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ACCIDENTE AÉREO y DEPRESIÓN: UNA ENFERMEDAD SUBESTIMADA, por JOSÉ DE ZOR

José de Zor
josedezor@hotmail.com

ACCIDENTE AÉREO Y DEPRESIÓN

Vivimos en la sociedad de la “imagen” donde sólo parece que hay que mostrar lo “bonito”, donde nuestras vidas tienen que ser “güais” y en la que la apariencia de felicidad, belleza y perfección deben brillar cual oropel hoollywoodiense. Es lo que algunos llamamos el “Síndorme de la Vida Disney”. Y a poco que rasquemos en la superficie de la mayoría de las biografías ajenas, brota fácilmente lo escondido: aquello que pensamos que nos puede hacer vulnerables ante otros y, sin embargo, es lo que nos hace más humanos y nos acerca verdaderamente al prójimo. Aún así, nos empeñamos en taparlo a toda costa, y lo que es peor, en ocultarnoslo a nostros mismos. Es en parte, lo que Carl Jung llamaba… “la sombra”.

Uno de estos males deliberadamente escondidos, suele ser la depresión o las fases depresivas, una de las peores cosas que le puede suceder a un ser humano, pues si se cronifica, es como andar por la vida con una pesada losa de la que quieres librarte y no puedes. Y la única salida o alivio que aprecia el depresivo -si no atisba solución-, es terminar con tan atroz sufrimiento, sea al precio que sea (incluida la propia vida o la de otros…)

Es lo que parece haberle pasado al joven piloto alemán Andrés Lutbitz, que tras no ver luz a su situación, decidió acabar con todo, a tan alto precio de arrastrar con su final a muchos otros, sin importarle tal cosa. Me choca que se hable de medidas de seguridad en los aviones, y sin embargo se olvide algo tan sencillamente humano y obvio, como es la “seguridad” de nuestras mentes y la salubridad psíquica… No sólo detectarla en los test de pruebas que puedan implementarse en el futuro, sino en promover la salud mental en los procesos formativos y educativos, especialmente en profesiones como las de pilotos, chóferes o personas de las que dependen otras personas.

RyanMcGuire / Pixabay

La depresión es una enfermedad apenas comprendida por los no profesionales de la salud, mal vista, molesta. Y quienes tienen a su lado a alguien depresivo, apenas saben o tienen recursos para poder ayudar realmente a ese amigo, familiar o conocido.

En muchos casos requiere un tratamiento médico, porque se trata de una alteración o desequilibrio neuroquímico, fisiológico u hormonal (depresión endógena). En otros casos son circunstancias o sucesos externos quienes nos abocan a ella, (depresión exógena) pero al cabo de un tiempo, suele extinguirse. Y en todos los casos, es importante estar al lado de quien lo necesita, escucharle, tener mucha paciencia, sonreírle y resaltarle que más allá de ese estado, hay vida, camino y esperanza… A veces no hace falta más que “estar” al lado de quien la sufre, sin hacer nada más, pues depresión y sentimiento de vacío y soledad suelen ir juntos… y la compañía, aunque sea en silencio, ayuda al depresivo.

Precisamente el miedo o temor a ser rechazado o incomprendido, puede llevar al depresivo a ocultar deliberadamente su estado, lo que no hace sino incrementar su sufrimiento. Y con el tiempo todo estalla (en los casos graves o “depresión mayor”) en un desenlace normalmente trágico o fatal, como en este caso. Y todo -a veces- comenzó porque nuestras vidas no eran lo “güais” que se espera o esperábamos de ellas… O porque los niveles de auto-exigencia y las expectativas que nos creamos a la postre son falsos, ilusorios o irrealizables. Aceptación y humildad, querernos tal y como somos, es un buen re-comienzo para re-situar de nuevo todo en su justo lugar y desde ahí mejorar. Puede que no consigamos un sueño mayor, pero siempre hay muchos sueños pequeños que pueden sumar más que el más grande de los grandes sueños… Esto es lo que le habría intentado enseñar a Andrés Lutbitz, cuyo sueño era volar en el infinito del horizonte durante toda su vida profesional.
Darle ánimos, de palabra, a vece,s no solo no es lo adecuado, sino que puede ser contraproducente. Al depresivo mas que animarle, hay que ocuparse de su situación, estar con él y “tirar” de él de la forma adecuada, pues pueden caer en el más extremo auto abandono.

Sobre todo es muy importante que tan pesada carga, no la lleve solo/a… que pueda expresar sus sentimientos y facilitar que se sienta cobijado por quienes les rodean sin que por ello sean juzgados/as o excluidos de la vida cotidiana.

A un depresivo grave, todo lo de da igual y lo único que desea es aliviarse de su sufrimiento, que es atroz y terrible, y lo que es peor, normalmente solitario y no comprendido.

Por ello, si conoces a alguien así… usa con él recursos como mucha paciencia, amor, afecto, compañía, sonrisas, caricias, paseos, conversación. Y favorecer a que se ponga en manos de los profesionales que si conocen las formas y métodos para acabar o al menos paliar tal dolor: médicos y psicólogos especializados. Y además, con una vida sana, prácticas energéticas (yoga, taichí, biodanza…) son una excelente herramienta de ayuda. Reitero: el afecto, la compañía, el amor son verdaderos bálsamos para quienes la padecen.

Si usamos estas cosas, quizás no dependeremos tanto de protocolos de seguridad en aviones o medios de transportes, y se salven no una, sino muchas vidas… No te guardes tu sufrimiento porque tu vida tenga que ser estupenda y maravillosa a los ojos de los demás: debes liberarte de esa presión y falsa pose… pues siempre llegarán momentos duros en los que necesitarás el apoyo de tus semejantes… Y al mismo tiempo, que esto te propicie a ser lo suficientemente humilde para reconocer que siempre tenemos alguna vulnerabilidad, casi siempre superable.

La vida se mueve entre el ying y el yang…(placer-dolor) y practicar el equilibrio entre ambas polaridades es lo que denominamos salud (mental, emocional, psíquica…) Ayuda, cuando tu estés bien a quien lo necesite, sin esperar nada a cambio… porque la recompensa está más allá de lo que tú mismo recibas. Y con algo tan sencillo, pero tan hermoso, el mundo será un poco mejor, mas bello, vivible y seguro. Y tu y todos un poco más felices, de esa felicidad verdadera y duradera, no de la de pose o pasarela, banal y efímera.

 

Si queréis conocer más a José de Zor…

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