no encuentra evidencias de acto criminal”, explica el informe. “Un completo análisis de las circunstancias del caso no apoya la idea de que tuviera la intención de perjudicarse a sí misma. La forma de la muerte se clasifica como accidente”.
Para la policía el caso acabó aquí.
Pero no para internet.

Un hotel con una macabra historia
Nada más publicarse el vídeo del ascensor, las teorías sobre la muerte de Elisa crecieron como esporas. Además de las típicas conspiraciones que rodean a este tipo de vídeos –“se ve un zapato en el minuto 2:27”, fue una habitual, así como “faltan partes del vídeo”, algo que podría ser cierto aunque parece un defecto de la cámara sin mayor importancia– de lo primero que se percataron los detectives amateur es de la peculiar historia del Cecil Hotel.
El cochambroso edificio ha tenido un dilatado papel en la historia criminal de Los Ángeles. En sus habitaciones se han hospedado dos famosos asesinos en serie, Richard Ramirez, que se cargó a 14 vecinos de LA en el verano de 1985 y Jack Unterweger, un criminal australiano que mató a más de una decena de prostitutas en los noventa, tres de ellas durante su estancia en el Cecil. También había rumores de que fue uno de los últimos lugares en los que se vio a Elizabeth Short, más conocida como Black Dhalia, la protagonistas de uno de los crímenes más mediáticos de la historia. A esto hay que añadir un asesinato, en 1964, y al menos tres suicidios.
La historia delictiva del hotel avivó todo tipo de teorías conspiratorias. Sí, son probablemente falsas, meras coincidencias. Pero vaya coincidencias.
Probablemente Elisa se metió en el tanque tratando de huir de una amenaza inexistente. Una vez allí puede que intentara escapar, pero estaba atrapada
Durante el tiempo de la desaparición de Elisa, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades desplegaron un equipo de médicos para detener un brote de tuberculosis en Skid Row, el barrio donde se encuentra el hotel. Según el director del Departamento de Salud Pública de L.A. se trató del mayor brote de la enfermedad de la década. Pese a esto, habría pasado a la historia sin pena ni gloria si no fuera porque los detectives de internet se percataron de que el test específico que se utilizó para identificar a las potenciales víctimas tenía un nombr muy curioso: LAM-ELISA.
Como explica Dean en su extenso texto sobre el caso, cualquier epidemiólogo sabe que LAM-ELISA es el test estandar para detectar la tuberculosis en humanos y su nombre viene de la combinación de “Lipoarabinomannan”, un marcador celular presente en la enfermedad, y “Enzyme-Linked Immunosorbent Assay” (‘ensayo por inmunoabsorción ligado a enzimas’), una prueba común en medicina conocida en todo el mundo como ELISA.

Trailer en español de ‘Dark Water’.
No es la única coincidencia que da miedito. En cuanto salió a la luz el caso, muchas personas empezaron a pensar que la historia les sonaba de algo. Y no es para menos. La muerte de Elisa es muy similar a la que narra la película ‘Dark Water’ (‘La Huella’, en España), un film de terror japonés de 2002, que tuvo su ‘remake’ hollywoodense en 2005.
La película, basada en un relato original de Kōji Suzuki, cuenta la historia de Dahlia, una mujer que se muda a un antiguo apartamento con su hija Cecilia. El piso parece estar encantado y los fantasmas no dejan de aparecer en el ascensor y en forma de agua turbia que gotea en los grifos y en el techo. El responsable de mantenimiento del edificio es incapaz de tapar la fuga así que Dahlia trata de arreglarla ella misma: sube a la azotea del edificio, abre el tanque de agua y, en el interior, se encuentra el cuerpo de una chica desaparecida.

En busca de una explicación
Dean estuvo obsesionado con la historia de Elisa y llegó a viajar a Los Ángeles para conocer el hotel. Estaba convencido de que Elisa fue asesinada, pero ha sido incapaz de encontrar nada que apunte en esta dirección. En su opinión no hay margen para otra explicación que la que sigue: Elisa, que estaba luchando contra su trastorno psíquico, sufrió algún tipo de episodio psicótico en el hotel, un ataque paranoico, lo que explicaría su extraño comportamiento en el vídeo y lo que acabó haciendo: subir a la azotea, escalar a lo alto del tanque, abrir la escotilla y meterse dentro. Probablemente Elisa se metió en el tanque tratando de huir de una amenaza inexistente. Una vez allí puede que intentara escapar, pero estaba atrapada y se acabó ahogando.
“En el panteón de muertes accidentales esta es sin duda extraña”, cuenta en ‘Matter’. “Cada vez que cuento la historia tengo mis dudas. Pero en ausencia de la más mínima prueba alternativa es la mejor respuesta posible. Honestamente, es la única que tiene sentido, aunque no tenga demasiado”.

Fuente: El confidencial

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