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Sarah Ellen (1862-1913), por JAVIER ARRIES

UNA BREVE NOTA

Este pequeño artículo lo escribí la misma semana en que se grabó un debate sobre vampiros que tuvo lugar en el programa de televisión Cuarto Milenio conducido por Iker Jiménez, en el que tuve la oportunidad de participar junto a excelentes profesionales. Dicho programa se emitió el 3 de febrero de 2008, y para mi sorpresa, a lo largo del debate, Carmen Porter ilustró precisamente con el caso de Sarah Ellen, en el que yo mismo había estado trabajando dos días antes.

Y éste otro párrafo lo escribo años después, cuando ya ha pasado el centenario de la muerte de Sarah, y se esperaba su “resurrección”. A estas alturas ya es evidente que el mito de Sarah como vampiro fue un falso rumor difundido por un “vampirólogo” (un charlatán diría yo), que inventó la “leyenda” y la difundió por televisión en un momento en que Perú atravesaba una difícil etapa política. Muchos afirman que durante ese tiempo era habitual que todo tipo de noticias relacionadas con vírgenes que lloran, cristos, etc. eran divulgadas empleando todo tipo se medios y prensa amarilla para desviar la atención del público en general. No nos meteremos en consideraciones políticas, pero sí sociológicas. Y es que el caso de Sarah es muy llamativo en este sentido. La televisión alimentó su mito de vampira y bruja y consiguió que la gente se echara a la calle, atemorizada, para ver como saldría de su tumba. Y aún más sorprendente es el hecho de que algunos sin embargo la tenían por un alma buena, que no ha dejado de tener sus fieles que la veneran como a una santa. Vamos a retomar el misterio de Sarah para ver como su “mito” ha evolucionado en el tiempo.

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LA MUJER VAMPIRO DE PISCO

El caso de Sarah Ellen es interesantísimo desde muchos puntos de vista. Sin duda es un caso único que por su origen reciente es una magnífica ocasión de estudio para el antropólogo, el sociólogo y todos aquellos que se interesen en las manifestaciones de la religiosidad popular. Esta mujer, de nacionalidad inglesa, nacida el 23 de abril de 1862, está enterrada en la ciudad peruana de Pisco, en el nicho C del Pabellón San Alberto del cementerio de la Beneficencia Pública, y en torno a ella se ha generado todo un mito vampírico, una leyenda que la relaciona con ritos de brujería y magia negra, con pactos satánicos, y con el mismísimo Satanás. Cuenta la leyenda que su marido viajó a Pisco y que ella enfermó gravemente, circunstancia que aprovecharon sus vecinos para acabar con su vida. Cuando estaba agonizando Sarah les maldijo asegurando que volvería del más allá ochenta años después para cumplir su venganza. Esto ocurría el 9 de junio de 1913 y fue tal el miedo provocó entre sus parientes que su cadáver le fue enviado a su esposo en Pisco, donde éste le dio sepultura.
La leyenda saltó a la palestra gracias a un programa de TV norteamericano de gran audiencia en todo el continente: El Show de Cristina, de Cristina Saralegui. En dicho programa se afirmó que tanto Sarah como sus dos hermanas Andrea y Érika habían estado involucradas en una acusación de asesinato, magia negra y brujería. Ante la amenaza de pena de muerte Sarah había proferido su maldición: “En ochenta años me reencarnaré en una hermosa mujer que será el instrumento de mi venganza”. La ejecución de las tres hermanas habría tenido lugar el 9 de junio de 1913, en la localidad inglesa de Blackburn (Lancashire). Su marido John Roberts habría viajado durante años por toda América, buscando un lugar en el que aceptaran enterrar los cuerpos. El cuerpo de Andrea habría sido enterrado en algún lugar de México; el de Érika en Panamá, o en Hungría según otra versión (cosa harto improbable ya que difícilmente el país europeo podría estar en la ruta de un navío que viaja por aguas americanas); y el de Sarah en Pisco, donde John Roberts habría podido dejarla por fin tras pagar cinco libras, embarcando después en el primer barco que encontró con destino a Europa. El entierro de la inglesa se habría producido en 1917, en la tumba 118. Una versión más rocambolesca afirmaba que fue enterrada viva, o muerta pero bocabajo, en un ataúd de plomo para que no pudiera escapar. Incluso un miembro de la embajada británica habría confirmado la muerte en Blackburn de Sarah y el que su marido hubiera tenido que buscar en el extranjero algún lugar donde enterrarla porque se lo habían impedido en Inglaterra.
Otra leyenda afirmaba que la extranjera era una hermosa dama rubia embarazada que venía con un marino inglés cuyo barco atracó en el puerto de Pisco. La mujer estaba enferma, de porfiria según algunos, y al parecer tomaba un líquido rojo para aliviar sus dolencias, posiblemente sangre de ternera o sangre de drago, la resina roja del drago, apuntan otros. Al igual que en España era habitual que los afectados de ciertas enfermedades acudieran a los mataderos para beber sangre en la creencia de que ello aliviaba males como la tuberculosis, por ejemplo. En cualquier caso, en la imaginación de las gentes, la enferma se convirtió en una vampira ávida de sangre.
No obstante un bibliotecario de Blackburn, Ian Sutton, encontró una necrológica en un periódico local fechado en 13 de junio de 1913 en el que se afirmaba que la señora Roberts, que antes vivía en el número 25 de la calle Isherwood, en Blackburn, había muerto en Pisco hacía cuatro días. Y efectivamente en la administración municipal de Pisco consta que murió el 9 de junio a consecuencia de una dolencia cardiaca. Los rumores sobre la pálida extranjera de rara belleza habrían comenzado en vida de la misma. Se afirmaba que se daba a orgías con sangre de animales y de niños. Por aquel entonces no era infrecuente que los enfermos de ciertas dolencias bebieran sangre de ternera u otros animales en la creencia de que les ayudaría a sanar. La imaginación popular podría haber hecho el resto.
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EXPECTACIÓN

Y hasta aquí la leyenda. El caso es que en 1993, ochenta años después de la maldición, muchos habitantes de Pisco esperaron con cierta inquietud la llegada del 9 de junio. Pronto empezaron a surgir historias sobre una hermosa mujer vestida de blanco que en los aledaños del cementerio seducía a los hombres para beber su sangre. A principios de junio unas supuestas grietas que habían aparecido en la tumba de la “mujer vampira” asombraron a más de uno y ayudaron a propagar la sensación de miedo. No faltó quien empezó a colocar ajo macho y hierbas tras las puertas de casa. Comenzaron a venderse collares de ajo macho, juegos de martillo y estacas de madera inglesa sin nada de metal como manda la tradición mágica, e incluso kits antivampiros con manual de instrucciones incluido. Incluso llegaron turistas para visitar la tumba, y todo tipo de brujos para impedir el regreso de la no muerta. Camisetas, llaveros, y hasta una canción con su nombre por parte del cantante Julio Andrade, popularizada por un vídeo en el que se mostraba a la inglesa como una hermosa vampira, vieron la luz en aquellos días en los que Pisco “olía a ajo” según contaban los diarios locales.
Curiosamente un extraño debate empezó a dividir a la población. Para algunos había que detener a la vampira; para otros la buena mujer se había convertido en vampiro por amor; otros evidentemente pensaban que sencillamente era una superstición. Conforme llegaba el día anunciado visitantes y prensa de todo el mundo se daban cita en Pisco. Por supuesto no faltó una caterva de brujos, hechiceros y santones que pretendían evitar el surgimiento de la mujer vampira con sus rituales. Los fieles cristianos abarrotaban las iglesias para pedir el descanso para el alma de la bruja vampira. Tanto es así que el número de oficios diarios tuvo que ser aumentado a nueve. El obispo Ricard Durand tuvo que pedir prudencia y calma a los fieles. El director de la Seguridad Social de Pisco, doctor Carlos Castro, sugería que se abriera el ataúd para acabar con todo aquello, una idea desechada por el fiscal provincial de Pisco, Guillermo Chang. El doctor Castro apuntaba un dato además de lo más interesante. Al parecer había oído a más de una parturienta comentar su miedo a que sus hijos nacieran en la fatídica fecha por miedo a que Sarah reencarnara en la criatura recién nacida. Muchas de ellas intentaban adelantar el parto; y de hecho ese día los nacimientos se redujeron a un tercio de la media.
Se esperaba tal afluencia de gente al cementerio el día 9 que el subgobernador civil, Roberto Aguilar, ordenó intensificar la vigilancia policial en el cementerio. En algún lugar hemos leído que la policía se preparó aquel día para socorrer a la población si la mujer vampira emergía de la tumba. Evidentemente esto es absurdo. La misión de la policía pisqueña era controlar a los exaltados para que no violaran la tumba y evitar que la concentración de gente en el cementerio causara disturbios o daños; y de hecho ese día tuvieron que controlar el paso de gente porque algunas lápidas empezaron a sufrir el peso de tanto curioso.
Llegó por fin el día y el cementerio se fue llenando de gente hasta que llegó la medianoche, que era el momento esperado para la “resurrección”. Una astróloga local rezó sus oraciones mientras lanzaba pétalos de flores. Unas mujeres de negro con anillos rojos colocaban flores sobre la tumba entonando cánticos al son de la música ejecutada por violinistas contratados para la ocasión. De repente uno de los asistentes entre el público presente empezó a gritar enloquecido que estaba brotando sangre de la tumba. Hubo varios desmayos. Sólo era el humo de las velas.
A la medianoche cuatro brujos conjuraron a la vampira apuntando cruces hacia la tumba mientras entonaban “corazón de Sarah Ellen” descansa en paz. Por fin pasó la medianoche y entonces… nada. La multitud estalló en aplausos. Para muchos nada era lo que tenía que pasar, pero otros tantos creyeron a pies juntillas que la maldición había sido rechazada por los conjuradores. Según se dice empezaron a circular cajas de cervezas y se festejó el acontecimiento, o quizá deberíamos decir el no acontecimiento. Sin embargo hay quien dijo que la maldición sólo se había pospuesto y que Sarah esperaría al 2013, cuando se cumplirían 100 años desde muerte. De desprestigio cultural calificó todo el asunto el psiquiatra Artidoro Cáceres Velázquez. Sin embargo, al fin y al cabo ni es la primera vez ni Pisco el único lugar en el que las creencias populares han dado lugar a manifestaciones sociológicas de diversa índole.

SARAH, HEROINA LITERARIA

Todo el asunto de Sarah y los acontecimientos del 9 de junio de 1993 inspiraron al escritor peruano Carlos Calderón Fajardo su novela El viaje que nunca termina, una obra de horror gótico de 100 páginas publicada en 1994 por la editorial Pedernal en Lima. Desgraciadamente sólo se publicaron 100 ejemplares de los que no se conserva oficialmente ninguno.
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DE BRUJA VAMPIRO A SANTA MILAGRERA
Un curioso efecto que tuvo lugar tras los hechos vividos en 1993 es que Sarah Ellen empezó a ser vista por muchos como un ser que concedía favores, especialmente referentes a la salud, a quien le mostrara devoción. En especial, pese a las manifestaciones de la Iglesia diciendo que se trata de una superchería los jóvenes comenzaron a verla como la “santa del amor”, como una especie de patrona del amor eterno. Muy probablemente el halo romántico que rodea al vampirismo, la eternidad que se le supone y sus aspectos eróticos podrían haber favorecido esta creencia entre los más jóvenes. Poco a poco aquellos que creían que Sarah les había concedido lo que pedían empezaron a poner placas conmemorativas y a visitar la tumba de la inglesa para ponerle flores como ofrenda y en señal de agradecimiento.
Un desgraciado fenómeno natural que sacudió Pisco volvió a poner a Sarah Ellen en el candelero. Se trata del terremoto que asoló la ciudad el 15 de agosto de 2007. Una extraña casualidad quiso que se derrumbaran los pabellones del cementerio, quedando afectado hasta un 30% del mismo.
Alrededor de la tumba de Sarah Ellen escombros, ruina y cuerpos que asoman entre los ataúdes rotos; y el pabellón de siete niveles donde se encuentra el nicho de la “santa del amor”, intacta. De nuevo se volvieron los ojos a las historias de la inglesa. Así ha recobrado algo de su fama, que nunca perdió del todo, pues sigue contando con un grupo de fieles devotos, que a partir de ese momento ha ido creciendo en número.
Al menos una veintena de exvotos decoran la tumba, unas veinte personas la visitan a diario, y siempre hay flores frescas. Y las visitas parecen haber aumentado desde que se propagó el hecho de que la tumba había quedado intacta en medio de los destrozos, pues cada vez tiene más flores. Así, por ejemplo, comentaba a un periodista uno de sus devotos: “Saritah es milagrosa, me ha salvado de la muerte y a mi familia también, por eso vengo a agradecerle y pedirle que sane a todos los heridos. Ella es una santita”, dando fe de que el sentir popular venera sinceramente a esta mujer cuya tumba fue respetada por la Naturaleza, un acontecimiento sobrenatural para algunos, como Rosa Alfaro, una anciana pisqueña de 86 años que preguntada por los medios afirmaba “que algunas personas han comenzado a decir que hay algo sobrenatural” en que su tumba no sufriera daños.
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© 2009. Del texto y traducciones, Javier Arries

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