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FANTASMA DE LOS GÁLVEZ, por Juanfra Romero y J. Manuel Frías

EL FANTASMA DE LOS GALVEZ, por Juanfra Romero y José Manuel Frías

Placa galvez

Como si de una extraña maldición se tratara, en un rincón bañado de sombras del mausoleo de los Gálvez encontramos una vieja placa del siglo XVIII que reza lo siguiente: “Costearon este panteón, su altar, vasos, ornamentos y utensilios los señores D. Matías, D. José, D. Miguel, D. Antonio y D. Bernardo de Gálvez, para perpetuo y privativo reposo de sus huesos, los de sus mujeres, hijos, herederos y sucesores, que han de trasladarse limpios, y ponerse en los nichos respectivos; y dotaron un aniversario perpetuo en el día siguiente al de la conmemoración de los difuntos, y una misa rezada en todos los viernes del año, por la ánimas de los hijos de su familia”.

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Podríamos valorar que aquella antigua promesa por parte del pueblo a cambio de una abultada dote económica, pudo durar apenas una década. Después, la placa cayó en el más absoluto de los olvidos, y con ella la privacidad del mausoleo y los aniversarios y misas perpetuos. Como revancha, una legión de apariciones y sucesos inexplicables se han hecho mella del bastión formado por la Iglesia de San Agustín, su cementerio, y el Mausoleo de los Gálvez, un rincón mítico ubicado en la plaza principal del encantador pueblo malagueño de Macharaviaya.

Terror en la Cripta

Viene ya siendo sintomático en el mundo del misterio: las obras de remodelación parecen despertar energías desconocidas en lugares con mucha historia a sus espaldas. Algo parecido ocurrió cuando a principios de los 90, las autoridades de la localidad decidieron realizar unas reformas en la cripta. Era importante mejorar el aspecto del lugar, ya que las visitas de turistas eran frecuentes por aquel entonces. No hemos de olvidar que los Gálvez de Macharaviaya fueron personajes muy importantes en la nobleza española del siglo XVIII, mano derecha del monarca Carlos III, y embajadores de España en América, África y Rusia. Sin ir más lejos, dentro del panteón reposa el cuerpo de D. José de Gálvez, quien fuera Ministro de las Indias, cuyo sobrino, Bernardo de Gálvez, fue el fundador de Galveztown, en E.E.U.U., y el precursor junto a George Washintong de la Independencia de los Estados Unidos.

Altar de la iglesia de San Agustin

Por ello, hace ahora una década y media, un grupo de obreros se dispusieron a poner en practica su trabajo, para adecentar en la medida de lo posible el imponente panteón. Una de aquellas tardes, cuando el sol ya empezaba a declinar dando paso al reino de las sombras, dos de aquellos trabajadores aun permanecían dando los últimos retoques a las labores de aquel día. De pronto vieron de reojo a varias personas que caminaban lentamente por la zona del altar, a escasos metros de ellos. Cuando los obreros alzaron finalmente la mirada, lo que vieron les dejó helados. Pudieron “disfrutar” del desfile de una serie de personajes ataviados con ropas antiguas. Parecían seres reales, de carne y hueso, si obviamos que poco después desaparecieron atravesando uno de los monumentales muros. Los dos trabajadores, que procedían de una empresa sevillana, salieron de allí como alma que lleva el diablo, regresando ese mismo día a su ciudad natal, jurando no volver jamás por aquel pueblo.

Desde entonces, aunque no existe un consenso entre todos los lugareños, son muchos los que apoyan la tesis paranormal, siendo algunos de ellos testigos presenciales de apariciones y situaciones anómalas. No se trata de simples leyendas, sino de testimonios de personas contemporáneas con nombres y apellidos.

Investigaciones en el Mausoleo

Una vez tras la pista de los extraños sucesos ocurridos en el corazón de Macharaviaya, son muchas las experiencias de investigación que hemos realizado en el lugar. Quizá una de las más impactantes fue la acaecida una noche en la que junto con unos compañeros malagueños, grabábamos un pequeño documental para una televisión local. Un grupo de personas habían aprovechado para traerse una oui-ja, que pusieron en practica mientras nosotros observábamos con interés.

Todas las luces de la estancia estaban encendidas debido al tenso ambiente que se respiraba. De pronto, un supuesto ente comenzó a dar mensajes a través del tablero, asegurando que se encontraba enterrado en uno de los nichos del mausoleo. Tras una larga charla, aquella entidad nos pidió que nos marcháramos. El grupo insistió en seguir hablando, y ese mismo instante, todas las luces de la cripta se apagaron solas, con el consecuente caos reinante entre los presentes, que salieron corriendo sin orden ni concierto.

Esta situación de desconcierto se ha repetido en las numerosas ocasiones que se han realizado investigaciones en el lugar. Casi todos los presentes han sentido extrañas presencias, ruidos que parecían no proceder de ningún lugar concreto sino más bien de todos a la vez, psicofonías con una claridad perfecta que muestran voces con un lenguaje típico del castellano antiguo, fotografías donde aparecen luminografías que no dejan lugar a dudas sobre su autenticidad, y otras tantas situaciones que convierten al mausoleo en un enclave mágico para los amantes del misterio.

El Tesoro Oculto

A pesar de que la familia Gálvez tuvo relevancia a nivel internacional, nunca olvidaron a su pueblo natal. Durante su existencia crearon nuevas carreteras, canalizaron el agua a la población, erigieron monumentos, y edificaron allí la única fábrica de naipes en España con monopolio de ventas en los Estados Unidos, algo que aportó un interesante capital a la localidad durante más de treinta años.

Pero existe un enigma que trae de cabeza a los historiadores. Si esta noble familia amasó en vida una enorme fortuna, ¿a dónde fue a parar ese dinero cuando fallecieron de forma repentina todos sus miembros? Ha existido en Macharaviaya una leyenda que ha ido pasando de generación en generación, y que nos habla de un tesoro oculto en el interior de la iglesia parroquial. Cuentan que los Gálvez decidieron hacer ese gesto por si en algún momento del futuro una catástrofe se cernía sobre el pueblo, como podría ser un terremoto o una guerra, el dinero saldría a la luz para que la villa resurgiese de sus cenizas. Curiosamente, la Iglesia de San Jacinto fue reformada pocos años antes de que fallecieran los hermanos Gálvez, a finales del siglo XVIII. ¿Fue el momento oportuno para esconder entre sus muros sus posesiones económicas?

Cuando buscando señales ocultas penetramos en el interior del templo, no pensábamos que la clave sería tan visible, tan perceptible. Nuestra vista reposó en unas extrañas marcas en el suelo, una cruz rodeada de pequeños círculos a modo de monedas. Evidentemente aquello no era una teleplastia, sino un dibujo realizado con alguna mezcla de aceites y otros elementos afines. Los lugareños no recuerdan quien la hizo, e incluso los más mayores del lugar recuerdan la leyenda de esa cruz a través de sus abuelos o bisabuelos, con la posibilidad de que aquello se remontara a la época de los Gálvez. Pero, ¿quién dibujó esa cruz y por qué? ¿Es una marca creada por la propia familia Gálvez? En ese momento se nos vino a la cabeza una frase ya clásica: “Todos los tesoros, están señalados con una cruz”.

Las Apariciones de la Novia

Aprovechando la visita al templo, paseamos por entre sus muros, respirando el ambiente ecléctico y religioso que nos envolvía. Disfrutamos de la visión del altar mayor, y de los diversos santos ubicados en los laterales. Antes de marcharnos nuestra vista se detuvo en una lápida anclada en la pared. Pensando que sería de algún sacerdote allí enterrado nos acercamos. Pero el nombre pertenecía a una mujer. María López Escaño de Cabrera, nacida el 20 de Octubre de 1901, y fallecida el 5 de Diciembre de 1920 ¿Qué era aquello? ¿Un nicho común dentro de una iglesia? Pero el poema que hallamos bajo este nombre, nos dejó aun más anonadados.

“Ya entreabierta la luz sobre su frente, la divina corona de azahar, y el prometido de su amor presente, de improviso la virgen inocente, rodó muerte ante el ara del altar, y el sonoro reír del campanario, se convirtió en un doble de dolor, se ensombreció la luz del incensario, del velo virginal se hizo el sudario, y el sepulcro fue el tálamo de amor”.

Interior de la iglesia

Tras conversar con los habitantes del pueblo, surgió una tanda de nuevos e increíbles testimonios. Desde hace casi un siglo, son muchos los que han podido percibir la presencia espectral de una joven vestida de novia merodeando por el interior de la iglesia. La suelen ver llorando desconsoladamente y desapareciendo por la zona de los escalones del altar. Cuentan, y así reza también en la lápida, que murió el día de su boda en aquellos mismos escalones, falleciendo de forma fulminante antes de dar el “sí, quiero”.

Nuestro interés por conocer los motivos de aquella muerte nos llevó a contactar con el Juez de Paz de la localidad, y tras una laboriosa búsqueda de archivo, acceder a su certificado de defunción. De esa forma logramos matizar una leyenda, dándole un toque de realidad mucho más apasionante que la propia fábula. Efectivamente, María López Escaño cayó fulminada en los escalones de la iglesia durante su incompleto enlace matrimonial debido a una terrible hemorragia intestinal, lo que motivó al poeta internacionalmente conocido Salvador Rueda, oriundo de la cercana pedanía de Benaque, a escribir el poema que plasmaron en su lápida. Pero aunque el propio medico del pueblo la dio por muerta, la joven sufrió lo que conocemos como experiencia de premuerte, volviendo a la vida en estado vegetativo poco después, y permaneciendo en su casa hasta su fallecimiento setenta y dos horas después.

Como bien me contaba una señora casi centenaria que habita desde siempre en Macharaviaya, aquella muchacha murió en su cama con el vestido de novia puesto, ya que sus padres esperaban que se repusiera y se casara, pero finalmente aquel traje fue su mortaja, con la que fue enterrada en el cementerio del pueblo, para después trasladar solamente la lápida a la iglesia, en honor a la trágica y romántica historia. Una historia en la que se demuestra testimonialmente que María López, no ha abandonado del todo el mundo de los vivos.

Juanfra Romero y José Manuel Frías

 

Conferencia de José Manuel Frías en el II Congreso Mazarrón Más Allá: Encuentros con lo desconocido.

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