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Breve apunte sobre las anomalías temporales en las geometrías de Nazca por Francisco José Torres Canas

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Se ha venido investigando mucho sobre las llamadas pistas o líneas de Nazca, datación y realización han sido las claves de numerosas teorías a lo largo del tiempo, y la autoría de la mayor obra de ingeniería civil del planeta. Esto desembocó en una serie de respuestas por parte de la arqueología, pero estas respuestas estaban basadas en una cronología obviamente paralela a dos culturas instaladas en la región peruana de Ica y expandida hasta la pampa Colorada y de Jumana, con la presencia de una ciudadela conformada con pirámides escalonadas al sur del Valle de Nazca y a orillas del rio homónimo llamada Cauachi.

Estas poblaciones poseen una cronología bien definida. Los paracas dominarían Ica, desde la costa y Palpa, con dataciones desde el 3000 a.C. hasta las cercanías de nuestra era, mostrando paulatinamente una evolución en el desarrollo de la cerámica y la profusión de un magnifico dominio de sus mantos. Y esto sin conocer el torno para la alfarería o el telar que desde el Neolítico serían trascendentales para el desarrollo en otras culturas tales como la sumeria o la egipcia. Es muy probable que la cultura nazca entonces sea una prolongación de la paracas puesto que esta está localizada entre el 800 a.C. y el 600 d.C., y cuyo culmen constructivo se trata de Cauachi, y no precisamente con la riqueza de recursos que otras culturas buscaron. El agua, por ejemplo siempre fue un recurso de irregular obtención.

En efecto, el actual periodo Holoceno trajo consigo el fin de de una era glaciar,y además un nuevo clima que pasaría a ser desértico y caluroso, otrora templado y despoblando las pampas de una diversa variedad de mamíferos propia de la gran explosión de vida pleistocénica. Así pues estas poblaciones humanas migrarán desde los Andes y las selvas amazónicas hasta las costas del Pacífico, pese a la adversidad climática para vivir de la pesca y de una agricultura regada con uno de los más ingeniosos sistemas de canalización subterránea del mundo: Los pukios. Y portando quizás una tradición religiosa que será sostenida en el tiempo hasta la llegada de los Incas y su Tihuantansuyo o imperio andino. Esta cadena histórica de acontecimientos permite deducir que habría una evolución en todo: Arte, técnicas de alimentación, tecnología y demás deben seguir estas reglas. Y por supuesto, debería ser así con las geometrías de los inmensos geoglifos que cubren estos territorios en sobremanera.

Sea como fuere abarcar un periodo de unos 3600 años dónde se converge en un conocimiento del terreno, una fase de realizaciones de petroglifos, y un desarrollo de realización de dichos geoglifos sería coherente si en efecto hubiera evolución en el diseño, algo sostenido plenamente hoy día. Hasta aquí todo es correcto. Y debería seguir siéndolo. De no ser porque no disponemos de un historial adecuado, plenamente ordenado para poder detectar por dónde se empezaron a trazar semejantes figuras, ùnicas en su concepción y trazado, se aíslan en el tiempo y el espacio, y las asociamos a los nazcas y paracas directamente por la imaginería representativa, además del obvio reguero de rastros que estos habitantes dejaron “encima” de ellas en su asentamiento. Era certificable que los vestigios de cerámicas y textiles compartían imágenes antropomórficas y de animales diversos. Que el bautizado “astronauta” se encuentra adosado en una montaña adyacente al valle de Nazca no le impide encontrarnos a su semejante danzando entre pirámides escalonadas de una pintura hallada en Cauachi, mismo “casco” ceremonial en la cabeza de un posible sacerdote rindiendo culto al Viracocha.

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Sea como fuere, y eso a pesar de que la metodología arqueológica nunca debería fallar ante una obviedad, la realización de esta “alfombra” de geoglifos en un área principal de unos 50 por 50 kms de superficie no nos proporciona esas pistas evolutivas. Al contrario de lo esperado con la cerámica, que también se muestra constante sometida al dogma de los sacerdotes en su limitada variedad artística. Pero la cuestión no termina ahí. Entonces, ¿dónde se halla el enigma? ¿Por qué tanto revuelo a lo largo del siglo XX entre tantas teorías para explicar cómo y cuando se hicieron dichas geometrías? Es en este punto dónde se quiebra la línea recta entre la investigación de lo evidente y la particularidad de la excepción a la regla. Surge la anomalía. Lo primordial es saber desglosar dicho conjunto o alfombra, una característica que une a la teoría predominante es la presencia de figuras representativas que oscilan entre medidas de 60 metros hasta casi los 200 de envergadura relativamente fáciles de ejecutar y más visibles desde el suelo en ciertas ocasiones y por ese motivo más fáciles de realizar. Lo de “fácil” es sólo una manera de explicarlo. Los nazcas no dejaron restos de una tecnología adecuada tales como nuestras modernas sogas, jalones o teodolitos, pese a que la arqueología experimental siempre utilice nuestros conocimientos actuales de base. Y esto aun se complica más si desde una avioneta sobrevolamos estas regiones…. Tendríamos que elevar la altura a más de 500 metros para seguir observando lo que verdaderamente deja en minúsculas figuras a la “araña”, el “colibrí”, el “cóndor”…etc.… Ahí está el problema base de la cuestión de realización y temporalidad de la obra.
Elevémonos pues a más altura. El suelo se hace lejano y los grandes camiones que recorren la autovía Panamericana se quedan minúsculos. Es entonces cuando podremos ver lo asombroso, la anomalía que antes comentábamos: una complejísima red de triángulos, trapecios y rectángulos que para más dolor de cabeza de un topógrafo son similares o semejantes en ángulos, es decir, lo que hoy en día en tecnología de diseño informático denominamos “clonación”y esto, para un contexto evolutivo resulta anómalo. En efecto el delicado y complejo diseño se repite como una constante en todos los territorios dónde abarcó la influencia paracas o nazca. Para una cultura que nunca superó un nivel cultural de nuestro 2º curso de Educación Básica al cual hemos de restarles la escritura cuando menos, pero que reflejó estadios de contabilidad aparente en los complejos trazados de sus mantos aun les resta poder explicarnos como a “ciegas” eran capaces de cerrar un triángulo de hasta 1,5 kms proporcionalmente y de manera constante.

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La otra cuestión pendiente, y ya que estábamos a esa altitud de vuelo apropiada observaremos una serie de líneas caóticas en apariencia, de menor grosor encima y alrededor de estos triángulos, y ahí es donde la teoría predominante puso el punto y final a la cuestión del tiempo. Para ello se determinaba que eran caminos procesionales. Con el devenir de los años habrían trazado nuevas líneas o rutas por donde desfilar, habrían abandonado unas y reubicado otras “pistas” ceremoniales. Llegados a este punto deberíamos reflexionar, aunque aun no nos quede claro el cómo, de qué forma el factor tiempo influyó. Si bien las líneas más finas a nuestros ojos les ofrecerían confusión y aleatoriedad estas se comportan de igual forma en cada conjunto final de triángulos. Es decir, sigue el mismo tipo de trazados y por tanto son obra de un diseño común. En otras palabras, no hay caos. Es un diseño lógico y coherente, por lo tanto debió ser pre-diseñado. Estudiado. Y en un periodo de apenas 1500 años los paracas-nazcas se habían tambaleado varias veces. En efecto Cahuachi tuvo que soportar aluviones torrenciales del efecto que conocemos cómo el “niño”. Además los terremotos y las decisiones de los sacerdotes que finalmente deciden abandonarla y enterrarla. Pero había algo que seguía ahí, pese a la erosión en el devenir de los siglos. En el suelo árido, tanto en lomas recostadas, como en llanuras o cómo en lo alto de cerros dónde nadie podría verlas si no volabas estaban las imágenes de los dioses. Palpa aún conserva a esos viracochas acompañados de entidades mágicas, símbolos trazados con mejor o menor fortuna como espirales…etc. Es fácil suponer que los habitantes reconsideraban que la Pachamama les permitía mantener la identidad religiosa a modo de geóglifos indestructibles por los cataclismos. El Sol y las estrellas les permitirían como a muchos otros pueblos mantenerse orientados en el espacio y el tiempo y las largas líneas kilométricas quizás les permitirían reordenar el cielo cada día. Se ha pensado que quizás incluso conectaran con el subsuelo para conceder una oportunidad al agua tan necesitada que discurre la mayor parte del tiempo por esos niveles freáticos internos.

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Pero entonces de nuevo surgen las dudas. Si un pueblo se siente vinculado en su obra a los dioses y les permite la vida en tales condiciones ¿por qué el mito es tan diferente? Hacia el año 600 de nuestra era Cahuachi es finalmente abandonada. Un sismo la ha golpeado definitivamente y ha desplomado sobre ella parte de la meseta que la limita por su lado Sur. El aluvión incluso ha cubierto con el devenir del tiempo los márgenes del rio Nazca. Poco más tarde los Huari serán los herederos del Pirú y estos pueblos serán absorbidos por ellos junto con otros en mayor o menor medida. Con mayor resistencia o con ella hacia el siglo XIV emerge tras línea dinástica de apenas varios siglos el imperio Inca. Este habría heredado esa unificación con una misma similitud religiosa. Para la llegada de Pizarro y sus 150 hombres, el inca Atahualpa reina sobre un desgastado reino que tras unos meteóricos 100 años de esplendor casi se halla en riesgo de desmembramiento tras una guerra civil. Y finalmente es destruido por unos conquistadores febriles de oro.

Pero el inca, emperador del Tihuantansuyo asegura la pervivencia en la memoria de Viracocha y sus dos acompañantes. Confundidos los conquistadores españoles por su apariencia con estos creadores iniciales, los nazcas de por aquel entonces también aseguran que los viracochas “llegaron volando desde el cielo” e hicieron las líneas… había traído el conocimiento, la paz… Pero los nazcas sólo se atribuían una función con dichas geometrías: mantenerlas. El mito puede parecernos algo descabellado. Y sólo eso: un mito, uno más de cuantos envuelven el nexo común del imperio Inca. Y es que aun así hemos necesitado aprender a volar para descubrir bien semejante obra. A menudo comprobaremos que figuras imperfectas, tramos irregulares se adosan a las geometrías y junto a kilométricas líneas impecables de ridículos márgenes de error se intersecan otras irregulares. Lógico es entonces pensar que los lugareños no eran mentirosos, y que la obra es agotadora para quienes ya de por si tienen más que suficiente tarea en aquella época la labor de garantizar el riego de una localizada agricultura, además de haber soportado épocas de sequias.

Básicamente nuestra civilización no se ha dedicado a dar vueltas absurdas para obtener resultados. No hay un despilfarro de medios a la hora de realizar obras de cierta complejidad en su resultado. Debimos seguir procesos lógicos. Es decir, desarrollar las matemáticas y la geometría. Más tarde traducirlas en una utilidad técnica con el invento de herramientas que garantizasen una cierta precisión. A eso le debemos añadir que debe haber un entorno social y cultural coherente. Creer que desperdiciamos tiempo y conocimiento porque necesitamos por ejemplo un teodolito para hacer estas obras, es no comprender el titánico esfuerzo que conllevó el simple hecho de evitar perderse en mitad de un océano, construir carreteras a través de montañas, complejas ciudades con diversidad de edificios adaptados a diversas necesidades tecnológicas como aeropuertos, hospitales, etc. Sin embargo, en mitad de la pampa… en lo alto de una montaña sin visibilidad, algo aparentemente simple por su elaboración dió unos resultados asombrosos, repitiendo una y otra vez esas geometrías. A unos señores muy extraños, sabios, barbados y voladores. ¿De cráneos alargados? ¿Al azar? ¿En cuánto tiempo? Creo que el asunto no es digno de un carpetazo aun?

Francisco José Torres Canas

Mi homenaje a Carlos Hermida de Proyecto Salvar Nazca, sin cuyo esfuerzo personal incontable no estaríamos hoy día mucha gente poniendo nuestra atención en la amenazada y mayor obra de ingeniería OOPART de la humanidad.

Colaborador en Salvar Nazca

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y Proyecto Némesis Radio

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