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AQUELARRES: LAS BRUJAS Y EL SEXO por José Manuel Frías

 

Aquelarres, Invocaciones y Misas Negras

OpenClipartVectors / Pixabay

Con conocimiento de causa o sin él, el popular pintor zaragozano Francisco de Goya dejó plasmada en un lienzo su particular visión del mundo brujeril. “Aquelarre”, el famoso cuadro al óleo creado entre los años 1821 y 1823, nos muestra la imagen de al menos una decena de mujeres siniestras rodeando a un enorme macho cabrío, representación del Diablo. Sea una exposición de la realidad de aquel entonces, o fruto de la imaginación del autor de “La Maja desnuda”, el caso es que la creencia predominante de dicha época, y que a nivel popular ha prevalecido hasta nuestros días, es la que relaciona a las brujas con el maligno, convirtiéndolas en protagonistas de los más dispares rituales de sexo y sangre.

Precisamente el vocablo “aquelarre”, que pretende identificar esas presuntas reuniones nocturnas de las brujas con el demonio, procede de dos palabras del Eusquera como son “aker” o macho cabrío, y “larre” o campo. Durante esas fortuitas celebraciones se llevaban a cabo una serie de ritos aberrantes que pretendían ser una inversión de la liturgia cristiana, donde las oraciones comunes eran pronunciadas al revés y donde la consagración se realizaba con una hostia de color negro.

Pero la parte más delicada del asunto según los especialistas, era la que ponía de manifiesto algunas tendencias claramente obscenas. Dejando de lado la posibilidad de que algunas de las ofrendas a Satán se hicieran por medio del sacrificio de niños de corta edad, prevalecían en dichas reuniones los exuberantes banquetes, donde entre otros ricos manjares se contaba con carne humana. Esta tendencia a la antropofagia se complementaba con intensas orgías sexuales donde todos mantenían contacto entre sí, o con el majestuoso y perverso carnero negro, que a veces podía adquirir forma humana bajo el aspecto de un hombre atractivo y fornido.

Es el propio Diablo el que poseía la batuta de tan entretenidas celebraciones, siendo el foco principal de atención y hacia quien las presentes dirigían sus rezos y adoraciones. En la practica totalidad de los escritos antiguos que mencionan el “aquelarre”, o en las propias confesiones de las brujas bajo el yugo de la Santa Inquisición, se hace mención al “Osculum Infame”, una especie de homenaje al Diablo, puesto en practica mediante una forma poco convencional: besando el ano del maligno. Este sistema, durante el cual el Diablo pasaba lista a sus seguidoras para después acercarse a ellas caminando hacia atrás para que besaran su trasero, era el comienzo del “aquelarre” y el pistoletazo de salida para los posteriores rituales heréticos.

Estas celebraciones nocturnas, durante las cuales el Demonio grababa una marca en el cuerpo de las brujas que les acompañaría hasta la tumba, se llevaban a cabo en lugares discretos y apartados, para evitar ser vistos y denunciados por el resto de la población. Tal es el caso de las famosas cuevas de Zugarramurdi, donde se llevó a cabo a principios del siglo XVII uno de los más cruentos procesos del Santo Oficio contra mujeres acusadas de pactar con el lado oscuro. Parece, en todo caso, que una de las fechas claves para llevar a cabo un “aquelarre”, es la conocida como “noche de Walpurgis”, la madrugada del uno de mayo, en la cual se celebra el cumpleaños de Satanás.

Se cuenta que durante la congregación de brujas en el campo, el propio maligno les ofrecía ungüentos alucinógenos para llevar a cabo psicodélicos viajes a otras dimensiones. Estos brebajes, quizá para evitar el peligro de una intoxicación por vía oral, eran aplicados por las brujas en la vagina y el ano, usándose para ello palos o bastones enjuagados en dicho líquido, que luego eran frotados repetidamente en las partes corporales antes mencionadas. De esta tradición surge, posiblemente, el posterior mito de las brujas voladoras que, sobre escobas, recorren distancias inimaginables. Y es que efectivamente, gracias al roce de la escoba impregnada en sustancias psicotrópicas, eran capaces de “volar”, aunque solo fuera de manera virtual.

Invocando al Maligno

     Las diversas maneras de contactar con el Demonio para llevar a cabo algún tipo de ritual satánico, eran iguales de efectivas de manera unitaria o en grupo. Pero la imagen más popular es la de una caterva de viejas harapientas reunidas en una casa en las afueras de las localidades, siempre a la espera de la aparición del Diablo en forma, habitualmente, de animal negro, ya fuera carnero, gato o murciélago.

     Entre las muchas invocaciones aparentemente efectivas que encontramos en la literatura antigua, y de las cuales se han servido las brujas para crear su propio sistema ritual, encontramos las referentes al Libro de Thot, a los escritos del Gran Alberto, o a las populares Clavículas de Salomón. Pero unas de las oraciones más singulares para atraer al Demonio, la encontramos entre las páginas del Enchiridión, del pontífice León III.

     “Rey de los infiernos, poderoso señor a quien el mundo rinde culto. Tú que dominas desde los antros tenebrosos del infierno hasta la superficie de la tierra y sobre las aguas del mar. Tu espíritu infernal todo lo puede. Yo te adoro, te invoco, te pido y exijo, después de entregarte mi alma para que de ella dispongas, que abandones las regiones infernales y te presentes aquí dispuesto a concederme lo que te pida. Rey de los infiernos, de todo corazón y con el alma condenada te entrego mis tesoros, mi dicha entera si accedes a mis ruegos. Ven a mí, rey y señor, soy tu siervo, ninguna imagen u objeto religioso hay en mi casa.
Rey de los infiernos, preséntate sin temor a ser desobedecido, desciende, penétrame con tu luz, lanza tu sombra majestuosa sobre tu esclavo. Maldito, maldito, maldito sea el día en que sobre mi cabeza derramaron agua bendita. Satán mi rey, Satán rey de los reyes, soy tuyo y quiero ser tu esclavo. Satán, mi rey y señor, invoco tu presencia ante mí
”.

     Esta oración de invocación satánica solía ser usada por diversas brujas el 1 de Noviembre, ante un número indeterminado de cirios negros, y con un cráneo humano como protagonista del siniestro evento. Para ello, la mujer debía tumbarse boca abajo sobre el suelo, con su mano izquierda sobre el cráneo. Nada más terminar la recitación, comenzaban a escucharse extraños alaridos y sonidos lúgubres, lo que demostraba que la puerta al infierno se acababa de abrir, dejando paso a Satán.

La Obtención de Favores Sexuales

     Dicen las malas lenguas que una gran cantidad de brujas, solían usar los poderes que el demonio les ofrecía para obtener favores sexuales de los hombres por los que sentían admiración y deseo. Por lo tanto, parece claro que algunos de los hechizos y rituales satánicos estaban destinados a tal efecto: lograr que los hombres entraran en un extraño estado en el que serían plenamente dominados por aquellas sádicas mujeres, lo que sería aprovechado con fines sexuales.

     El más curioso de todos esos ritos era el conocido como “conjuro de los clavos”, que era necesario ser realizado nueve veces seguidas para que surtiera efecto. El mecanismo era muy simple. La bruja se metía en la boca tres clavos, y en esa incómoda situación invocaba al Demonio para después solicitarle el amarre de la persona con la que pretendían practicar sexo. Posteriormente se sacaba los clavos de la boca para empaparlos en vinagre, poniéndolos a calentar en el fuego. Cuando ya estaban al rojo vivo, los sacaba y lanzaba a la calle, murmurando: “el mismo ardor que tienen estos clavos, se verá reflejado en el corazón de mi futuro amante”.

     Para otro de los métodos era necesario lograr una pequeña cantidad de pelo púbico de la “víctima”. Hablamos del “maleficio del ligamen”, durante el cual ese pelo es introducido es un caldero con agua. En la estancia debe existir un espejo, en el que se verá reflejado el rostro del hombre deseado, y una escoba, con la que supuestamente se homenajea al demonio con la forma ya descrita anteriormente, o sea, embadurnándola de alucinógenos y frotándola contra la vagina de la bruja. A veces, durante este ritual y a fin de potenciar el efecto amoroso, se solía pronunciar la frase: “Marta, Marta la diabla y no la santa, y Diablo Cojuelo, tráeme a fulano al vuelo”. Parece claro que estas palabras son una modificación herética de las palabras de Cristo en las Sagradas Escrituras.

Misas Negras: la rebeldía de Satán

     Uno de los más característicos rituales del satanismo, asociados igualmente a la figura de la bruja, es el de la Misa Negra, que no pasa de ser una singular parodia invertida de los rituales del cristianismo, y que además se lleva a cabo de forma parcial, como hemos visto anteriormente, en diferentes acciones dentro de un “aquelarre”. La función principal dentro de la Misa Negra es la de burlarse descaradamente del sacrificio de Jesús de Nazaret en la cruz, por lo que la sagrada hostia toma un papel preponderante. Este elemento litúrgico es, por lo tanto, profanado, pisoteado e incluso aparece formando parte de orgías sexuales.

     Durante las celebraciones de las Misas Negras, llevadas a cabo principalmente en fechas significativas, como es el caso de la Noche de los Difuntos o Halloween, vemos aparecer la imagen de una mujer desnuda, que viene a simbolizar una especie de altar receptor de la energía sexual del lado oscuro. Los integrantes de la celebración visten de negro, por considerarse éste como el color de las tinieblas. En ocasiones, dentro de estos protocolares donde predominan los elementos y amuletos relacionados con el Demonio, se han producido numerosas violaciones y asesinatos rituales.

     Parece ser que el origen de la Misa Negra procede de la Edad Media, y muchos relacionan los comienzos de estos rituales con la alta y adinerada burguesía, siempre deseosa de vivir experiencias nuevas, más a un cuando estas acababan en depravadas y multitudinarias practicas de sexo. Hay que tener en cuenta que en diversos textos de aquella época, podemos comprobar cómo entre los integrantes de estas liturgias malditas encontramos a personajes pervertidos y con pronunciadas desviaciones sexuales.

     Aunque las actuales asociaciones relacionadas con la brujería niegan rotundamente que existiera la Misa Negra dentro de las practicas brujeriles del pasado, se presume que fue después de la Edad Media cuando se adopta esa costumbre burguesa, transformándola en un culto a Satán, donde se bendice con agua sucia, se colocan crucifijos invertidos, se usan cirios negros, y se llevan a acabo otros método ya narrados anteriormente. Debemos suponer que ante tal cantidad de actos aberrantes dirigidos al lado oscuro, el Diablo debe de sentirse altamente orgulloso de sus seguidores que, aun en la actualidad, se cuentan por cientos de miles.

JOSE MANUEL FRIAS

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