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La «piedra solar», el secreto mágico de los vikingos para descubrir América

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Un nuevo estudio publicado por la «Royal Society Open Science» trata de demostrar qué minerales eran idóneos para elaborar las famosas «piedras solares» de los nórdicos

Dicen las sagas (una mezcla de historia real y mitología nórdica) que los vikingos eran capaces de orientarse en el mar cuando las nubes copaban el cielo Es decir, sin usar al Astro rey como referencia. Todo ello, mucho antes de que la brújula llegara a Europa. ¿Magia o ciencia? Para ellos, lo primero, pues dejaron constancia de que lo conseguían mediante una milagrosa «piedra solar» (solarsteinn). Sin embargo, la realidad es que esta piedra no era mágica, sino que se correspondía con un mineral que -dependiendo de su composición- cambiaba de color cuando tocaba un rayo de sol o, incluso, reaccionaba haciendo aparecer un punto luminoso en su superficie.

El uso de este artilugio no habría sido precisamente baladí, pues habría permitido a estos sanguinarios combatientes desembarcar en regiones tan lejanas para ellos como Groenlandia o, incluso, dar un paso más y pisar las costas de América antes de la llegada de Cristóbal Colón. Con todo, a día de hoy sigue siendo un misterio si llegaron a utilizar estas piedras o si, por el contrario, toda la historia ha sido creada sobre la miitología nóridca. Y lo mismo sucede con el presunto funcionamiento como improvisadas «brújulas» de estos minerales durante los días nublados.

O al menos, así lo era hasta ahora, pues un grupo de científicos (dirigidos por Dénes Száz y Gábor Horváth -del departamento de óptica de la Universidad Eötvös Loránd de Budapest-) a realizado una investigación en la que ha conseguido demostrar que minerales como la turmalina, la cordierita y la calcita podrían hacer perfectamente las veces de «piedras solares» al tener la capacidad de polarizar la luz.

A su vez, el estudio (que ha sido publicado por la «Royal Society Open Science» bajo el título de «Errores de ajuste en las piedras solares en el cielo polarimétrico en el primer paso de la navegación vikinga: estudios con dicroicas cordierita / turmalina y cristales de calcita birrefringentes») ha determinado cuál de estos minerales sería el idóneo para lograr establecer la posición del sol con la mayor exactitud posible y cuáles deberían ser desechados por su inutilidad.

Sagas y funcionamiento
La existencia de la solarsteinn se narra, concretamente, en la saga dedicada a Rodulfo y sus hijos. En ella, Olaf el Santo visita a los protagonistas de la historia y afirma a uno de ellos (a Sigurd) que es capaz de hacer algo prácticamente imposible para la época: determinar la posición del sol en un día completamente nublado. Todo ello, con el objetivo de poder orientarse mediante el Astro rey. El retado aceptó el desafío.

Fue entonces cuando Sigurd «tomó una piedra del sol, miró al cielo y vio de donde venía la luz, con lo que definió la posición del invisible sol». Curiosamente, y según afirma el historiador Gonzalo Menéndez Pidal en su obra «Hacia una nueva imagen del mundo», esta forma de orientarse contrasta radicalmente con los escritos de la época, en los que se especifica que lo más habitual era que los «vientos contrarios y nieblas» hicieran sumamente dificil a los navegantes saber cuál era el rumbo que debían seguir.

En base a esta saga, los historiadores han publicado páginas y páginas proponiendo múltiples teorías sobre la forma de uso de este artilugio presuntamente mágico. Las últimas y más concienzudas determinaron que el funcionamiento de la «piedra solar» sería relativamente sencillo y se basaría en los rayos de luz que llegan hasta los ojos humanos al amanecer y al ocaso. Estos provienen directamente del sol y están polarizados (es decir, focalizados), pero no podemos verlos si no contamos con un material (un mineral, por ejemplo) que nos los «desvele».

En un día sin nubes su uso no es necesario, pues con mirar la zona en la que se encuentra el sol es posible determinar la dirección Este-Oeste. Sin embargo, en una jornada nublada estos haces de luz son de gran importancia ya que, si se captan con el susodicho mineral, se puede determinar la posición del sol sin verlo y, por tanto, el lugar en el que se encuentra un cuerpo con respecto a los puntos cardinales.

Las dos «piedras mágicas»
En este momento entra en escena lo que los vikingos llamaban «piedra solar», pero que no era más que un mineral. Este -atendiendo a su composición- funciona de dos formas. Si es calcita, en él aparece un pequeño punto luminoso cuando es tocado por los rayos polarizados del sol. «La “piedra solar”, seguramente calcita, polarizaba la luz de tal manera que aparecía una ligera mancha azulada en el lugar más cercano al sol, por lo que era útil en los días de cielo plomizo», explica el escritor y divulgador de la historia vikinga Manuel Velasco Laguna en su obra «Territorio vikingo».

Sin embargo, el problema que se deriva de esta teoría es que el mineral más habitual en la zona de acción vikinga para polarizar la luz es el Espato de Islandia, una variedad de calcita sumamente pura y casi transparente que solo «desvelaría» el rayo de sol si se talla de forma muy concreta, con gran habilidad y un ángulo determinado. «Los vikingos, aunque conocían el Espato de Islandia, no poseían ni la técnica ni los conocimientos para fabricar tales polarizadores», determina Rafael Ramón Lluch en su libro «Geomitos: Leyendas y mitos con un fundamento geológico».

Por ello, también se baraja la posibilidad de que la «piedra solar» fuera realmente uno mineral del tipo andalucita, cordierita o estaurolita. Estos se hallan habitualmente en las playas de Noruega (con lo que habrían sido sencillos de adquirir por los vikingos) y reaccionan de una forma distinta al Espato ante los rayos del sol.

«Cuando un mineral pleorico [que adquiere dos colores cuando es tocado por los rayos polarizados del sol] se mira con luz polarizada, se ve un notable cambio de color cuando se les da un giro sobre sí mismos; esto es debido a que absorben más cantidad de luz en una dirección que en otra y ello se traduce en el cambio de color o de intensidad del mismo», añade el español.

Un sistema combinado
Por otro lado, Velasco hace referencia también a otro instrumento utilizado por los nórdicos, el llamado «tablero de sombras», que se podría haber utilizado en combinación con el mineral buscando una precisión mayor. «Estaba basado seguramente los relojes de sol. Consistía en una serie de círculos dibujados sobre una tabla. El espacio que marcaba la sombra de un palito indicaba, bastante a bulto, la latitud a la que se encontraba el barco», señala el español.

Todos estos sistemas serían bastante avanzados para la época, y más si consideramos que veníamos de unos siglos en los que se usaban aves para averiguar el rumbo que tomar. «Cuando Cosmas el Indicopleustes [durante el S.VI] navegó al sur de Arabia, aprendió como el vuelo de los albatros servía allí a los marinos para decidir el rumbo», explica, en este caso, Pidal.

Perfectamente posible
Independientemente de que la «piedra solar» tenga uno u otro funcionamiento, la teoría de que uno de estos materiales podía captar los rayos de luz que atravesaban levemente las nubes en un día nublado se vio corroborada a partir del 2005, año en que expertos como el doctor en oftamología Gábor Horváth (también partícipe del estudio publicado el pasado 20 de enero) estableció que el patrón de polarización de la luz que llegaba hasta el artefacto era similar tanto en un día parcialmente nublado como en uno totalmente despejado. Un punto de partida que corroboraría su utilidad como improvisado GPS.

No obstante, la «piedra solar» tendría, según los expertos, sus limitaciones. Y es que, no funcionaría en determinadas condiciones climatológicas. «Los datos recogidos en el Ártico y en Hungría nos permiten concluir que el patrón del cielo nuboso es bastante similar al del cielo despejado. Como consecuencia, la primera condición de la navegación para los vikingos se cumple, al menos para condiciones de niebla. Con todo, los grados de polarización de los cielos sumamente brumosos suelen ser tan bajos, que la segunda condición para que se produzca el calculo polarimétrico de la navegación vikinga no se satisface. Aunque, bajo condiciones de nubosidad, las condiciones del calculo polarimétrico de navegación general, están satisfechos», afirma Horváth en su estudio.

La nueva investigación
En su última investigación, Horvath y sus colegas han logrado determinar, en base a una serie de experimentos, qué materiales son los más adecuados para hacer las veces de «piedras solares dicroicas» (es decir, que adquieren un tono diferente atendiendo a la forma en que son impactadas por los rayos de sol). «Basándonos en los resultados de nuestros experimentos de laboratorio, hemos concluído que los cristales de turmalina y cordieita son adecuados para funcionar como una “piedra solar” dicroica», determina. A su vez, han logrado establecer que la cordierita es aproximadamente el doble de eficaz que la turmalina a la hora de determinar la posición del astro rey en la bóveda celestial.

Estos expertos no se han olvidado tampoco de la calcita. «Hemos demostrado también que los cristales de calcita no son tan ideales como se creía hasta ahora, porque -por lo general- contienen impurezas y defectos que aumentan considerablemente la posibilidad de error». En este sentido, han establecido que este mineral podría haber sido sumamente peligroso para los navegantes, pues -si no hubiese estado pulida perfectamente- podría haberles engañado y hacer que perdieran el rumbo. Con todo, y de estar pulida de la forma adecuada, habrían sido ideales para los vikingos, pues fue la que mejor rendimiento dio en días en los que la polarización era baja.

Para llegar a todas estas conclusiones, el equipo de expertos simuló mediante varios experimentos un viaje vikingo realizado desde Noruega hasta el sur de Groenlandia y Terranova mediante los tres cristales ya explicados. Todos ellos fueron probados en varias condiciones meteorológicas que incluían un día totalmente soleado, uno nubuso -pero con luz- y, finalmente, una jornada con un cielo copado por las nubes y la bruma.

Fuente: ABC

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